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A B C SÁBADO 10 DE OCTUBRE DE 1908. EDICIÓN 1. PAG. 4. idas entre los pliegues de los Alpes, la vida recobra su primitiva sencillez. No hay saraos, ni fiestas mundanas, ni ruleta, ni cocotismo, ni se prodiga el Champagne, ni se percibe el vaho penetrante y odioso de la gasolina que alimenta los automóviles. Virgilio podría venir aquí en la seguridad de que nadie le habría de turbar si se decidiese á proseguir sus Geórgicas. En cambio, Jorge Brumel y el príncipe de Pagan se hastiarían. De Flüelen á Altdorf- -cuna de Guillermo Tell- -hay obra de media hora de camino, fteneralmente se sube en el tranvía. Yo preferí hacer la excursión á pie para gozar de la bravia diversidad del paisaje. En cada revuelta del camino nuestros ojos experimentan una sorpresa. O son los ventisqueros, que brillan con un tenue matiz azul, 6 es el agua, que corre por una garganta abierta entre dos montañas, un agua lejana, casi invisible, de la cual percibimos, sin embargo, el rumor. Luego sobreviene un pequeño valle, con sus tierras labradas, su casería humilde y el ganado que pasta á sus anchas, sin que nadie lo vigile. Seguimos andando hasta perder de vista aquellos despejados huertos, y entonces el paisaje recobra su poética adustez. Vamos por una quebrada, entre montañas, que disimulan los peligros del suelo bajo la tupida ramazón de los pinos y las encinas. El silencio en torno nuestro es absoluto. Ningún rumor lejano llega hasta nosotros. Creyéndonos despistados, buscamos la vía del tranvía para orientarnos, y á poco advertimos una como avanzada de casas que, en vez de estar en grupo irregular, se abren en dos filas, como si obedeciesen á un plan de urbanización. Hemos llegado á Altdorf, la cuna de Guillermo Tell. El pueblo se levanta en una cañaba, es decir, entre montañas, que, en caso de surgir una convulsión geológica, lo ahogarían en seguida. Aunque en Altdorf os enseñaran la casa en que nació el héroe de la independencia suiza, podéis asegurar que se trata de una superchería á beneficio del turista. No se conoce de una manera cierta el sitio en que Tell vio la luz primera de la existencia. Se sabe que fue en Altdorf, y nada más. El pueblo conserva cierto carácter de ruda pobreza muy conforme con los orígenes del héroe. Hay que convenir en que el progreso no ha impuesto allí muy importantes mudanzas. Casi todo lo que nos rodea es tan primitivo, á lo menos por fuera, que si Tell resucítase lo reconocería sjn dificultad. Nos encaminamos á la única plazoleta de la aldea, en que se yergue la estatua del libertador, y le dirigimos un saludo. ¿Fue, efectivamente, una elevada personalidad espiritual, como quiere Sshiller? Sobre esto disputan dos criterios opuestos. El gran poeta alemán La Stael y el doctor Bellermann creen que Tell, procediendo como procedió, ha logrado, dentro de su patria, el derecho á la inmortalidad. No es un Marco Bruto ni un Guzmán el Bueno. Es un impulsivo sentimental, que ha hecho una cosa ÍSUÍ jx ntía la necesidad íntima de hacera. Guillermo Tell no conspiró ni tuvo ciencia política. No fue pensador ni caudillo. Yo me figuro á Tell- -escribe oethe- -como un héroe primitivo, dotado de una energía antigua y de aquella especie de contento interno é inconsciente que es pro pío de ios niños. Recorre el país vendiendo pielea de animales salvajes y oirás mercaderías, como un mozo de cuerda colosalmente fuerte, conocido y amado de todo el vecindario, buen marido y buen padre, desdeñoso de toda tiranía, como si no le importase averiguar quién es el déspota y quién es el esclavo... Era una figura pasiva. ¿De dónde procede la celebridad de este hombre? Sencillamente, de que fue el brazo que mató á Gessler, el tirano que dominaba en Suiza en nombre de Austria. Luis Boerne, el crítico alemán que le combate, aduce dos razones: primera, Guillermo Tell no debió disparar la flecha como le ordenaba Gessler, porque corría inminente riesgo de matar á su propio hijo; segunda, ya que se decidió á matar al tirano, debió hacerlo cara á cara, de modo que su bravura se impusiese. A juicio de Boerne, Tell es un egoísta vulgar, sin la menor grandeza que se le atribuye. El crítico no se fija en que si Tell se hubiese negado á disparar la flecha él y su hijo habrían perecido, según la amenaza del tirano. De modo que disparando podía acertar en la manzana y librarse y salvar á su hijo, como efectivamente sucedió. El acto de Tell dando muerte á Gessler es lógico. Cediendo á un sentimiento de justicia, í ell resolvió vengarse y se vengó. ¿Que filé tendiéndole una celada? Cuando se está en frente de seres como Gessler se mata como se puede. Después de todo, Tell no hacía oposición á la inmortalidad en aquel momento. Quería suprimir del mundo á un hombre que era un tirano y un malvado. Y lo suprimió por los medios que tuvo á su alcance. Cuando se tiene el fondo moral que Gessler tenia, el hombre y la fiera se mueven en el mismo plano. Y á las fieras no se las envía un cartel de desafío... MANUEL BUENO este caso es evidente. Así se ha hecho con alguras de las lápidas puestas en Madrid con ocasión del Centenario de la Independencia. Además, una lápida puede ser puesta para ser quitada á los dos ó tres días. Ejemplo, la de Espronceda. En