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Véase de qué modo el presupuesto pedagógico, tanto familiar como colectivo, entraña una importancia vital para los pueblos. Si en el hogar no se practican las nociones elementales educativas; si los padres consideran la escuela como un lugar donde se PEQUEÑOS PROBLEMAS Con gran fre- recluye á los hijos cuando perturban y escuencia y no torban; si no se concede al maestro autorimenor empeño somos solicitados los médi- dad moral, y para ello precisa remunerarle cos por muchas familias para que les acon- convenientemente; si, por último, no se exasejemos respecto al grave problema peda- minan las condiciones de higiene en que se gógico. Se repite tanto y en tan variados coloca á las criaturas, ¿cómo se ha de exigir tonos la cantinela de la necesidad de forta- que el Estado se convierta en tutor y curalecer los organismos y crear hombies vigo- dor de la masa juvenil y fomentador de la rosos, que no pocos padres y madres arnan- pública instrucción? tásimos, tomando al pie de la letra el consePor mucho amor á la higiene que tengan jo, atiborran de tónicos el estómago de los los gobernantes, las prácticas de sanidad pequeños, les abandonan á sus propios ins- más eficaces no podrán ser aplicadas si no tintos, y cuando, ya espigados, piensan en cuentan con las costumbres. Nuestras eos su porvenir social, echan de ver la urgencia tumbres son desgraciadamente malas, por con que aquellos músculos reclaman una imperfección de la vida familiar. inteligencia que los mueva y dirija, imponiéndose la necesidad del colegio y sus disciplinas. Otros padres, no menos amorosos, AS LEYES De aquí resulta un contrapero excesivamente previsores, inquietos sentido perpetuo e n t r e la por las dificultades de la vida práctica y teoría y la práctica. Ensalzamos la vida púanimados por la precocidad falsa ó lamenta- blica de otros países madrugadores, actible de sus hijos, cuidan de someterles á un vos, en los cuales la vida social es eómoda, excesivo deporte intelectual y llenan las fácil y barata, y volvemos los ojos á los Goacademias y aulas de aspirantes á hombres biernos y les pedimos leyes educadoras ó de provecho, sin el suficiente vigor físico, prohibitivas; pero cuando éstas se promulresultando, de ambas tendencias que abun- gan protestamos, pateando como el niño que dan mozos desequilibrados y, por lo mis- gusta ir limpio y compuesto y no quiere lamo, estériles las más de las veces para ellos varse. y para el país. ¿Cómo han de obtenerse hombres fuertes, Unos y otros piden al maestro lo que no sanos y buenos, mujeres vigorosas, dignas puede dar en ocasiones, y aun hallándose y honradas, de padres y madres descuidadispuesto á proporcionarlo, no cuenta con dos, viciosos ó violentos? El viejo refrán: Padre no tuviste, madre ía cooperación familiar para su misión eduno temiste, hijo mal despereciste explica cadora. Revisten estos, al parecer, pequeños pro- suficientemente la triste ataxia que nos Blemas tanta trascendencia, que, siquiera perturba y aniquila. Es preciso decirlo con leal honradez y fie un modo somero, deben tratarse en estas Columnas, ya que con frecuencia, reciente- muy alto, para que padres y maestros ponmente, se nos ha inducido á ello por mu- gan remedio al peligro: sin disciplina no es posible ni enseñar ni educar. chos lectores. Esos procedimientos modernísimos que L HOGAR Y LA ESCUELA Decía I, eta- tanto nos entusiasman, de la juventud libre- -mendi hace por el mundo, asistente asidua á talleres, años en una revista que llevaba el mismo escuelas y universidades, no son ni serán título de esta hoja: La crianza de un hijo eficaces jamás si carecen de método, orden debe comenzar desde el primer signo de y plan. embarazo; su educación, desde la ligadura El hogar es el abecé de la escuela; la es ¿el cordón umbilical y añadía: El verda- cuela tiene que poseer las ternuras del hodero embarazo dura veinticinco años; ¡todo gar, y si en este no existen, mal se les pueeste tiempo necesita la madre para dirigir á den exigir á aquélla. buen término lo más recio y lo más tenue Analícense las teorías de los grandes pede nuestro ser: huesos y sesos y sostenía dagogos y se verá que han empleado prosiempre en sus escritos y propagandas que cedimientos paternales para el mandato, educar no es sólo anticipar y facilitar un maternos para la ejecución de lo precepbien, sino dar positivamente un bien que tuado. quizá la propia Naturaleza no llegaría, por mala dirección, á darnos nunca. 