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A B C SÁBADO 3 DE OCTUBRE DE I 9 Q EDICIÓN i. PAG. 4. ochenta años, que ha sufrido los uias rudos embates de la adversidad... Contrastara con el aspecto del anciano Emperador el del Príncipe heredero, el archiduque Francisco Fernando. Alto, rubio, gallardo, el heredero del Trono austro- húngaro tiene no sé qué tristeza en su rostro; su mirada es melancólica y apagada, y al sonreir parece que lo hace á la fuerza. ¿Es que le agobia ya la revuelta herencia que recogerá un día? ¿Es que se da cuenta de las insuperables dificultades que le van á salir al paso? ¡Quién sabe! L, o único cierto y positivo es que el Archiduque heredero es un hombre triste y que ese sello de melancolía que en su semblante se refleja le hace más interesante á los ojos de las damas vanesas, que le asesinan al pasar... mismo cofre de hierro hállanse el cetro, la espada, los guantes, las medias, las sandalias y el manto real de seda azul que bordaron las manos delicadas de la reina Gisela, reproduciendo las imágenes de la Virgen y de Cristo crucificado. Estas joyas dicen que están ahí encerradas, eternamente encerradas. Nadie las puede tocar, nadie las puede ver, y cuando en el manto es preciso hacer alguna reparación, sólo manos reales pueden llevar á cabo la obra. Tres días antes de la ceremonia de la coronación de un monarca ábrese el cofre y son extraídos de él estos símbolos de la realeza. Tres días después permanecen expuestos al público. Y luego vuelven á ser encerrados y sellados, y ya no se vuelve á saber más de las joyas. 1,0 mismo pueden estar aquí, en el fondo l a población de Pest revienta de alegría de esta capilla, que en el Monte de Piedad. al ver congregada á la Corte en el cha- No sería la primera vea La Historia nos teau de Buda. Estos pueblos, sacudidos por dice que en 1400 la reina Elisabeth las emhistóricas rivalidades, son así, y hacía mu- peñó por 2.800 ducados, y para que no se cho tiempo que en el viejo castillo de la ca- advirtiera la falta metió en el cofrecillo unos pital húngara reinaban la soledad y el si- barrotes de hierro del mismo peso. ¡Sesenlencio. Todas las fiestas, todas las preemi- ta y cuatro hombres, armados hasta los nencias llevábaselas Viena. ciudad de dientes, custodiaban día y noche el precioBudapest vivía relegada á un segundo tér- so depósito de los barrotes! Hoy no habría mino humillante Era la humilde J ñ esven- necesidad de esto... Hoy se puede construir turada cenicienta. una corona exactamente igual con 53 zafiPara asegura ua poco esta u n í ¿us- ros, 50 rubíes, una esmeralda del tamaño de tro- Mngara, prendida con alfileres y que las bolas del Puente de Segovia y 838 oeramenaza desgai 1 arse por muchos sitios á la las como nueces... ¡todo del Boro! vez, el Gobierno ha decidido, sin duda, que ¡Ah! ¡Si lo hubiera sabido la rema Eliel Emperador pase largas temporadas en la sabeth! capital de Hungría, repartiendo así entre Budapest y Viena y haciendo que ambas J- Ts de noche y el viejo chateau brilla como por igual disfruten de la vista del cortesano un ascua. Torrentes de luz se escapan aparato. No siempre había de ser todo para por las ventanas, reflejándose en las aguas Viena, y ahora ha sido en Budapest don- del Danubio, que pasa silencioso á sus pies... de el Emperador ha recibido, primero, á los I, a multitud invade las inmediaciones de la Príncipes de Bulgaria, y después á los Re- regia mansión esperando que concluya la yes de España, con el ceremonial de rigor fié sta para presenciar el brillante desfile de para que eí pueblo se extasíe. Y por eso la ca uniformes, trajes costosos, joyas y trenes... pital magiar no cabe en el pellejo de gozo, Es un espectáculo que la población magiar y ya se atreve á mirar de igual á igual á no disfruta más que de tarde en tarde, y por Viena, y los odios políticos parecen haberse eso se están aquí horas y horas esperando calmado. Que á los niños y á los pueblos es sin impacientarse... sabido que se los distrae siempre con un El río ofrece magnífico golpe de vista poco de pólvora en salvas y unos cuantos también, con sus embarcaciones engalanakilómetros de percalina, banderas, cañona- das, sus botes iluminados, llenos de gente zos, uniformes y música, mÚMca ¡S íbre que ríe y canta. A ío lejos, una orquesta ejetodo, mucha música! cuta la alocada czarda húngara, mientras en No hay más que ver á los buenos hurga- el interior del castillo salen suaves, rumoros con qué orgullo miran al viejo castillo rosos, los