Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A B C DOMINGO 4 DE OCTUBRE DE i 908. EDICIÓN i. PAG. 7. Militar, con distintivo blanco, al teniente coronel de Estado Mayor D. Luis López García; análoga condecoración, de primera clase, al capitán del mismo Cuerpo D. Manuel Nieves Coso, y al comisario de Guerra D, Babilés Egido Prieto, la de segunda clase de dicha Orden, con igual distintivo, pensionada. Otra concediendo cruz de primera clase del Mérito Militar, con distintivo blanco, pensionada, al capitán de Infantería D. Luis de Ja Gándara y Marsella. Otras concediendo cruz de tercera clase fiel Mérito Militar, con distintivo blanco, pensionada, al coronel de Infantería don Luis Fernández Bernal, y análoga condecoración, de primera clase, al maestro de taller de tercera clase de la Pirotecnia militar de Sevilla D. José Sebastián y Rodríguez. p? n la próxima semana darán principio en Madrid las ascensiones libres, que efectuarán la oficialidad del Parque de Guadalajara y los agregados en prácticas. Ja estación de telegrafía sin hilos de la Academia de Ingenieros ha sido autofizada para que pueda comunicar con la establecida en el Centro Electrotécnico militar de esta corte. CUE iTOS DEL NORTE las nubes los que no le tienen al de las olas! Iban á echar un trago y nada más que un trago. Después seguirían su caminata aunque cayese capuchinos de bronce de punta. ACTUALIDADES LA BELLEZA FEMENINA Cobre este tema ha abierto UEclair un íi teresante concurso: Qué raza, d? sde e punto de vista artístico, expresa mejor la belleza femenina? Y, claro, las autoridades del Arte, de la Literatura y de la Ciencia vienen exponiendo sus opiniones. Los artículos publicados, con diversos juicios, son siete. En el último se exponen ideas originales. Sentimos decir que la mujer española no es la que sale mejor librada de ese concurso. Alfredo La Lyre dice de ella que es rechoncha, falta d esbeltez y con sobra de redondeces. Para este autor, el más perfecto tipo de 1 belleza femenina le ha encontrado en los bulevares de París. Bueno; hay que advertir que él es parífeiense. EL AGUA Y LA SIDRA aniino arriba marchaban nuestros dos hombres discurriendo sobre las faenas fiel mar, que tan provechosas habían sido hasta hacía poco. Pero se echó encima el cordonazo de San Francisco con sus temporales y hubo que arribar en espera de mejores días. Esta huelga forzosa aprovechábanla ellos para estirar las piernas subiendo vericuetos aunque cayese el diluvio y para echar entre pecho y espalda un vaso de sidra. Si se terciaba, también caía un pedazo de pan y basta una tajada de bacalao. Esto era un extraordinario, un verdadero exceso. Llovía si Dios tenía qué y desde lo alto áel camino oían á su espalda y en la lejanía el bravio mar simulando estruendos de artillería. A derecha é izquierda formaban irregulates líneas los manzanos, con sus ramas casi desgajadas por no poder resistir la carga de sn fruto. El vendaval les azotaba, arrancándoles doradas manzanas, que rodaban por el suelo sin que nadie osara coger una, porque la propiedad en aquellos lugares es sagrada. No molestaba la lluvia á los dos caminantes. El agua caía á gotas, y ellos estaban acostumbrados á verla en montañas. Dieron con una casería donde el cosechero de la manzana expendía sidra, y de común acuerdo hicieron alto. En aquel instante sintieron un yago temor al agua, no á la que caía, sino á la que pudiera haber dentro del inmenso tonel en odiosa y adulterina mezcla con el rico zumo de la manzana. ¡Calumnia de las calumnias! La andria de la casa que dejó la labor que tenía entre las manos, el remiendo de una blusa de recia estameña, para servirles unos vasos, juró por Dios y por todos los santos que en aquella cuba jamás había entrado más que sidra. ¡Como que cuando se vaciaba se la lavaba con sidra para que no quedase dentro ni una gota de agua! Les ofreció además un banco, suponiendo que con aquel llover la visita había de prolongarse. Pero ¡habían de teser mieío al ag 1 á De pie, recostados contra una pared, poniendo el vaso en el suelo después de cada trago, dejaron pasar los minutos, las horas... La sidra era buena de verdad y se dejaba beber como una condenada. ¡La lluvia! ¿Podía haber quienes creyesen que ellos, hombres de mar, podían temerla? Sucediéronse los vasos como las cuentas de un rosario. A la conversación siguió el canturreo monótono y á veces incoherente. De vez en cuando uno de los- dos camaradas salía al campo. Era cosa de un momento. Al entrar de nuevo se reanudaba el canturreo y el beborreo. ¡Cosa más particular! En tierra firme, y bajo cubierto, sentía. n los mismos moví- 1 mientas, idénticos vaivenes, que si estuviesen embarcados. Cierto que las circunstancias eran seme jantes. Entre ver por delante una ola de agua ó una ola de sidra, no hay más diferencia que el tonel... Cerró la noche. Dando traspiés se acercaron á la puerta, tendieron la mano y, al observar que seguía lloviendo, exclamaron á dúo: ¡Nada, que no escampa! Ocaury Saurel dice que ha visto america ñas bellísimas, españolas bellísimas, inglesas bellísimas y francesas bellísimas, siéndole imposible, por consiguiente, formular un juicio concreto y definitivo. on menos palabras está ya consignado ese mismo juicio en el antiguo y vulgar cantar español que dice: Me gustan todas, me gustan todas, me gustan todas en general. Añora bien; la copla no es aplicable en el presente caso, porque Beaury Saurel es seudónimo de la señora doña Rodolfa Ju, lian, especie de Jorge Sand de la literatura moderna. ara Denyo Jruech es Italia la que bate el record de las mujeres guapas. Ella es continuación de la mujei de la recia antigua. Se la encuentra en abundancia lo mismo en los palacios más señoriales que en la más burguesas cabanas. La belleza americana es más rara y menos pura de raza. Héctor Lemaire también está por la belleza femenina francesa. No conozco las extranjeras -dice cot sencilla y candorosa ingenuidad. En general se observa, entre piropos y galanterías, reproches para la mujer italiana por la vulgaridad de sus extremidades; para la inglasa, por la carencia de formas, aunque se la reconoce el mejor color; á la austríaca, por su desproporción, aunque tiene los brazos más bellos y los hoyuelos más tentadores; á la americana, por demasiado empaquetada, aunque sus líneas son ideales. Pero asoma una casi unanimidad en reconocer que la mujer parisina, con un buea modisto y una buena doncella que la vistan y la acicalen, no tiene rival en el mundo. Porque la belleza hace mucho; pero la elegancia, la gracia, la distinción, hace lo chic. Visto Dueño, ¿verdad? INFORMES TAURINOS Y volviéndose al intenor, dijeron filosóficamente: ¡Ama, otro vaso, que Hueve muctio y no se puede salir! ÁNGEL MARÍA CASTELL. S oy corearan. Pepete, en Zaíra. Fuentes y Gallito, en Bayona. Gordito y Gallito Caico, en Ubeaa, Corchaíto, Muñagorri y Frutitos, en Barcelona. Los hermanos Bombita, en taragoza. Kl AlriF tí r aü, en Ts xvarisp 3 dp Duero.