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A B C MIÉRCOLES- 3 DE SEPTIEMBRE DE 1908. EDICIÓN 8 PAG. mmm V, S i f EL APLECH REPUBLICANO DE SABADELL REUNIÓN DE ESTANDARTES Y BANDERAS EN LA PLAZA DE Pl Y MARGALL Fot. Soldeviia. Ha sido el acontecimiento magno, solemne, de los últimos días. El cielo se ha apiadado de estas buenas gentes castellanas, a llovido! La tierra, seca, dura, sedienta, ha revivido. Se acercaba San Miguel y no había medio de empezar la siembra. El suelo hubiera ofrecido resistencias de granito á la reja Tras de una mala cosecha, preludio de un invierno de hambre, venía la mala sementera con perspectivas de verano de ruina. Y como ara el fisco no hay sequía ni lluvia, venría después la contribución implacable, la renta, la ejecución... 1 a ruina! Pero ha llovido. Por la sierra de Gredos aparecieron los primeros nubarrones plomi zos. Formaban escuadrón gigante de monstruos fantásticos, cuyos corceles, en desenfrenado galopeo, parecían pisotear los parduzcos picos de la montaña, levantando estrépitos que retumbaban en el espacio y cuyas armas fulguraban serpentinas de fuego que iluminaban las sombrías campiñas. Cayó el agua á torrentes; la tierra sintió el estremecimiento del placer de sentirse fecundizada, y la esperanza renació sonriente en el alma del mundo labrador. El Tormes, el plácido río cantado por los poetas del Siglo de Oro, que corría ahora plegados sus serentís espejos, reducido á modesta cinta de plata que apenas cubría su seno, con un caudal que más parecía de lágrimas que de vigófíSSSs chorfos de la sierra, se ha désBeíezaáe v ea 6l ansióse estí POR TIERRAS DE CASTILLA E L AGUA! t rar de sus músculos sobre el llano seno ha tocado ambas márgenes, llevando contactos de vida á la anémica vega, á la paralítica aceña, á la muda turbina, y reproduciendo en su superficie tersa, como la de una luna, los verdores del monte, que el agua de las nubes ha vigorizado, dándoles tonos y sua vidades de terciopelos. Ya es el Tormes más bello y augusto por su placidez poética y su serenidad soberana que por su caudal. ¿Pero es solamente el ciclópeo ejército que apareció por las sierras de Avila anunciándose con truenos y rayos el que le ha resucitado? En medio de tanta hermosura, entre las funciones grandes de la Naturaleza, hay también una pequeña de la mezquina política Weintitantos años hace que, respondiendo á pretensiones de aspecto racional, concedióse á pocos kilómetros del nacimiento del Tormes, y todavía en tierra de Avila, un canal de invierno. El expediente cubrió de manera pudorosa su desnudez con el ropaje de la más refinada legalidad. Una sangría de 95 litros por segundo para regar 200 hectáreas en los meses de Octubre á Junio no era nada para el Tormes y para su ribera. Pero, cosas de España, que el caciquismo santifica los litros se convirtieron en hectolitros; las hectáreas, en miriáreas, y los meses de invierno, en meses estivales. La monstruosa iniquidad tomó cuerpo al amparo de sensibles complacencias y meditadas tolerancias que el absorbente influjo de la política amparó, Clamaron los ribereños, rec) a ¡iiaror en diversas manetas y hasta tuvieron el arranque de reuiinse ea magna íeumón para mcuinr en la inocente, y por lo inocente desprestigiada, vulgandad de nombrar una comisión ¡una comisión! ¿hay nada más español... -resquebrajada desde sus cimientos por aportar á ella materiales políticos, sensibles, como el acero al imán, á los contactos del caciquismo. p s un espectáculo ver el Tormes volver á su cauce, casi ordinario. L. a crecida e anuncia desde leguas. Avanza lenta, majestuosa, magnífica, recuperando lo suyo, sorbiendo manchas de arena que el sol doró, besando amorosas márgenes que el verano le secuestró. Es un espectáculo, repito, que da ganas de gritar ¡el autor, el autor! Pero si el autor saliese á escena no sería solamente el Dios de las alturas, que en ellas ordena y manda; recabaría un puesto y un aplauso de gratitud la misteriosa mano que, bajo la protección del caciquismo, cierra, porque ya ha explotado el Tormes en el verano, el módulo del canal de los Guijarrales. ÁNGEL MARÍA CASTELL. Conservación de las plumas de acero Coloqúese en el fondo de un vaso de cristal ó de loza un trozo de carbonato de potasa cubierto con una esponja humedecida. Sobre ésta déjense las plumas, después de usarlas, y se conservarán como nuevas, limpias y utilizables más largo Jjgmpo que si se enjuagan. UNA IDEA DIARIA