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DE TODO E L MUNCABLE, POR TELÉGRAFO Y TELÉFONO DE TODO EL MUNPOR CABLE, POR TELÉGRAFO Y TELEFONO EL MONUMENTO A GUILLERMO TELL ALTDORF. LA ESTATUA ERIGIDA AL LIBERTADOR DE SUIZA EN EL MISMO LUGAR EN QUE, SEGÚN LA TRADICIÓN, ATRAVESÓ GU LLERMO TELL CON UNA FLECHA UNA MANZANA COLOCADA EN LA CABEZA DE SU HIJO AL TRAVÉS DE LOS ALPES 1 A CUNA DE TELL Si se nos requiriese u t p ¿e c j r je a r a pT l l dq nocemos á Guillermo Tell no podríamos menos de contestar: -De la ópera. Un poco humillante es para el héroe suizo el deber su nombradla internacional á un poeta y un músico; pero el hecho es innegable. I, a tradición oral es frágil vehículo para transportar y retener largo tiempo las hazañas de los hombres. Si no se escribiesen en prosa y verso no llegarían hasta nosotros. ¿Qué sería del Cid sin el Romancero, sin Guillen de Castro y sin Corneille? A no ir disuelta en la literatura de Schiller, la gloria de Gui llermo Tell no hubiese perdurado tanto. L, e tecordarían con amor sus compatriotas y sería motivo del culto nacional. Fuera de su tierra sería poco menos que ignorado. Dios mismo, para que su comunicación con los hombres fuese del todo eficaz, no se desdeñó en valerse de un escritor, Moisés, á quien sus tablas del Sinaí han dado más celebridad que á Shakespeare sus comedias... En este segundo viaje á Suiza, más dilatado que el primero, he querido conocer la cuna de Guillermo Tell. Í 51 paisaje que rodea á un hombre desde su infancia explica lo más considerable de su carácter. El que nazca bajo un cielo perennemente azul y entre el candido fausto de las flores será un soñador, un sensual, un poeta. Es difícil que en aquel ambiente contraiga su alma el recio temple que comprobamos en todos los hombres que han conquistado algo grande en el mundo. SUIZA. VISTA PARCIAL DE FLUELEN El que al asomarse á la vida se encuentra frente á frente con una Naturaleza hostil, se hirá duro, intrépido y temerario. ¿Cómo era Guillermo Tell? Hay que desconfiar del testimonio de los poetas en estos casos. Si nos atenemoá á las páginas de Schiller, el héroe suizo era un alto é irreprochable ejemplo de virtud. Así lo consideran también sus compatriotas. I, uego veremos alzarse utaa voz de gran autoridad para oponerse á ese criterio. Vamos ahora á la aldea de Tell. Uno de los buques que hacen la travesía del lago de los cuatro cantones zarpa, á las diez de la mañana, de IyUcerna, y fondea en Flüelen dos horas más tarde. El viaje, con buen tiempo, es un recreo inolvidable. El vapor se desliza con seguro andar sobre las verdes aguas del lago, y, entre tanto, el turista distrae sus ojos en la gracia fértil luminosa del paisaje. El espectáculo, con ser casi siempre el mismo, no fatiga. Son unas cuantas casas, agrupadas ó diseminadas al pie de la montaña, entre encinas y pinares que las decoran y embalsaman. Más arriba están los m actúales, en que huelgan y pastan las cabras, y en la cumbre una roca que, ó se yergue amenazadora con sus agudas aristas, ó muestra el capuz de nieve que el sol no ha podido disolver. En estas aldeas lacustres, escondí-