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A B C LUNES 21 DE SEPTIEMBRE DE 1908. EDICIÓN i. PAG. 4. yona se ve una porción de señoras españo las. Todas entran y salen de las tiendas. Todas gritan. Una tarde, mi amigo ha visto á Joaquina Pino; otra, á la Palou. También ña visto- ¡oh, misteriosas afinidades! -á D. Bernabé Dávila sentado en la puerta de un hotel. En Ba 3 pna hay, una catedral- -que no le gustaba á Taine- -y un Museo de pinturas. En el Museo se puede admirar dos Grecos, dos Goyas, un Ribera, un Murillo. Desde el largo puente de 300 metros se puede contemplar también el ancho y manso Adur, que se desliza hasta perderse á lo lejos entre una fronda admirable de árboles. En Biarritz la tarde puede ser también agradable. Muchos de los lectores conocen este pueblo. Hay aquí dos Casinos; en los cíos existen incitantes recreos. Las playas son dos ó tres. Los llena por la tarde una multitud completa. En el café Royalty siempre se encuentran sentados cuatro ó seis españoles. Dos ó tres fastuosas modistas atraen á las damas. Mi amigo regresa á cenar á Guethary. Se sienta un rato en el jardín y después se acuesta. AZOR 1 N Guethary. Septiembre. NUESTROS GRABADOS e la eabalgata automovilista organizada en San Sebastián y que fue anteayer i. Oñate, figurando entre los excursionistas SS. MM. los Reyes, dimos ayer extensa inüormación telegráfica que no podríamos ampliar hoy. tarde, hablamos por separado. Estas razones nos excusan de repetir aquí las referencas de ambos asuntos, á los cuales se refieren los grabados del presente número. DE NUESTRO CORRESPONSAL e entierro del Dleí Sr. Sánchez ex ministro de Hacienda Bustillo, verificado ayer A B C EN ROMA A PROCESIÓN DE Con motivo de la prohibición en LonLONDRES ires de la procesión leí Santo Sacramento han surgido polémicas en la Prensa. En el Vaticano no se habla de otra cosa. Enterado de que se habían recibido de iondres largos telegramas relacionados con este asunto, acudí á los destinatarios áe estos telegramas para informarme de silos. La presente carta es, pues, una interviú colectiva, de cuya exactitud respondo: -Esos telegramas- me han dicho- -demuestran el éxito completo, indiscutible, del Congreso eucarístico de Londres. Rivalizaron allí la doctrina y la piedad, y ésta no lia sido menor que el entusiasmo que anisnaba á todos los eminentes prelados. reuniáos en la capital inglesa. En cuanto á la orden prohibiendo que se celebrara la procesión, conviene, antes de hablar de ella, informarse de lo que en realidad ha sucedió Un comité local, presidido por monseñor Bourne, arzobispo de Westminster, organizó con minucioso cuidado el Congreso internacional eucarístico de L o n d r e s de acuerdo, claro está, con el secretario de Estado de Su Santidad. Al redactar el programa se pusieron de acuerdo oficiosamente los organizadores con el Gobierno inglés. Pío X había anunciad el envío de un cardenal legado, y como esto daba un carácter político, si no al Congreso, cuando menos á su presidente, el Gobierno y el Rey mani- festaron que recibirían con agrado la visita del legado del Papa. Entonces fue cuando acudieron al secretario de Estado algunos intermediarios oficiosos que fueron acogidos con gran deferencia. Después de muchas entrevistas, celebradas en Roma, se convino: i. Que el Gobierno inglés concedería completa libertad en lo relativo á las discusiones y hasta en lo referente á las ceremonias rituales. 2. Que el Rey recibiría en audiencia al legado del Papa, concediendo á éste los honores debidos á su alta jerarquía. 3.0 Que el Congreso no discutiría la cuestión del poder temporal de los papas. 4.0 Que el Gobierno daba su autorización para que se celebrara una procesión solemne por las calles de Londres, con tal de que no hubiera peligro para el orden público. Entonces el duque de Norfolck, de acuerdo con estas condiciones, retiró del orden del día una proposición relativa al poder temporal Principiaron las sesiones del Congreso y se puso á discusión, entre otras cosas, la fórmula del juramento de los reyes de Inglaterra. Esta fórmula anticatólica ha sido impuesta por Enrique VIII, y los protestantes la consideran como una garantía concedida por los reyes de Inglaterra á la Reforma. Tocar á esa fórmula era lanzar un reto á las creencias de los protestantes, y éstos han recogido el guante. Ya el 31 de Julio la Alianza protestante había redactado una protesta contra el Congreso; pero cuando