acordes de la música que ameniza donde estos días residen el Empedrador y los la fiesta. I,o s tziganes, que se desparraman Monarcas españoles. Aquí se pasan horas y por cafés y restaurants, quieren, por su parte, horas contemplando el movimiento de co- rendir tributo á España, y como lo español ches, de idas y venidas de ministros y gene- está de actualidad, tocan La mackicha y La rales, de nobles señores y grandes damas de paraguaya, las dos composiciones musicales la corte. Es la vida que ha vuelto á reani- que andan paseando por el mundo el pabemar la vieja residencia abandonada, la his- llón castellano. tórica residencia que guarda en sus muros, Y el público, muy complacido, las corea y cien veces destruidos y reedificados, los más pide su repetición á grandes voces, aplauculminantes episodios que viviera el va- diendo frenéticamente, golpeando con valiente pueblo magiar sos y cubiertos sobre las mesas y haciendo Porque el húngaro os enseña con orgullo un ruido, en fin, dé cincuenta mil demonios... este castillo real, no imperial; el castillo A las dos de la madrugada todavía salen donde habitan los reyes de Hungría. En su de los templos de la noche acordes apagainterior, en el fondo de Una capilla, dicen que dos y voces que gritan: están guardadas en una caja de hierro la co Paraguay, ¡guay! ¡guay! rona y las insignias de la realeza magiar ¡guayl fguay! I a corona adórnanla 53 zafiros, 50 rubíes, una colosal esmeralda y 838 perlas. Y en el Jos JUAN CADENAS. ACTUALIDADES EL SANTUARIO DEL AMOR p 1 notario de Spaxton, un pueblecito del condado de Somerset, en Inglaterra, recibió días pasados aviso para que se presentase en la casa de uii Sr. Sniith Pigott, para dar fe del nacimiento de un niño. El depositario de la fe pública cumplió su cometido. En una lujosa mansión rodeada de magnífico parque fue recibido por el señor Smith Pigott, quien le presentó á la hermosa Ruth, su esposa espiritual, vestida con ricas muselinas blancas. Detrás apareció la señora de Pigott, esposa legal del dueño de la casa. El funcionario público entendió un acta consignando el nacimiento de un niño, hijo de Pigott y de la hermana Ruth, en Agapémono (Caxton) el cual niño debería llevar el nombre de Poder Muy extraño es el nombre y desde luego nada usado entre gente inglesa; pero el notario no discutió cosa tan rara. Y menos sabiendo que el padre pretende ser nada menos que una nueva encarnación de Jesucristo. I a secta de los agapemonitas, como elloíi se llaman, y cuya mayor parte viven en Apaxton, en la bella residencia llamada El Retiro del Amor, proviene de un hermano Príncipe, que murió en 1902 y que mientras vivió hizo creer á sus discípulos que era el Espíritu Santo, con residencia temporal entre los hombres para su felicidad. Algunos agapemonitas eran ricos y dejaron, sus bienes á la Comunidad. A 1 morir el Príncipe- le sucedió Pigott; pero éste no se contentó con ser solamente el Espíritu Santo, y se proelamó nada menos que Jesucristo. En sus caminatas predicando la buena nueva encontró á miss Ruth, una wesleyana que se había entregado á las misiones y que siguió á Pigott al Santuario del Amor. Pigott, el seudo- Jesucristo, tenia ya una legítima esposa, por lo que la hermana Ruth no pudo ser más que su esposa espiritual. Sin embargo, el año pasado nació un niño que recibió el nombre de Gloria, y este año na nacido el que ha recibido el de Poder. o se sabe exactamente en qué consiste el rito de los agapemonitas. Estos guardan absoluto silencio sobre sus creencias. Pero se sabe que Pigott ejerce sobre ellos una influencia avasalladora Cuando se proelamó jefe de su iglesia, dijo: El hermano Príncipe ha sido llama do á preseneia del Señor para preparar la segunda venida del que ha sufrido por los peeados del mundo y para preparar también la restauración de todas las cosas. Yo soy el Señor Jesucristo, que murió, que resucitó y que subió al cielo. Yo soy el Señor, que viene de nuevo al mundo en mi propio cuerpo para salvar á todos los que se acerquen á mí. Y los suyos le creyeron, y las gentes no agapemonitas, asombradas de tanta frescura, claman porque las autoridades no toman cartas en el asunto de este señor, que tiene esposa legal y esposar espiritual é hijos de ambas y que no tiene como Residencia del Amor un manicomio, que es lo que más le convendría. Pero las autoridades inglesas dicen que este Cristo de nuevo cuño habrá violado las leyes divinas, pero hasta el presente ao se ha metido con las humanas Y allí no ha Basado nada.