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A B C D O M I N G O D E N O V I E M B R E D E 1908. E D I C I Ó N i. a P A G 4 Es justo que los jóvenes hagan Tersos; á cada edad, su cometido. Los versos son cosa de juventud, edad del erotismo. Cuando llegan los veinte años ocurren unas tristezas y unos arrebatos que no son más que una consecuencia del erotismo; lógico es que se hagan versos entonces. Pero los versos, ¿para qué? ¿Para expresar poesía? ¡Cuan lejos suele estar la poesía del erso en infinidad de casos! La poesía es otra cosa; anda por otros lugares; se la ve de distinta manera y con un corazón preparado de distinta forma. La poesía está... ¡No hace falta que la jeñalemos! Ella existe y vive dentro de nosotros, y de nosotros mis ¿hos brota en gestos, en escritos, en palabras, en obras, en vida. Cuando ella no existe dentro de nosotros, en vano es que la llamemos con el lindo y cristalino golpeteo de unos versos bien rimados. Para sentir, vivir y hacer poesía, ¿para esto hacen falta los versos... ¡Día vendrá en que la forma poética desaparezca por indigna de la poesía! Ahora bien; todo esto podrá parecer una diatriba contra el periódico escrito en verso que acaba de caer en mis uianos. No. Yo soy contemporizador. Si actualmente se hacen todavía versos, yo no ine opondré. Además, todavía por mucho tiempo, la juventud debe hacer versos. Y si los hace bien, alabémonos. En este periódico timado hay unas cuantas composiciones muy bien escritas. Por ejemplo, la que firma su director, Adolfo Rubio. J. M. SALAVERRIA iglesia, donde había numeroso público. También en el paseo de la Carrera se aelomeraron centenares de curiosos Terminada la ceremonia, salió la comitiva á las puertas del templo. Lagartijillo Chico arrojó grandes puñados de monedas á las legiones de chicuelos que r ideaban el carruaje. La lista de regalos recibidos por los novios es larguísima. Ulla prueba las simpatías personales de que disfruta Lagartijillo Chico. que ése se frota las manos. se le muda la color, se muerde, toma carrera, te enfila y te da una coz y no te deja llegar al azto cfsl panteón. -Eso es cuenta de Tinorio. Ya sabes, Chuti. -Señor. -Espérame en este sitio cuando toque á la oración la campana de la torre de las monjas de Alarcón. ¿Faltarás? -Antes me pelan. ¿Por quién eres? ¡Por quien soyl- -A las seis, en esta calle. ¡U en cualquier delegación! ANTONIO CASERO. POPLAS DEL DOMINGO UN TENORIO MAS o tengo bien mascullao y todo dispuesto az oz; es la noche del Tinorio, y, ¡míalas! no pasa de hoy, y hoy la razto á esa morena, lo mismo que en la función. Doña Brígida es su tía; su padre, el Comendadoi, Doña Inés, la Sinforosa, y Don Juan Tinorio, yo. -Y Legía? -Pus Legía puede ser Paeo, el Pelón, que estuvo haciendo con ella el cateto un año ú dos; pero ése es más inocente que una cazuela de arroz, y ése no viene por esa porque le infundo pavor. ¿Y has pensao bien en el IÍIZLO? -Lo he pensao, y como hay Di 03 que la Sinfo no se casa más que con este gachó. ¿Que se pone tonto el padre y va corriendo la voz que antes la vende en el Rasír á cinco el kilo... ¡Mejor! Esa, y el padre, y la tía, y el grillo, y el gato, y yo, vamos á hacer un Tinorio ttue va á salir superior. ¿Su padre lo quiere? Venga. y que me perdone Dios, y cuando El me llame ajuicio responda el cielo, y no yo; con que ya lo sabes, Lucio, cuando toque á la oración la campana de la torre de las monjas de Alarcón y salgan por ahí las ánimas- -que es día que salgan hoy, -emborracho á Doña Brígida con tres copas de Chinchón, y mientras en la taberna discute el Comendador, llego, silbo, me oye, baja, nos miramos con pasión, la cojo, la digo lo de: ¿No es verdaz, ángel de amor, que en esta apartada orilla... Ella me dice que no, que ¡a atemoriza el razto que el razto la da rubor; yo la digo: No seas tonta EJla: ¡Aparta, tentación! ¡Que te vengas! ¡Que me dejes! Que sueltes, que sí, que no hasta que me diga aquello de: ¡Arráncame el corazón! Conque, si vienes de Chuti. te agradeceré el favor. -Oye, tú, ¿por un casual, muere Chuti en la función... -Es el único que queda sano. -Pues entonces, voy; pero te azvierto una cosa, y es que ese Comendador no necesita llegar con gente arma, que el gachó no es el del corte de Ulloa que has visto en el Español; IMPRESIONES PARLAMENTARIAS f? L S R GARAY Mientras llega el d e b a t e a n u n c i a d o