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DE TODO EL MUNDO, POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y TELEFONO W W t f DE TODO EL MUND O POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y TELEFONO i I i I, fe LOS REYES EN PARÍS Fot. Rol. S M EL REY D. ALFONSO Xlll (x) SALIENDO DE OÍR MISA DE LA IGLESIA DE SAN ROQUE. A SU; DERECHA, EL PREFECTO DE POLICÍA, MR. LEPINE (i) Y A SU IZQUIERDA, EL MINISTRO DE ESTADO ESPAÑOL. SR. ALLENDESALAZAR (V) CUANDO VOLEMOS. aquel que ha pasado unas cuantas semanas ¿te veraneo se siente como embargado por una indefinible melancolía. Es preciso abandonar la playa, con sus Conchitas y sus cangrejos y sus olas acariciantes; es preciso también abandonar el repecho de la colina, son sus árboles de tan amigable sombra; en Sn, es necesario dejar la holganza, el sombrero jipi, las alpargatas, aquello que nos hacía tan felices. Y el ánimo contempla ante sí la fosca perspectiva de las ciudades, llenas de tantos horribles tormentos, como son la oficina, el Parlamento, la redacción, el taller, etc. Todo esfo nace de un sentimiento muy sencillo: el hombre es un animal insurrecto y libre, y está condenado, sin embargo, á vivir esclavizado. Por eso el hombre se pasa la vida inventando ocasiones y motivos de escapada. El hombre es un animal que trata de escapar á sus propias cadenas... Y esto explica, consecuentemente, la inñnidad de tretas que ha inventado el hombre para procurarse medios de huida. En resumen: todos los inventos aue realizamos- en torno Al término del verano, al acabarse tanta luz, tanta fiesta y tanta libertad, todo á la velocidad, los realizamos sencillamente por un instinto de huida. Hemos inventado el caballo, después la diligencia, después la locomotora, después la bicicleta, después el automóvil; ahora estamos inventando el aeroplano; más tarde nos pondremos á inventar el aparato que nos conduzca á las estrellas. ¡Ay, el hombre quiere huir su esclavitud, quiere huir de sí mismo Muy pronto comenzaremos á volar. Cuando volemos, el primer aeroplano que yo posea lo dirigiré con rumbo al Himalaya. Subiré al pico más alto de esa ingente cordillera y despediré á las águilas que se encuentren reposando en aquellos picos, me sentaré allí, y con una voz llena de indulgente soberbia le diré al mundo: ¡Hola, pobre mundo, hola! ¡Ya te tengo á mis pies, ratoncillo... I uego dirigiré mi aeroplano hacia el lado del Norte y llegaré hasta el mismo centro del Polo. Allí encontraré acaso un cachazudo oso, que estará tal vez lamiéndose el puntiagudo hocico, sentado sobre un témpano de hielo y colocado en el mismo centro del Polo. Despediré al oso- y me sentaré en su lugar. Y desde allí volveré á increpar al mundo: ¡Hola, mundo, hola! ¡Estás dominado, ratoncillo I Pero más tarde surgirán unos sabios que inventen un aparato para llegar á las estrellas. Entonces me meteré yo en uno de aquellos vagones siderales, é ipso fado me presentaré en Marte, en Venus ó en Saturno. Allí me aguardarán acaso unos hombrecillos ridículos, tal vez unos formidables gigantones. No importa; yo los espantaré; cogeré mi telescopio y buscaré por entre los mares del infinito la Tierra. I, a encontraré al fin- -pequeñita corno un garbanzo, -y desde mi remoto planeta la saludaré, sonriendo benévolamente: ¡Hola, mundo, hola 1 ¡Ratoncillo rebelde, ya te cogí... Pues bien; esto, que parece una fantasía, será una realidad antes de que nosotros nos muramos. Como también es cierto que todos los trabajos del hombre van dirigidos por- dos ideas madres, cuales son: una, la de libertad; otra, la de dominar, la rebeldía, la soberbia y el misterio del mundo. Cada ve. z que el hombre descubre algún escondrijo del mundo, su alma vibra como un demonio y grita: ¡Hola, mundo; hola, arisco y receloso mundo, hola... Finalmente, conviene que vayamos preparando nuestro ánimo para tales maravillas. El momento grave y profundo en que tantas grandezas serán realizadas no está