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DE TODO D O POR CABLE, POR TELÉGRAFO TELÉFONO g SS Uf DE TODO EL MUNPOR CABLE, POR TELÉGRAFO Y fB Eg tíí TELEFONO i- hjpf UN DIRIGIBLE MAS BRACC 1 ANO. EL PRIMER GLOBO DIRIGIBLE MÍLITAR ITALIANO DURANTE SU PRIMERA ASCENSIÓN Fot. Abeniacar. A CADA UNO LO SUYO T ispénseme usted si mientras le esperaba he curioseado en estos apuntes, que supongo destinaría á su artículo de A B C. Por supuesto, deben referirse ellos al desarrollo de la famosa (y por usted algo deprisa ensalzada) Instrucción en el tiro de guerra del actual ministro de la Guerra. Me alegro, para que no digan que el veterano príncipe de la milicia, en cuestión de reformas, es prisionero de zapateros y sastres Conque explique usted esos números. -Siento echarle un jarro de agua fría; lo que usted tiene delante no es cosa de España, ni siquiera de Europa; es, simplemente, el proyecto de ley para introducción de la instrucción militar obligatoria en Australia. Dudaba si tornarlo como asunto del artículo de hoy, pero la equivocación de usted me prueba que hay algo que aprender en el asunto. ¿Y usted ciee que se aprenderá? -Supongo que no; pero no será más pecaminoso en este modesto publicista hacer un sermón perdido que en generales veteranos dedicarse á confeccionar figurines girando contra escuetos bolsillos ajenos. Al menos, aquí lee el que quiere, y en lo otro no hay más remedio que pagar. A I ucho tiempo después de haber publica do el general Primo de Rivera el folleto reformista consabido, empezaron los gobernantes australianos á considerarse indefensos ante la probable avaricia de los japoneses y teniendo en cuenta la, lejanía de las flotas inglesas que habían de acudir á la defensa de la gran colonia. Dejo á un lado el litigio entre Colonia y Metrópoli por lo que hace á la defensa naval, y entro en lo terrestre. Con muy buen discurso plantearon los australianos su problema estratégico del siguiente modo: nosotros no necesitamos (ni podríamos tener) un Ejército capaz de hacer frente por sí solo al Ejército japonés; nos basta una fuerza eficaz y suficiente para habérselas con algunas divisiones de ese Ejército, que quisieran aprovechar la lejanía de las flotas inglesa ó americana para tomar tierra en nuestro conti nente; de modo que al ajustar la paz pudiesen acogerse al principio de uti ponídetís. Australia puede contar anualmente con un contingente de 80.000 mozos reclutables; pero ni ellos vienen voluntariamente á reengancharse, ni la Comunidad australiana podría sostenerles un año en filas, ni el espíritu anglo- sajón consiente que la ley escoja entre esos 80.000 la tercera ó cuarta parte para hacerlos estar en filas un año ó dos. Todo lo más que acepta un anglo- sajón es la obligación de aprender á batirse para un caso de. guerra defensiva. Ahora bien; ¿es indispensable pasar meses y meses en un cuartel para ser un buen soldado, diestro en los ejercicios de la paz; y abnegado y disciplinado en las accioaes de guerra, cuando ésta es para defender patria y hogar? No, y así lo ha creído por lo menos la República suiza, que sin soldados áe servicio largo vive tranquila en medio de cuatro Estados de los más guerreadores de la hu inanidad. Pues á Suiza á estudiar aquella milicia y convencerse de viste de que en algunas semanas de instrucción militar, lloviendo sobre io mojado de una proporción adecuada en la primera y segunda enseñanza, se hace de un joven suizo un buen soldado de cualquier arma ó servicio. Fue allí la comisión australiana. ¡Ni ama tocó la realidad de lo que decían libros y revistas (como yo lo vi y toqué hace diez y nueve años) y en un periquete se redactó un proyecto de ley que ponía á disposición del Estado una milicia de primera línea de 200.000 jóvenes, perfectamente instruidos, más una segunda línea de casi otro tanto en hombres ya maduros; en fin, lo necesario para tener á raya á los japoneses que quisieran aprovechar ciertas circunstancias. -Diga usted, ¿y ¡cómo se llaman los generales que han dotado á su país con tal rapidez de semejante organismo militar? -Otra decepción, caro amigo; no han sido generales, sino particulares, es decir, simples paisanos. Pero consuélese usted; b. e visto un figurín de milicianos australianos, y aquello es una compasión. En íin, que cada uno despunta en lo que puede. JENARO ALAS