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DE TODO EL MUNDO, POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y TELÉFONO DE TODO EL MUND O POR CABLE POR TELÉGRAFO Y D. J A I M E EN BIARR 1 TZ EN LA BODEGA. DE IZQUIERDA A DERECHA: EL MARQUES DE TAMAR 1 T, EL SR. OYARZUN, D. JAIME DE BORBON v NUESTRO COMPAÑERO SR. SALAVERRIA te y simpática. Un escritor puede hallarse profunda y radicalmente separado de las ideas y de las ambiciones de un hombre, y sentir, sin embargo, fuerte atracción por su vida, por su atrayente persona. Así pues, cada vez que yo leía alguna aventura de este príncipe inquieto, aumentaba mi deseo de tratarle y de oirle. Hasta que ayer, por fortuna mía, vi colmadas mis aspiraciones; y he ahí que estuve charlando con el príncipe D. Jaime de Borbón, hijo primogénito de D. Carlos VII, toda una tarde, mano á mano y en la mayor de las intimidades. ¿Por qué ha de escucharse únicamente á los españoles de dentro de España? Andan por esos mundos innumerables españoles, desterrados á consecuencia precisamente de su exceso de españolismo. Cuando aquí dentro interrogamos á cualquier personajillo en agraz, ¿por qué causa estúpida no hemos de interrogar preferentemente á los repatriados, á esos hombres que vagan por el COMO PIENSA D. JAIME DE BORBON declarar desde la figura QuieroD. Jaime me fue luego queinteresande siempre extranjero con la mirada puesta continuamente en el alma española? El Sr. Oyarzún, director del Correo de Guipúzcoa, me puso en inteligencia con el marqués de Tamarit, y á su vez el marqués nos puso al habla con D. Jaime. Y hétenos en Biarritz, instalados á la puerta de un café que tiene por título la palabra tan castiza y tan española de BodegaD. Jaime me recibió con una cortesía llena de nobleza, al mismo tiempo que llena de espontaneidad. Comenzó por hacerme sentar y por ofrecerme café. Me preguntó que dónde escribía; le respondí que en A B C Es periódico que leo con gusto siempre que lo encuentro á mano me dijo. Y á continuación, sin que tuviera nuestro coloquio el molesto carácter de una interviú, pasamos á conversar sobre multitud de temas, cuyo sentido procuraré exponer aquí con toda la veracidad que mi memoria me permite. Empezó diciendo D. Jaime que ha entrado en España muchas veces por distintos sitios. -Conozco ya casi todo el país: Sevilla, Madrid, Barcelona, el Norte, Castilla... Y volveré á entrar cuantas veces quiera. I a Policía española será muy sagaz, si así le con- viene declararlo; pero yo tengo en España mi Policía, y de ésta sí que puedo declarar que es buena. ¿En qué población resides tú... Al oir que me tuteaba un desconocido, sentí una desconocida impresión, tan rara, tan insólita, que no supe responder. Pero yo no me hallaba allí en actitud de caballero puntilloso, sino con carácter de interrogador. Acepté, por consiguiente, el principesco tuteo, y hasta es posible que yo pro- nunciara más de una vez un rotundo Vuestra Alteza ¡Estas irónicas ciudades de Francia están harto habituadas á semejantes escenas semigrotescas, semitrágicasl Apenas iniciada nuestra conversación, comprendí que me veía delante de un gran patriota. El mismo lo corroboró con estas palabras: -Sí, es cierto; soy un patriota. Me gusta España, me encanta todo lo que sea español. Mando á menudo que me guisen el clásico cocido, y me como los garbanzos glotonamente. Bebo con predilección el vino de Cariñena: no hay otro semejante en todo el mundo! Cuando voy á España asisto á los toros; aquí, en Francia, no puedo ver una corrida, porque los toreros se burlan del público francés y torean de una manera íaa-