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A B C 91 ERNES 18 DE SEPTIEMBRE DE 1908. EDICIÓN i. PAG. 11. el cabo y tía artillero yacían ensangrentados é inmóviles; otros tres soldados, todavía abrumados por la espantosa conmoción sufrida, sin poder romper en quejidos, pintado el espanto en su semblante, pugnaban por alzarse de tierra, y el artillero apuntador, al pie de 1 a cámara hecha pedazos y entre varios trozos de granada, aún humeantes, aparecía rígido, con el rostro desfigurado l a causa, del accidente. ¿O, ué había ocurrido? Fácil fue la deducción, aunque la causa ocasional no pueda fijarse en definitiva hasta conocer el dictamen técnico. El cierre del cañón no había obrado con la presión debida; el segundo fulminante produjo el estallido de la granada, y la explosión de ésta, ó, más concretamente dicho, la expansión de los gases, no hallando suficiente resistencia en la recámara, determinó la rotura de toda la parte posterior de la pieza, por donde salió también la carga. 1 as víctimas. Fue á dar la carga rectamente sobre el infeliz artillero que marcó el disparo y le destrozó los pulmones, parte de la cabeza y extremidades, y al extender aquélla su radio progresivo, como sin duda el cañón hizo movimiento hacia su izquierda, alcanzó á los sargentos y soldados que antes indica mos. Así se explica que todos ellos, como sha de yar el lector más adelante, sufrieran las lesiones en la parte derecha del cuerpo. D rimeros auxilios. A la impresión del primer momento sucedió prontamente una actitud serena y decidida entre los dignos jefes y oficiales, que no en balde se vive bajo la recia disciplina militar. Evitada, ante todo, la aglomeración y el desorden, envióse á escape aviso á los cercanos pueblos de Vicálvaro y de Barajas, y por teléfono dióse cuenta al Gobierno milita! de Madrid. 131 alcalde y el vecindario de Vicálvaro acudieron presurosamente al socorro de los he idos, y desde luego se resolvió que f aeran éstos transportados, como en efecto lo fueron, al hospital de fundaeión particular que no muy lejos del caserío se levanta. El traslado se hizo con toda la solicitud y esmero que las circunstancias permi tieron. Y sin perder momento, el médico del regimiento- -que es el médico primero don Francisco Bada Mediavilla- -y el titular y el de la fundación comenzaron á practicar las primeras curas. Poco tiempo, relativamente, Uevabau en esta operación, cuando aparecieron dos jinetes á galope y se apearon á la puerta del hospital: eran dos médicos militares de la ambulancia del Buen Suceso, D. Ildefonso de la Villa y otro facultativo cuyo nombre no hemos logrado retener en la memoria, los cuales, al recibirse en dicha clínica de Madrid la noticia del suceso, montaron á caballo y salvaron la distancia á galope tendido en tiempo casi inverosímil. Reunidos, pies, todos estos médicos, y asistidos voluntariamente por varios paisanos, fueron disponiendo las curas provisionales, y al hacerlas hubieron de verificar dos amputaciones, ó, más bien dicho, hubie ron de terminarlas, pues se trataba de un pie y una pierna completamente destrozados por los proyectiles. U eridos valerosos. Los heridos, todavía bajo la espantosa impresión, sin darse cuenta de nada, sufrían valerosamente la cura, á tal punto, que no se hubo de emplear el cloroformo. Cuando estos primeros socorros ya estuvieron prestados, pensóse en la necesidad de acomodar á los heridos en tanto que llegase el material móvil para transportarlos á Madrid. Al advertir tal propósito, los vecinos se disputaron la satisfacción de acoger á los pobres soldados, y hubo verdadera lucha para decidir en cuáles casas habían de permanecer mientras arribaban los furgones. i p l capitán general. Poco después de las cinco presentóse en Vicálvaro el automóvil de los Ingenieros militares, y descendieron del coche el capitán general, Sr. Villar y Villate, y el gobernador militar de Madrid, Sr. Bascaran. Ambas autoridades presenciaron aún parte de la cura y ordenaron oportunas medidas T raslado de los heridos. Dos furgones de Sanidad Militar convenientemente dispuestos llegaron también próximamente á las siete. Una Hora después los heridos eran colocados en los coches y se organizaba el traslado á Madrid. Formáronse dos convoyes. l ¡n el que primero salió iban los heridos graves y el artillero fallecido; en el segundo, los leves. A paso lento, y escoltados por dos seceiones, pusiéronse en marcha, y en el camino les sorprendió parte de la tormenta que en mayores proporciones descargó sobre Madrid de diez y media á once y media. El paso de aquel cortejo de dolor por las Ventas y el primer trozo del