este caso el homenaje no pierde por ello nada de su brillantez; se pronuncian discursos y se escriben crónicas del mismo modo que si la lápida hubiera de ser definitiva. El regalo de una medalla de oro costeada por suscripción, es un homenaje más raro que los anteriores. Más que medalla se usa plancha de plata ó pergamino artístico; ambas cosas tienen bastante aceptación en el mundo político y parlamentario, sobre todo si los homenajistas son de provincias. L coronación sigue en importancia á la me dalla de oro. La coronación se practica raras veces. Se usa aplicándola á los poetas. Es un homenaje bastante costoso y complicado; en cambio resulta agradable y visto- so. El regalo de una quinta ó casa de campo constituye un homenaje no usado anti guamente. Su invención es de estos dias. Nc se practica mucho tampoco, eneralmenb este homenaje queda siempre en proyecto El solo enunciado del homenaje constituye ya por si mismo un homenaje. De las estatuas no hablaremos; todo el mundo- -incluso los escultores- -está al tanto de lo que significa este homenaje. Hecha la clasificación de los homenajes, nos resta tratar de su preparación. Esta es materia larga, para otro día. Diremos ahora que los homenajes se preparan con crónicas de periódico. Un banquete requiere seis crónicas, dedicadas á la persona á quien se va á banquetear. Una lápida necesita, doce ó catorce. Las crónicas animan y enardecen al público. Un cronista alude á sos compañeros; sus compañeros contestan en otras crónicas. Los homenajes como coronación, regalo de quintas y estatua, requieren además de la crónica, el artículo de fondo. Claro está que en crónicas y en fondos el estilo ha de ser levantado, brillante, patriótico. Pero repito que la materia es larga y que de ello hablare otro día. AZORJN p 1 homenaje es ya algo inseparable de la vida española. De ello debemos felicitarnos. Con los homenajes nos habituamos á honrar á los hombres que lo merecen. Se difunde, además, él conocimiento de sus obras y de sus hechos entre el pueblo. Se hace, finalmente, con ellos una justicia que muchas veces sus contemporáneos no han hecho. Como el homenaje ha llegado ya á ser un hábito entre nosotros, conviene decir algo respecto á ellos. Un hecho al cabo de repetirse, con cierta periodicidad, durante algún tiempo, se sistematiza. En los homenajes ya existe cierto sistema, cierto método. Pronto existirá también una tradición. Ante todo, debemos hacer la clasificación de los home- NUESTROS GRABADOS najes. Dos grandes divisiones los abarcan á 1 a Revolución todos. Existen homenajes á personas y ho- También en de Septiembre. de la CalSanto menajes á hechos. Los más corrientes son zada, el distrito riojano Domingo que los homenajes á personas. Los homenajes á Cortes el ex ministro liberal representa en Sr. Villanuehechos, se celebran siempre en conmemora- va, se ha conmemorado el aniversario de la ción de hechos pasados. Los que se tribu- Revolución de Septiembre de 1868. tan á personas, puede celebrarse, a) en hoUnidos y nor de personas muertas; b) en honor de celebraronlos liberales la los republicanos, un mitin en finca del ex sepersonas vivas. cual acuTanto unos como otros, estos homenajes nador D. Juan Bautista Espadi, alde Logrodieron nutridas representaciones se clasifican del siguiente mo do: 1. ban- ño y Haro. quete; 0 0, velada; 3.0, lápida; 4.0, ¿ñeclalla de 2. Antes del mitin hubo banquete de 300 oro; 5, coronación; 6. regalo de quinta; comensales, y después de los discursos, my 7. Vestatua. Todos estos homenajes, como el sica y cohetes. lector comprenderá, no tienen el anismo valor. De ellos, unos están exclusivamente de- 7il bur Wnght y su aeroplano. El aviador yanqui Vilbur Wright rea dicados á los muertos, y otros sólo se tributan á los vivos. Sin embargo, puede darse liza cada día una nueva proeza en el campo el caso de que alguno de los homenajes re- de aerostación de Anvours, en Le Mans, y servados á los muertos, se tribute á un vivo. tales son los éxitos que logra, que puede L, estatuas, por ejemplo, no es costumbre darse por hecha la conquista del aire, aspierigirlas á un vivo; con todo, se pueden ci- ración de tantas generaciones. tar casos (Moret, Requejo) en que se ha leCon Wright han volado ya en su prodigioso aparato varios viajeros; el martes le vantado estatuas en vida del estatuado. El homenaje más usual, corriente y eco- acompañó el enviado de Le Journal, rnonnómico es el banquete. Después viene la ve- sieur Fordyce, y con él voló por espacio de lada. Estas dos clases de homenajes ofrecen una hora, cuatro minutos, veintiséis segunía ventaja de que los homenajistas sacan sa dos y un quinto, batiendo así su propio provecho. En los oanquetes se come; en las record del inundo. El viento que soplaba por rachas, estuvo veladas se discursea. La lápida es menos corriente; pero también se usa bastante. á punto de volcar el aparato; pero Wright, Ofrece también la ventaja de que la lápida con una maniobra muy hábil, logró restapuede ser provisional; es decir, que se pue- blecer el equilibrio y evitar una catástrofe. Como consecuencia de dicha prueba, Vilde pintar de blanco una simple tabla para hacerla pagar por ¡nármo! I a eeftngmja en b í r Wrigírt ceferayá los 500. Q 00 francos LOS HOMENAJES