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A B C DOMINGO 25 DE OCTUBRE DE 908, EDICIÓN 4. a PAG. 6. dez Lozano, natural de Villaserena (Badajoz) soldado de Cazadores de Llerena, número 11, y Teodoro Hermida, de treinta y dos años, soltero, carretero de oficio, natural de Anehuelos (Madrid) cuando al ir á cruzar la calle, según unos, ó marchando á lo largo de ella, según otros, el mito avanzó Sobre ellos, lanzándolos á enorme distancia. La indignación del público fue enorme al ver rodar por el suelo los dos cuerpos y que éstos quedaban por el momento casi exánimes. Varias personas comenzaron á llamar á los guardias, mientras el automóvil quedaba detenido, acudiendo á los pocos instantes los del Cuerpo de Orden público números 65 y 93, los cuales recogieron á. los heridos y los condujeron, seguidos de numerosísimos curiosos, á la Casa de Socorro del distrito del Centro. El médico de guardia, D. Ángel Sontillo, ayudado del practicante Sr. Italiana, los reconoció con toda serie de solícitos cuidados, apreciando en el soldado magullamiento general, erosiones en pies y manos y en la región lumbar. El carretero sufría la fractura de una costilla, contusiones en el hombro y magullamiento general también. El chauffeur fue conducido á la Comisaría del distrito, y nías, tarde al Juzgado de guardia. saria y aprovechar la suerte que le naDiá favorecido con el primer número de la serie. Por desdicha, no hay filtros más que para el mal; y las brujas de la comarca, tan hábiles para convertir á un tísico en un gallardo mancebo, ignoran todavía el arte de enderezar á los jorobados. No obstante, realizóse el milagro, porque es indudable que una firme voluntad logra siempre vencer todo género de obstáculos. Prusia nos invadía. Gambetta acababa de hacer un llamamiento á las armas, y en todas partes, tanto en las ciudades como en las aldeas, todo el mundo empuñaba el fusil. Electrizado por las circunstancias y recordando como lejana visión los gloriosos días de otros tiempos, concibió Siffren el atrevido proyecto de pertenecer por lo menos á la guardia nacional. En un principio hizo reír grandemente su loca pretensión. -Soy buen cazador- -decía Siftreu- -y sa bré, aunque no tenga la talla reglamentaria, apuntar á mi hulano tan bien como otro cualquiera- -No digo que no, señor Siffren- -le contestaba el capitán encargado de la recluta. -Aun se podría prescindir de la estatura, pero no de la cuestión de alineamiento- -Si no se trata más que de eso, mi capitán, yo me arreglaré para salvar esa dificultad. Al día siguiente presentóse en el campo de maniobras un guardia nacional de muy escasa talla, pero de resuelto y animoso aspecto. Todos reconocieron á Siffren, sorprendidos de que le hubiese desaparecido la joroba. ¿Acaso hay jorobados en tiempo de guerra? -dijo el valeroso soldado. Cuando llegó el momento de la formación, notó el capitán que, en efecto, la mochila de Siffren no alteraba la línea ni en un milímetro. No hay que devanarse los sesos para averiguar lo que había ocurrido. La mochila constituía todo el artificio: upa mochila hueca, construida con arreglo á las indicaciones de Siffren, y en cuyo interior quedaba encajonada la joroba, de modo que nadie pudiese notarla. Y el ingenioso Siffren, siempre provisto de su inseparable mochila, no volvió á ser jorobado, al menos durante la guerra. Como se había conducido maravillosamente en la. instrucción y en las maniobras, fue nombrado cabo, y después sargento. ¡Ah! ¡Si los prusianos hubiesen invadido el pueblo, hubieran sido innumerables las proezas realizadas por el jorobado! Los prusianos no se presentaron. ¡Pero qué importa! ¡No deja de existir el heroísmo aunque le falten ocasiones de mostrarse! Por segunda vez, al cabo de cuarenta años, había gozado Siffren de algunos instantes de verdadera dicha. El pobre jorobado había vuelto á ser tan feliz como en la época en que, con su tambor y su casco del primer Imperio, ejercía de general en jefe al frente de sus infantiles campaneros para conducirles al campóle batalla en las afueras de la población. Lo cual prueba, como consoladora conclusión, que quien sabe aguardar el momento oportuno lo consigue todo en este mundo, y que, aun siendo jorobado, no hay- que desesperar jamás de las favorables conk tifígencias de la vida. PAUL ARENE Todo militar saludará á los de emplea saperior, aunque fuesen asimilados, cualqaie. ra que sea el Arma, Cuerpo ó Instituto que pertenezcan en el Ejército ó en la Armada; no obstante, los cabos y sargentos no tienen derecho á más saludo que al de su inferiores, pertenecientes al mismo regimiento, batallón de Cazadores ó unidad suelta formando Cuerpo. El superior tiene el deber de contestar al saludo que le rinda el inferior, iniciándolo á seguida deteste, y si van varios superiores juntos, todos contestarán al saludo. Todo militar, al dirigirse