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AB C. MIÉRCOLES 16 DE SEPTIEMBRE DE 1908. EDICIÓN 3. a PAG. 6. EL CRIMEN DE HOY UN HOMBRE MUERTO A las cuatro y media de esta madrugada recibió aviso telefónico el Juzgado de guardia de que se había encontrado el cadáver de wn hombre en la calle de Moreno Nieto. Seguidamente partió el Juzgado, que era el de la Universidad, acompañado del actuario y seguido de los reporten. Cuando llegamos al sitio indicado en el aviso vimos tendido sobre el suelo, en posición decúbito supino, con las piernas en arco, un hombre modestamente vestido, que se bañaba en un charco de sangre. I os primeras pesquisas. A la lúa de los faroles de los serenos fmé reconocido por orden judicial el cadáver, de cuyo examen, hecho por el médico Sr. I, avín, se desprendía que la muerte la produjo un tiro de escopeta, cuyos múltiples proyectiles habían destrozado casi todo el costado derecho, esparciéndose algunos por la espalda y habiendo producido la muerte por hemorragia interna. pviligencias judiciales. Entre las tintas sombrías de un amanecer plomizo, comenzó el juez á instruir las primeras diligencias, interrogando en primer término al sereno de la calle de Juan Duque, que fue quien primero dio conocimiento del hecho. Manuel Bueno, que éste es el nombre de la autoridad nocturna de la calle Juan Duque, manifestó que hallándose vigilando en dicha calle oyó una fuerte detonación que le puso en alarma. El sitio de donde había partido el tiro es un lugar sin urbanizar abierto desde la ronda de Segoyia á la calle de Juan Duque. AHÍ se- dirigió el sereno y vio como un bulto que se movía y lanzaba débiles lamentos. 1,0 accidentado del terreno hizo que tardara algunos minutos en llegar, observando con el natural espanto que lo que ante sí tenía era un cadáver. Hizo la señal de alarma, á la que acudieron una pareja de guardias de Seguridad y otra de la Guardia civil, las cuales se apresuraron á dar parte en la Comisaría de la patina, una, y á recorrer la otra los alrededores, por ver si encontraba algún sujeto sospechoso. I 1 n detenido. A un sujeto, que fue hallado en la Carrera de San Isidro, le condujeron á la presencia del juez, quien le interrogó sobre qué hacia allí á tales horas, las cinco de la mañana, medio oculto entre los montículos de escombros. El detenido manifestó que era un obrero sin trabajo despedido recientemente de las obras de la estación del Norte, y que la noche anterior, después de cenar en una taberna, se había ido á dormir en el sitio donde le hallaron. Ante la turbación de este sujeto, el juez insistió en sus preguntas, no logrando obtener más noticias que las de que se llamaba José García Jiménez, que era natural de Navaluenga, provincia de Avila, y que estaba sin ocupa ción ni domicilio. v Dijo también que, á pesar de lo inmediato que se hallaba al sitio donde sonó el disparo, él no había oído nada. Registrado que fue, se le- encontro una faca, pasando por orden del juez como detenido á la Comisaría del distrito. Como la herida era evidentemente de tiro de escopeta, las pesquisas se dirigieron hacia quién pudiera tener esa clase de armas por aquellos contornos. Inmediato al lugar del suceso se Halla la finca denominada ranja del Atanor, 3 á ella se dirigió el Juzgado, y nosotros detrás, resbalando por aquellos lugares, que lalluvia había puesto intransitables. p n la huerta del Atanor. A la voz de ¡abrid á la autoridad! dada en la verja de la finca, nadie respondió hasta pasado buen rato. Al fin abrió el portero, sometiéndolo entonces el juez á un rápido interrogatorio. El portero manifestó que no había oído disparo alguno; que estaba acostado, y que ni él ni su mujer habían notado nada anormal hasta que llamó la Justicia. Le preguntó el juez que si la finca tenía algún guarda, á lo que contestó que sí, que había uno llamado Andrés Lozano, el cual vigila la granja desde la puesta del sol hasta las siete de la mañana. á llamar al guarda citado, que no pareció, no obstante los repetidos llamamientos de que fue objeto. A las cinco y media, de la mañana se nabían destacado en eL- interior de la finca varios agentes y guardias, sin que lograran encontrarle. el criminal? Quién esapremios del tiempo nos obligaLos ron á abandonar aquel lejano lugar para poder informar á nuestros lectores del misterioso crimen, sin que se hubiera podido esclarecer nada acerca de quién lo ha perpetrado. Quién es el muerto? logrado, á las seis de la Tampoco se ha mañana, la identificación de la víctima, sobre la cual sólo existía, como indicio de su nombre, un pañuelo blanco de algodón con las iniciales P. G. marcadas en rojo. El muerto no tenía armas; sólo se halló al lado un tosco palo, como rústico bastón, á unos tres metros del cuerpo del difunto. que no advirtió siquiera que se hubiera dls- J