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DE TODO EL MUNDO, POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y TELÉFONO DE TODO EL MUNDO POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y MADRID. ENTIERRO DEL SR. SÁNCHEZ BUST 1 LLO SALIDA DE LA CASA MORTUORIA DEL FÉRETRO DEL EX MINISTRO DE HACIENDA Fot. ABC. GUETHARY y es un puebleeillo francés situado en la costa. Se halla entre San Juan de Luz y Biarritz. Le separan ocho kilómetros de esta última población. Cuenta con unos 600 habitantes. Las casas están diseminadas en anchas praderías verdes. La carretera de San Sebastián á Biarritz pasa por en medio. Veranean aquí muchas personas de París, de Burdeos y de Madrid. La colonia española es muy numerosa. Vienen á esta ¡playa gentes poco amigas de rebullicio, ó gentes que no pueden ó no quieren pagar una vida ostentosa en playas elegantes. Albergan á los forasteros tres ó cuatro pequeños hoteles; los precios son moderados; oscilan entre cinco y diez francos. Hay también en el pueblo casas amuebladas que se alquilan por temporadas de dos ó tres meses. Tengo un amigo que veranea en Guethary; cada año viene más gente española á este grato paraje. Mi amigo vive en uno de los dos ó tres hoteles nombrados. El hotel es chiquito; rema en él una extrema limpieza. I os pisos, son de anchas tablas lucientes. No hay en él gritos, ni porrazos, ni estrépitos. La comida es fina y limpia. Delante de la casa hay una terraza con plátanos. Los árboles han sido desmochados convenientemente, y sus copas aplanadas forman un espeso toldo verde. El piso se halla cubierto con grava de menudos guijarros. Se hallan diseminados por el jardín veladorcitos ligero s y sillones de mimbres. Desde el jardín se vea dos ó tres casas blancas, boscaje de árboles, un pedazo de ladera verde. Por lo alto del recuesto, allá á lo lejos, pasa la ancha carretera internacional. Cruzan á todo momento por ella multitud de automóviles que van á San Sebastián ó á Biarritz. Mi amigo se levanta á las siete. Da un largo paseo. Los prados muestran sus verdes suaves. La luz es dulce. En lontananza destacan los picachos medio grises y medio azules de los Pirineos. Pasan lentas las carretas y se tambalean entre la yerba corta y jugosa algunos patos. A las nueve, mi amigo pone sobre uno de los veladoreillos del jardín del hotel algunos volúmenes y un rimero de periódicos. Lee de unos y de otros. De cuando en cuando corre por lo alto de la carretera un automóvil. Rozando las espaldas del hotel, pasa la vía férrea. Treinta ó cuarenta trenes diarios cruzan en ambas direcciones. La calma del ambiente es cortada también, á intervalos, por los silbidos de las locomotoras y el trepidar del convoy. El silencio se hace más grato con las bocinas lejanas de los automóviles y los silbidos de los trenes. ¡Que corra vertiginosamente quien quiera mientras nosotros estamos aquí con un libro ea la mano! A las once mi amigo baja á la playa. La playa está á cinco minutos del hotel. El mar se extiende azul, ó verde, ó glauco ante la vista. Dos ó tres velas diminutas se columbran en la inmensidad. Las olas rompen blancas en unas peñas. El ruar se puede contemplar durante mucho tiempo: una hora, dos horas. A las doce, mi amigo come. La tarde está destinada á las excursiones. Es preciso ir á Bayona ó á Biarritz. En Ba