éste abordó la cuestión del juramento, dicha Alianza abandonó toda idea de tolerancia y pensó en vengarse. Exhumó antiguas leyes, nunca abrogadas, pero jamás aplicadas en nuestros días, y en nombre de Enrique VIII y de la reina Isabel recordó que estaba prohibido llevar en público el Santo Sacramento, y que los sacerdotes católicos no tenían el derecho de ostentar hábitos sacerdotales fuera de las iglesias. La. Prensa protestante atizó el fuego y excitó á los fanáticos intolerantes. Algunos miembros de ambas Cámaras anunciaron interpelaciones, dirigidas á un Gobierno que, según ellos, había autorizado una procesión idólatra, prohibida por las leyes. Se llegó á decir que tal ultraje procedía de extranjeros que se atrevían á criticar las leyes fundamentales del reino. Y Mr. Asquith tuvo que aplicar la ley. La ha aplicado eon suma delicadeza, mandando un aviso confidencial á monseñor Bourne en el que le rogaba, en interés del orden público y de la tranquilidad del Congreso, que dispusiera que los cardenales, los arzobispos y Jos obispos asistieran á la procesión sin hábitos sacerdotales. El ruego del primer ministro equivalía á una orden. Desde luego- -añadió mi interlocutor, -muehos cardenales de los que han asistido al Congreso dudaron siempre de que se celebrara la procesión eucarística. En fin, puedo asegurar á usted que el representante del Papa se ha alegrado de que la prohibición llegara con oportunidad, evitándose así que la sagrada hostia se viera en peligro de afrontar alguna ofensa. Para terminar, diré que el Congreso ha sido un gran éxito del catolicismo... Pronto veremos sus efectos. Hasta aquí la interviú. No añadiré nada. La Prensa oficiosa no está del todo de acuerdo con lo expuesto, y la Prensa oficial, con muy buen acuerdo, se calla. N CONCILIO EN He aquí la noticia Se afirma que el cardenal Vannutellí tenía, entreoirás instrucciones, la de consultar en Londres á los obispos sobre la conve- niencia de reunir de nuevo el Concilio Vaticano, suspendido por Pío IX el 18 de Julio de 1870, después de la proclamación dei dogma de la infalibilidad del Papa. También tenía el cardenal Vannutelli la misión de hablar de este asunto al rey Eduardo y después al rey de Bélgica y al emperador de Alemania. Es evidente que Pío X acaricia la idea de reunir otra vez aquel Concilio, cuyas sesiones se suspendieron hace treinta y ocho años. Se sabe que el Sr. Giolitti, presidente del Gobierno italiano, enterado ofieialmente de esta intención del Papa, se ha comprometido á velar por laseguridad del Concilio, garantizando además la completa libertad de las discusiones, con tal de que éstas no traspasen los límites fijados por las leyes del Estado. Mons. Vannutelli traerá á Roma las contestaciones de los soberanos á quienes consultará durante su viaje de regreso. Cuando pase por Suiza visitará en Einsiedeln al cardenal Rampolla, á qnien visitará también estos días el cardenal Ferrari, arzobispo de Milán. FRANCO F R A N C H 1 Roma, 16 Septiembre, 1908, r OPLAS DEL LUNES. LA SALCHICHA Para defender los fueros de su industria agonizante, el gremio de salchicheros proyecta un acto importante... ¡Quién dijera ó quién pensara que en este tiempo famoso de repente agonizara producto tan substancioso! Pero si el gremio lo dice- -y ello causa su desdicha, -no hay que dudar que agonice y aun que muer? la salchicha. Digamos, hablando en plata, que este asunto traerá cola, pues solamente se trata de la salchicha española. Por el favor impensado de tarifas traicioneras, conquistan nuestro mercado las salchichas extranjeras; y hasta el hombre más patriota, mártir del intrusionismo, cuando ias come no nota que falta á su patriotismo. Los salchicheros delatan esos infinitos males, y ahora de salvarnos tratan las salchichas nacionales... Ya les falta la paciencia y ya en acabar insisten la ruinosa competencia que han tolerado y resisten; y con actos oportunos, de su industria defensores, proyectan, reclaman, unos aranceles protectores... ¡No quieren vivir á medias con ajenos embutidos, que hoy, cual si fuesen comedias, se nos sirven traducidos Para juzgar los inteni de las salchichas d Espagne yo, ahora, envidio los talentos de mi amigo GrandmoHtagne; pero deelaro, en verdad, que del producto á que aludo siempre busqué la bondad, sin fijarme en el escudo... ¡Mas ya es inútil que intenten sacarme de mis casillas... ¡Quiero que me las presenten encarnadas y amarillas. GIL PARRADO.