sobre las incidencias del viaje regio, n o s entretenemos en NUESTROS GRABADOS 1 os Reyes en Zaragoza. Como nuestros lectores saben, durante su reciente estancia en Zaragoza, S. M. la Reina doña Victoria Eugenia fue una mañana á pie á la iglesia del Pilar, sin avisar previamente su visita. La inesperada presencia de la Reina, á pie, en la plaza de la Seo, fue saludada por ta muchedumbre con grandes aclamaciones. Inmediatamente, y sin que lá Policía pudiera evitarlo, se vio rodeada del público. Doña Victoria, reflejando en su rostro la confianza y la satisfacción que le producían las aclamaciones del pueblo, marchó por la calle del Pilar. Las gentes corrían á buscar las callejuelas inmediatas para ver á la Reina. La noticia de que la Reina transitaba á pie por las calles de Zaragoza cundió rápidamente. Es imposible calcular el número de per onas que se estacionaron en la plaza del? ilar, ovacionando ¡i la Reina cuando penearó en el templo. Oyó niuy fervorosamente la misa que ceebró el prelado, Sr. Soldevila, en el altar jiayor de la Santa Capilla. Después, acompañada del prelado, visitó joyero de la Virgen y recorrió el templo. 1 1 a boda de un torero. En la iglesia de la Virgen de las Angusnas, patrona de Granada, se ha verificado a boda del matador de toros José Moreno Xagartijillo Chico) con la señorita Francis Sánchez. Desde las seis de la mañana circulaban ttrruajes, acudían en gran número los invitados y el populoso barrio de la Pescadería taba verdaderamente fuera de quicio. A las siete menos cuarto púsose en mar 31 a la comitiva hacia el templo de la Virgen J r t las Angustias. A aparecer la novia, con riquísimo traje de encaje negro y velo blanco, su hermosura produjo un murmullo de admiración. El novio vestía traje negro de americana y sombrero ancho. Kn coches y á píe llegaron prometidos é invitado. tjue cnui uuos quinientos, á la algunas bagatelas. No se sabe si se llegará á hablar en el Congreso de tales incidencias; el Sr. Moret está un tanto perplejo; sus amigos empiezan á admitir la posibilidad de que dichas incidencias sean relegadas al olvido; los voceros y pregone s que se habían escandalizado de k srepcadasind lencias, van bajando el tono de sus imprecaciones. De todos modos el tal debate, si se realizara seria curioso. ¡Allí, en el hemiciclo del Congreso, sí que íbamos á ver incidencias! Ayer siguió el debate sobre el Matadero de Madrid. Usó de la palabra el diputado por Madrid D. José María Garay. El Sr. Garay es uno de los representantes madrileños mas queridos y populares entre sus representados. Tiene llaneza y afabilidad; habla sencillamente; es leal y franco en la amistad. El Sr. Garay comenzó exponiendo la imposibilidad de llegar á toda reforma eficaz sin una renovación total del actual Matadero. El actual Matadero no se puede modificar; es preciso destruirlo y edificar otro completamente moderno. Al edificar otro habrían de tenerse en cuenta las prácticas más recientes de higiene y de comodidad. Sería preciso que se le situara junto á las principales vías férreas; se necesitaría además que al lado de este establecimiento se construyeran corrales en que, por una cantidad módica, pudieran albergarse las reses destinada: á la matanza. En muchas capita les del extranjero se ha llegado á detalles de refinamiento verdaderamente curiosos; en el Matadero de Berlín, por ejemplo, existe una escuela en que se enseña á cortar la carne artísticamente. El corte, ¿no tiene una íntima relación con la manera de presentar en la mesa la vianda? Y la manera más ó menos artística y delicada de presentar la vianda, ¿negará nadie que influye en nuestro apetito, como influye la mantelería, la cristalería y demás arreos de la mesa? El Sr. Garay se ocupó también de otro asunto muy importante: el de la importación de carnes de la Argentina. Es éste un tema que ha tocado en distintas ocasiones el insigne publicista Francisco Grandmontagne. Si se facilitara el transporte de carnes de la Argentina, en Madrid y en España entera las clases pobres podrían consumir carne á precios económicos. Hoy casi á ningún precio pueden comerla; acaso el el obrero de las ciudades la coma, aunque irregularmente; el trabajador de los campos no la prueba sino una ó dos veces al año. ¿No es esto un problema importantísimo, vitalísimo (más, no hay que decirlo, que el de las famosas incidencias) un problema