parado un tiro por aquellos alrededoies, f E 1 guarda no se encuentra. procedió Por orden judicial se p l arma. La escopeta de que se incautó el Juzgado, y que estaba en poder del guarda cuando éste fue hallado por la Policía, dormido ó haciéndose el dormido, cerca del kt gar de la ocurrencia, es de las corrientes, de un cañón, y en el momento de ocupársela tenía puesto un cartucho cargado de perdigones. Una vez prestada su declaración, el juez de guardia, Sr. Moreno, ordenó fuera Andrés de nuevo encerrado en el calabozo, en donde quedó incomunicado á disposición del juez de la Latina, que es á quien corresponde la instrucción de este sumano. El otro detenido continuaba también á mediodía en el Juzgado. f uando todavía no había terminado el juez de guardia las diligencias primeras del crimen de la Granja del Atanor, llegaba al Juzgado la noticia dada por el hospital de la Princesa de qvie había ingresado allí un herido muy grave, procedente de Chamartín de la Ros Inmediatamente el Juzgado, compuesto del juez, Sr. Moreno; el escribano Sr. Unzueta, oficial San Martín y alguacil Barrios, personóse en el hospital con propósito de interrogar ai herido. Este, que se llama Mamerto Gómez Coronado, de veintitrés años, jornalero, con domicilio en un alfar de la Huerta del Obispo, dijo al juez que ayer, á las ocho de la noche, Be halló á un amigo suyo, jornalero tamhién y de nombre Francisco, y convinieron ambos en comerse juntos sus respectivas cenas, para lo cual se dirigieron á una taberna establecida en las Cuarenta Fanegas. En el camino se encontraron con un conocido de su amigo Francisco (del que ignora nombre 1 nspección ocular. Después de lo que anteriormente deja- y apellido y del que sólo sabe tiene el oficio mos relatado, el Juzgado se retiró del lugar de carretero) que se les unió, á invitación del suceso con objeto de llevar á cabo dili- del Francisco, yendo los tres al establecigencias relacionadas con otros sucesos de miento. Además de las cenas que Mamerto y Franla guardia. Encontrábase practicando una de éstas cisco tenían dispuestas, pidieron algunas cuando se recibió aviso de que había sido cosas más, que, acompañadas de varios frascos de vino, consumieron. detenido el guarda. Al llegar la hora de pagar dijo el herido El juez resolvió personarse de nuevo en la huerta del Atanor con objeto de realizar que debían hacerlo por iguales partes los tres, rechazando esta justa proposición los inspeeción ocular. Serían próximamente las seis cuando el otros dos comensales y trabándose por este Juzgado llegaba nuevamente al lugar del motivo de palabras el carretero y Mamerto. Este, entonces. se sintió herido, cayó atiehecho. Comenzóse la inspección, y bien pronto se pudo observar que en un portillo rra y sólo vio que el carretero huía. Mamerto, cuyo estado es muy grave, tie que tiene la cerca de la huerta, y que está arreglado con tablas, había tanto por la ne una herida de arma blanca situada en el parte de dentro como por la de afuera gran- tercer espacio intercostal, que atraviesa la des manchas de sangre, manchas que coin- pleura, y el pulmón izquierdo. La Guardia civil busca al carretero, el cidían con el rastro de sangre que llegaba hasta el sitio donde se halló el cadáver, por cual ha de ser puesto á disposición del Juz lo que el Juzgado dedujo que el muerto ha- gado de Colmenar, que es al que corresponbía sido herido al asaltar la cerca de dentro á den las diligencias. fuera, y el derrame de sangre le hizo caer y rodar, por lo accidentado del terreno, hasta el sitio en que fue hallado por el sereno. OTRO CRIMEN ECOS MILITARES preclara el guarda. Terminada la inspección, y casi con el pleno convencimiento de que el guarda había sido el autor del homicidio, el Juzgado trasladóse á la Casa de Canónigos, adonde ya había sido llevado el guarda. Acto seguido, el juez, Sr. Moreno, le hizo comparecer á su presencia. Dijo que se llama Andrés Lozano García, de cincuenta años de edad y que vive con su mujer en el paseo de Melancólicos, 4, piso bajo. Negó toda participación en el hecho; dijo está de servicio como guarda de la finca de siete de la noche á siete de la mañana, y asegura que no sólo no disparó él su escopeta, sino C s t á ya impreso el nuevo reglamento táo tico, y un día de éstos se enviará á los Cuerpos y se pondrá á la venta. Antes de ello habrá de publicarse una Real orden sobre saludos, pues habiéndose modificado éstos en el nuevo reglamento hay que disponer que la modificación se extienda á todo el Ejército, pues de lo contrario resultaría una falta de uniformidad en materia tan importante. El nuevo saludo se hace soDre la marcha: en el momento de llegar á su inmediación. á las clases; cuatro pasos antes de llegar, á los oficiales; haciendo alto, á los generales, y en la forma en que hoy se hace á éstos, es