á un superior, permanecerá con la mano derecha en el primer tiempo de su saludo, ínterin no se le ordene que la baje Cuando pase ante centinelas oficial, jefe, oficial general, persona Real, bandera óg estandarte, ó el Santísimo Sacramento, se cuadrará y dará frente; presentará ó rendirá el arma si corresponde este honor, y en otro caso la descansará, si ya no la tuviere así, saludando con la mano izquierda, que para tal fin se llevará á la rotura del hombro derecho. CORTEGADA reentro de breves días marchará á Villa garcía y Pontevedra el abogado de la Real Casa, Sr. Cobián, con objeto de hacerse cargo de la escritura de cesión al Rey de la isla de Cortegada y hacer la inscripción dej dicha isla en el Registro de la Propiedad á nombre de D. Alfonso de Borbón. La dilación que experimentó esta ya definitiva operación obedece al hecho de haberse anunciado durante un mes en el Boletín correspondiente, por si hubiera resultado algún otro propietario ignorado. Se ha telegrafiado al arquitecto señor Ripollés para que sean reanudadas las obras de Cortegada tan pronto se haga la. referida inscripción. EL JOROBADO -yas atrás, no sé por qué razón, no se en contraba en las calles y en los paseos más que oficiales del ejército territorial. Esto me recordó los años de mi infancia y evocó en mí el recuerdo de mi amigo Siffren. Alma apasionada en la envoltura de un desmedrado cuerpo, Siffren era jorobado y quería ser soldado. ¡Qué ironías tiene á veces la suerte! Mi amigo no pensaba más que en la noble carrera de las- armas, y siempre era el primero en presenciar las maniobras cuando nuestros 30 hombres de guarnición hacían el ejercicio. Con frecuencia me llevaba á la terraza de su casa, que domina la población, y desde donde se ven la cindadela, el puente levadizo y los baluartes. Siffren había logrado coatraer amistad con un sargento, que varias veces nos permitió entrar en el fuerte. Todos respetábamos al muchacho, á pesar de su joroba, de la que al fin llegamos á olvidarnos. Siffren poseía un tambor procedente de la feria de Beaucaire y un casco del primer Imperio, encontrado cierto día en un granero. Esto le daba entre nosotros una superioridad extraordinaria. Armados de sables y de fusiles de madera, Siffren, con su tambor y su casco, nos conducía á la batalla, figurando en nuestras filas como general en jefe. ¡Qué tiempos tan dichosos para Siffren! Por desgracia, mi amigo creció y tuvo conciencia de su joroba. Dejó de tocar el tambor y de ponerse el casco. Después, casado y padre de familia, ejerció tranquilamente su oficio de platero. Sin embargo, ios días en que se celebraba brteo para el ingreso en el ejército apoderábase de él una tristeza indescriptible. En tales ocasiones refugiábase en el campo y procuraba olvidar el número 1, que había salido de la urna y que tanto había hecho reír á cuantos presenciaban el acto del sorteo. Con qué dolor recordaba el tono burlón con que, al pretender quitarse la camisa para el reconocimiento, le había dicho el presidente: ¡No hay necesidad de que se desnude usted! ¡El defecto salta á la vista! -s Siffren habría querido tener la talla nece LA SEGURIDAD EN LOS TRENES psl cia en su eelebró ayer los conferen gobernador despacho con una jefes de la ñ Guardia civil y los representantes de las Empresas ferroviarias, para tratar de la segundad en los trenes y buscar el medio de evitar tanto robo como se está cometiendo. La entrevista fue solicitada por el añasques del Vadillo. EL SALUDO MILITAR ha publicado las nuevas instrucciones relativas al saludo de los militares á sus superiores. Entre ellas figura la de establecer que, sin armas sólo se hará el saludo de frente á la bandera, estandartes y personas Reales. p l Diario Oficial del Ministerio de la Guerra p n vista de no haber ocurrido fallecimien to desde el día 14 en el hospital de Saint- Nazaire, todo barco que proceda de aquel sitio debe ser considerado con patente sucia hasta el día 27 del corriente, quedando los que de allí vengan sujetos al trato que dispone el art. 136 del vigente reglamento de Sanidad exterior. Para la campaña sanitaria que está llevando á cabo el ministro de la Gobernación se ha hecho la siguiente distribución en zonas del territorio español para su mejor estudio sanitario, encargándose de ellas los consejeros de Sanidad que á continuación de las mismas se expresan: i. a Vizcaya, Santander, Palencia, Burgos, León, Asturias, Lugo y Coruña; consejero de Sanidad encargado, Sr. Espina. -Frontera de Francia. 2. a Guipúzcoa, Álava, Navarra, Logroño; Zaragoza, Huesca, Teruel, Lérida y Gerona: consejero encargado, Sr. Ubeda. 3. a Madrid, Guadalajara, Avila, Toleda Segovia, Soria, Cuenca y Valladolid; consejero encargado, Sr. Tolosa Latottr. 4. a Tairagona, Castellón, Valencia, Alicante, Murcia y Albacete; consejero encargado, Sr. Huertas APUNTES SANITARIOS