1 STOS Y TORPES fero la Naturaleza no da idénticos fruInstintivamente la madre adivina estas verdades; ve que la infancia necesita apoyo, tos, y para que éstos sean útiles necesitan- y cuando comprende que la autoridad ma- las plantas poda y cultivo. Por deficiencias orgánicas, por inevitables terna ha de doblegarse, busca la fuerza y el sostén en la escuela. I o malo es que, en ca- leyes hereditarias, el ser humano casi nunsos tales, no suele contar con el auxilio po- ea es perfecto. Pocas veces se reúne la forderoso del padre, absorbido ó distraído por taleza física con las energías anímicas. Por menesteres que él juzga de mayor empeño, excepción suele acontecer que los seres más y ambos progenitores, molestos ante su débiles en sus primeros años llegaron á propia impotencia educadora, transportan grandes alturas intelectuales, y, por otra el niño á la escuela, donde debiera hallar la parte, una constitución aparentemente vinodriza intelectualá que se referíanlos poe- gorosa no evitó ni el contagio ni la muerte tas latinos. Es más, las frases alma mater y prematura. Dos seres de gran vigor psíquialma parens aplicáronse y se aplican á la co ulterior, Voltaire y Víctor Hugo, nacie Universidad y también á la Patria. Si los ron raquíticos y desmedrados, sin aparienCentros de instrucción de las naciones, y cias de viabilidad Otros, en cambio, de forma grácil y peréstas mismas, no sienten amor materno hacia la juventud, sobreviene indefectible- fecta, verdaderas obras de arte, resultan de una torpeza psíciuica desesperante, refracmente la decadencia nacional, ALMA MATER ALMA PARENS E tarios, al parecer, á todo esfuerzo educativo. Y ¿qué diremos de los positivamente anormales, de la masa numerosa de retrasados é imperfectos que constituyen el imponente batallón de torpes? El llamado listo, la criatura dotada de viveza graciosa y gentil, encanta y seduce. Sus frases nos producen la misma- sorpreque la audición de un fonógrafo á un salvaje. Cieemos maravillosa su penetración y discurso, cuando casi siempre no hacen los pobrecitos otra cosa sino agrandar y embellecer nuestros propios defectos. Nos inquieta su precocidad, aquel perpetuo inquirir y preguntar que pone á prueba nuestra ignorancia acerca de muchas cosas, ó nuestra ineptitud para dar á sus insistentes interrogaciones adecuada respuesta, y deseosos de que esa lucecita no se amortigüe y brille la encandilamos con toda clase de vivas impresiones y le enviamos al colegio, ansiando verle sabio cuanto antes. Es ídolo ante el cual depositamos incienso, oro y mirra, corno los Reyes Magos ante el Niño Dios. En cambio, como contraste amargo, aparece el desdichado torpe, con sus desmayados movimientos, callado, tristón, de lenta y desesperante discurrir, tardo en comprender las cosas, las cuales define en su interior á su modo, sin inquietarse respecto á su veracidad; que miente, sí, pero sin la avispada malicia del listo; que es glotón, desordenado y perezoso, sin que acierte á disfrazar astutamente estos defectos con fingidas perfecciones, y todos, padres y deudos, reniegan de él, declaran que no tiene el menor parecido con ninguno de la familia, cuando su degeneración visible es el rédito usurario de un falso capital que el infeliz exhibe por juro de herencia. OS CEREBROS INFANTILES Recuerda la psíquis infantil el delicado mecanismo de una máquina fotográfica. Cuando ésta es perfecta, con objetivo, diafragmas y obturadores precisos, impresiona el menos avisado en el- arte preciosas placas, si bien es cierto que su labor es estéril si, por ignorancia ó negligencia, no cuida de todos los detalles necesarios y, sobre todo, si no sabe revelar las pruebas. Imagínese cuan artista tiene que ser el maestro para obtener obras bellas y útiles con las maquinitas que se le entregan, y cuan avispados tienen que ser los padres para que no las estropeen los encargados de manejarlas. Y ¿acaso no es admirable y meritoria la labor de aquel fotógrafo que eon una jn áquina modesta, de objetivo corriente, llega á conseguir retratos ó vistas bien enfocadas y no exentas de belleza? Un simple rayo de sol lleva al fondo de ana cámara obscura, por un imperceptible orificio, la imagen de todo lo exterior, y si no con deta- lle por falta de lente, una silueta menuda se agita y cruza por la pared, permitiendo diferenciarla y definirla. No olvidemos que el torpe ve la silueta en su cerebro como el enfermo inerme atisba lag figuras de la calle que por la persiana entornada se refractan en el techo de su alcoba. ¡Cuan doloroso es no poder ver bien los colores y enterarse de lo que pasa en lo exterior! Algo parecido ocurre á muchos desgraciados seres, condenados por deficiencias educativas y pedagógicas á vegetar tristemente, enfermo y entenebrecido el cerebro, por culpa de los sanos y de los. listos que les abandonan y desprecian.