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DE TODO EL MUNDO POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y TELÉFONO g W DE TODO EL MUNDO, POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y mm m TELEFONO LA j n A REPUBLICANA UN GRUPO DE CONCURRENTES A LA MERIENDA CELEBRADA JUNTO D. MELQUÍADES ALVAREZ (x) de su entrada en ía bahía de Manila. En NA GRIETA DEL IM- este rodeo está simbolizada la protección eficaz de la gran República americana á toPERIO BRITÁNICO dos los blancos que viven á orillas del PacíAquella gran armada yanqui que al zar- fico contra la avidez y poderío de los ensopar hace meses de la bahía Chesapeake berbecidos japoneses. Y como la unión de produjo tanta emoción en la Prensa mun- grandes comunidades étnicas obedece, en dial, creyéndola destinada á batirse con la primer término, á necesidades y facilidades flota japonesa, surca ahora desapercibida, ó de defensa de territorio é independencia, es poco menos, las aguas que bañan la costa cosa lógica, fatal, que, por lo menos entre occidental de Australia, con rumbo á Mani- los anglo- sajones de ambas orillas del la; y, sin embargo, el cambio de derrotero Pacífieo, empiece á abrirse paso la idea de de los acorazados americanos, que han to- que la capital política de todos ellos- -Norte cado en cinco puertos australianos á instan- América, Canadá, Australia y Nueva Zecias vivísimas y repetidas de la gran colo- landia. -debe ser Washington y no Londres. nia autónoma, es quizá un suceso de mayor Quizá este cambio de agrupación de anglotrascendencia para la distribución política sajones sea el suceso culminante del pridel universo que un choque formidable, mer tercio del siglo xx; de pero de ningún modo decisivo, entre las es un problema planteado, todos modos, hoy aunque todavía fuerzas marítimas de los Estados Unidos y no vulgarizado. el Japón. Hay que enterarse del júbilo con que ios 1 a fatalidad, más que errores políticos, ha australianos han acogido á sus primos her conducido á este extremo á los Gobiermanos los yanquis y del disgusto que tal nos ingleses. Fatalmente, por exigencias de acogida ha causado en la opinión inglesa, y la política en la India, amenazada por agrerelacionar las causas del júbilo y el disgus- siones rusas y descontentos indígenas, ha to, para darse cuenta del germen de hondas tenido que ser Inglaterra complaciente con perturbaciones que representa el enorme el Japón y cómplice importante del crecirodeo aecho por los acorazados yanquis al miento moral y material de esté presunto bajar desde las islas Hawai á las costas me- conquistador de Australia y rival económiridionales de Australia, sin desistir poreso co del Canadá. Fatalmente, por exigencias PUENTE DE LOS FRANCESES Fot. A B C de estrategia naval, ha debido Inglaterra retirar casi toda la defensa local flotante de Australia para reforzar las escuadras de alta mar, y hasta ha tenido que oponerse á planes locales australianos, defectuosos pero caros, y que serían un obstáculo financiero para que la gran colonia llegase á contribuir eficazmente al crecimiento de la fuerza naval británica, sin defender las costas de aquélla más que en apariencia. Por ambas fatalidades, el pueblo australiano, y aun sus gobernantes, se han creído desamparados diplomática y militarmente por la Metrópoli, supeditada al Japón, á cambio del auxilio de éste en la India, y al ver aparecr en el Pacífico la armada yanqui, poderosa, casi invencible, en aquellas aguas, retadora del Japón y amparo de anglo- sajones, ha ocurrido lo natural, lo inevitable, ó sea el pensamiento de que si Inglaterra es madre, los Estados Unidos soa hermanos, y que la primera está lejos, muy ocupada y acaso envejecida; que los segundos están cerca, más atentos á lo que interesa y en pleno vigor juvenil. Y aun hay otra fatalidad que empuja á u desolación del actual gran Imperio británico: la cuestión de emigración de asiáticos á las colonias blancas autónomas. Ni Australia ni el Canadá, ni el África Meri-