poblado de la carretera de Aragón, á la luz cárdena de los relámpagos y bajo el fragor de los truenos, constituía un espectáculo imponente, que rodujo honda impresión entre las gentes e aquellos lugares, ya noticiosas de la catástrofe. piadosa escena. -ídem Santiago Gallego, J lesiones varias; menos grave. ídem Nicomedes Urefía, lesiones; leve. ídem José Sánchez, leve. ídem Ciríaco Moiñugo, leve. p l muerto. x 331 desdichado artillero apuntador de la pieza, que ha resultado muerto, se llamaba Andrés García. No se conocen más detalles de su filiación. Su cadáver ha sido llevado al depósito deljiospital Militar de Carabanchel. f i n el hospital Militar. A las once y media de la noche llegó al hospital Militar de Carabanchel un furgón que conducía el cadáver del referido soldado. El médico de guardia, D. Leopoldo Martínez Olmedo, ordenó que fuese trasladado al Depósito, donde se le practicará hoy la autopsia. pl cuarto regimiento ligero. -Este regimiento es moderno; se fundó en 1882, y además de moderno es de los mejor organizados, puesto que se reformó su constitución y armamento en 1896. Son, pues, los cañones que tiene de los mejores que posee el Ejército español: piezas de tiro s rápido perfectamente probadas y montada Añadiremos que mandan el Cuerpo dos jefes facultativos muy prestigiosos: el coronel D. Teodoro de Ugai te Guerrero y el teniente coronel D. Antonio deTavira A costa, p n e l Gobierno militar. Sabido es que el Gobierno militar, desde que ocurrió el hundimiento del edificio en que se hallaba establecido al final de la calle Mayor, funciona interinamente en el tercer Cuerpo del cuartel de la Montaña Allí, después de darnos tres veces el alto, logramos ver al sargento y al oficial de guardia y á los telegrafistas Nos dijeron que por haber estado en el lugar del suceso todas las autoridades militares y haberse comenzado allí mismo áinstruir el sumario no tenían noticias detalladas del accidente, ni otra referencia que el primer telegrama cursado en que se dio cuenta de la catástrofe. Parece, y esto no lo escucnamos á las personas á que antes nos referimos, que la primera impresión llegada al obierno militar fue la de que resultaron tres muertos v ocho heridos, uno de ellos muy grave, I J n rumor. Hemos oído asegurar, y como rumor lo consignamos, que se piensa conceder á los heridos una cruz pensionada, sin perjuicio del derecho que en su día les asista para el ingreso en el Cuerpo de Inválidos. A las ocho y media de la noche llegó á la Ciudad Lineal, dispuesto á proseguir á pie su viaje hasta Barajas, un jornalero cuyo hijo pertenece como soldado al cuarto ligero de Artillería. El hombre, angustiado, suponía á su hijo entre Jas víctimas del suceso. Casualmente pasaba en aquel instante por la carretera el furgón de Sanidad, en el que iban parte de los heridos, y por alguno de éstos y por la escolta que detrás del coche iba pudo el angustiado padre cerciorarse de que, afortunadamente, sus temores eran infundados. 1 e madrugada. En las primeras horas de esta madrugada acudimos á la clínica para enterarnos del estado de los heridos. Estos, en su mayoría, duermen tranquilos, sin que haya aumentado ía gravedad de los sargentos. Los practicantes de guardia van de cama en cama tomando las temperaturas con el t tTn el Buen Suceso. Eran más de las nueve cuando los furgones se detuvieron ante la verja del Buen Suceso. Allí, por ser la Clínica militar de urgencia, iban destinados los heridos. Trasladados á la sala de operaciones, fueron sometidos á una segunda y más detenida cura. La practicaron el director de la Clínica, médico mayor D. Eduardo Semprún; el de guardia, D. Ramiro Torreira, y los practicantes D. Teodoro La Morena (cabo) y sanitarios D. Leopoldo Pérez, D. Francisco Martínez, D. Miguel Díaz, D. Aurelio Barrios y D. Enrique Herrera. A prevención se había pedido ampliación de instrumental al Hospital Militar. Instantes después personábanse en el Buen Suceso el capitán general y el gobernador militar, quienes conversaron con los heridos cuyo estado lo permitía, prodigándoles toda clase de consuelos. I os heridos. Fueron éstos después instalados en la sala grande, y se procedió á registrar sus nombres. La filiación completa no se conocerá hasta que hoy se dé en la orden del Cuerpo. He aquí la lista de las víctimas supervivientes: Sargento Nemesio Miñambres; tiene la pierna derecha amputada; pronóstico, muy grave. Sargento Julián Lorenzo; tiene el brazo derecho acribillado y se lo amputarán hoy; grave. Cabo Aureliano Juan; tiene el pie derecho amputado; grave. Artillero Agustín Prieto, tiene el pie derecho amputado; muy grave. pvetalles. f