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DE TODO E L MUNDO POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y TELÉFONO) g jjg DE TODO EL MUND O POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y mmw TELEFONO %4 (Ptt ¡f t ¿t ri jl 3? p V LAS MANIOBRAS MILITARES LAS FUERZAS DE LA DIVISIÓN DEL GENERAL OROZCO DESFILANDO AYER POR LA PLAZA DE COLON, DE REGRESO DE LAS MANIOBRAS CELEBRADAS RECIENTEMENTE ción son las únicas santas que en las alturas de nuestro régimen centralista tienen valimiento; pues de San Mérito, Santa Razón y San Derecho se hace muy poco caso. Y aun no basta, á las santas influyentes, su propio nombre, para ser atendidas, si no llevan el apellido de Políticas. Va de anéedoía. Quien esto escribe tenia el alto honor de ser pariente de un renombrado personaje que en polírica pitaba mucho y fuerte, teniendo fama de seriedad y rectitud. La confianza entre ambos, y las protestas de personal estima de dicho magnate recibidas, hicieron creer al inocente narrador de este verídico hecho que podía permitirse hacerle una recomendación, sencilla y justa de atender. I, a respuesta no pudo ser más clara: Mira, Fulanito, lo siento mucho, pero tengo resuelto desde hace tiempo no interesarme por n a d a ni por nadie en cosa que no me reporte utilidad electoral para mí ó mis amigos políticos así. textualmente, con cínica ingenuidad EL PLEITO DEL REGIONALISMO Santa OBRAS PUBLICAS Santa Influencia y Recomenda- que no tienen muchos que hacen lo mismo para evitarse oir las claridades que oyó aquel personaje, pero que, salva la molestia del momento, por un oído le entraron y le salieron por otro. Esta influencia decisiva del interés político, personal ó de partido, se manifiesta en todo, pero muy especialmente en lo que á obras públicas atañe. Centralizada la ejecución de muchas que no pueden considerarse de conveniencia general, sino tan sólo comarcana ó local, es la concesión de ellas recurso explotado para atraerse votos: con la peregrina circunstancia de quedar á menudo defraudados los que á cambio de prome sas de ésta ó la otra obra otorgaron los suyos; pues aun cuando la concesión convertida en Real orden, decreto ó ley aparezca en la Gaceta (con lo cual ya queda oficialmente cumplida la palabra de los que prometieron) son en nuestro sistema de gobierno cosas muy diferentes conceder y ejecutar, por no bastar que una Real orden ó las Cortes aprueben una obra para que Hacienda dé dinero para ella. Tal sistemaf da dar, que no da nada, es sumamente ingenioso, según va á verse. Tan pronto inserta la Gaceta la aprobación de una carretera, un canal, un puente, los pueblos interesados echan las campanas á vuelo, atruenan los aires á cohetazos; llaman- al diputado triunfador para rendirle tributo de agradecimiento popular y declararle hijo adoptivo de la ciudad ó la villa, con discurso por aquí, y banquete por allá, y serenata, y sesión magna en el Ayuntamiento, y colgaduras, é iluminaciones y bailoteo y holgorio por calles y plazas: única cosa que en limpio sacan los vecinos, á quienes esto guste, de la solemnizada concesión. Pasan días, meses y años sin que por allá parezca ingeniero, arquitecto ni menos operarios encargados de convertir en hecho la cacareada mejora; la gente comienza á sospechar que nada la han dado, y á percatarse de que el solo resultado positivo de todo es un gasto ó una trampa en el Ayuntamiento que pagó los festejos. Pero el ¡pueblo tiene derecho á que el Estado haga lá obra; la Gaceta lo dice; lo votaron las Cortes. Y convencidos ediles y vecinos de su razón, inician gestiones para reclamar el cumplimiento de la ley: las cuales han de encaminarse, como todo en España, á atraerse la protección de políticos capaces de lograr la inclusión en presupuestos de los ¿réditos necesarios para la obra. Y como tal protección no se compra sino á cambios de votos,