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A B C SÁBADO 30 DE OCTUBRE DE 1908. EDICIÓN 1. PAG. 14- V 1 LBUR WR 1 GHT Y SU AEROPLANO Fot. Neme EN EL CAMPO DE AUVOURS, EN LE MANS, MOMENTOS ANTES DE EMPRENDER UNO DE SUS PRODIGIOSOS VUELOS EN EL CENTRO, EL FAMOSO AVIADOR; A SU DERECHA, MR. H 1 Y A SU IZQUIERDA, EL CAPITÁN LOVELACE de la Dirección de la Compañía de las Aguas ha confirmado, bastaría para alarmar al vecindario, si el lusitano, por temperamento, no fuese dado á fantasías y doradas ilusiones. Ello, realmente, no ha causado en nadie estrañeza ni indignación. En Portugal, las cosas más extravagantes y fenomenales se aclimatan pronto en la esfera de los hechos corrientes, acostumbrados como están los ánimos á las torpezas de los Go biernos y á la incapacidad notoria de los ediles de este Municipio. Dijérase que un viento de locura echa por tierra los castillos de naipes que alza la fantasía lusitana, tan apartada de todo ambiente de civilización, que más parece propia de un pueblo representante de la poética y legendaria Atlántida, que no de habitantes de un rincón de Europa. No de otro modo se comprende esta idiosincrasia de la raza portuguesa en presencia de las ideas modernas. Todo cuanto por ahí fuera, en el extranjero, entra en la corriente de la banalidad cotidiana produce en nuestro país sorpresa y asombros de cosa rara. Y el caso es que aquí se advierte singular propensión á imitar frecuentemente la idea importada, saltando sin gradación á hechos desconocidos y nuevos; pero no es posible explicarse cómo de todo ese ambiente no se saca mejor partido, con labor de adaptación al medio que cuaje en resultados progresivos. Un hecho hay que, fuera de duda, puede dar la clave de lo que ocurre: el vicio burocrático ó el obstruccionismo político. Porque para nadie es un secreto que en Portugal únicamente la política decide y actúa en la vida social, mezclándose en todas las iniciativas con su complicada y herrumbrosa máquina administrativa. Cuando años ha se dio la voz de alerta sobre el peligro de que faltase el agua en Lisboa, nadie se preocupó de conjurar el mal inminente, y aun hoy es de temer que no sta posible remediarlo. El área de la ciudad, desenvolviéndose en muchas calles y avenidas, pobladas de arbolado, determinó que se aumentase en un quíntuplo el consumo de agua de la capital. A la vista de tales necesidades, no se pensó en redoblar el caudal disponible para el abastecimianto. Forzosamente había de surgir el déficit que ahora se lamenta. Esto no obstante, Lisboa posee múltiples manantiales, cuenta con excelentes depósitos potnbalinos, ya olvidados, sin hablar de una abundante corriente de agua que se extiende por casi todo el subsuelo de la ciudad baja ¿Cómo, pues, esta crisis, que pone en crítico aprieto de sed á la población? La razón es obvia. Porque la Compañía concesionaria del Estado goza de especiales privilegios. Claro. Es una Compañía que descansa en núeleos políticos que la acorren y favorecen con todo género de auxilios y gracias oficiales, con daño de los intereses del Tesoro y en perjuicio del vecindario. En puridad, Portugal es el país de las Compañías. No hay ejemplo de una importante que deje de tener en sus Consejos y gerencias á ministros, diputados, senadores ó personalidades influyentes de la política. Seguramente no responde á otra consideración el hecho de que nuestro Gobierno titubee en pedir cuentas ante el presente conflicto ni á la Compañía de Aguas ni a la Cámara municipal. Ya se cuidan de disculparse ambas entidades, echándose una á otra las culpas de lo que acontece, en la confianza plena de que quien ha de pagar al fin es el consumidor. Cuesta el metro cúbico de agua en Lisboa 200 reis, esto es, una peseta y un real; á más de lo cual, el consumidor ha de sufragar á perpetuidad más de media peseta mensual por alquiler del contador. Por tanto, quien consuma 10 metros cúbicos al mes tiene que invertir en tal necesidad 10 francos, cantidad considerable que, multiplicada por un tercio de población- -pues el resto no consume tanto, -es para enriquecer de sobra á la Compañía concesionaria. Aun con todas estas ganancias fabulosas se condena á Lisboa á perecer de sed, y no se siente con fuerzas el Gobierno para obligar á los políticos de la Compañía á construí nuevos acueductos é instalaciones con dejr ositos capaces para abastecer á- la ciudad durante una semana, para prevenir casos de conflicto como el actual. AMPAÑA TEATRAL man los teatros. Uno de estos días inaugurará sus tareas el teatro Nacional. En él, según se asegura, dará algunas representaciones el insigne actor español Enrique Borras, á su vuelta de América. Para la temporada en San Carlos han sido contratadas, además de una compañía de ópera italiana, una francesa y otra alemana. Esta última estrenará en Lisboa algunas de las óperas de Wagner aquí no conocidas, entre ellas La Walkyria. El teatro nacional, en tanto, duerme. La piececita francesa se ha enseñoreado de nuestros escenarios. AFFONSO GAYO Con el avance del otoño se ani- Lisboa, 6, X, 9 o8.