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A B C. MARTES J 5 DE SEPTIEMBRE DE 1908. EDICIÓN PAG. i3. de dulzura, resbalaba sobre el nuevo lector colectores, anuncio publicado en Ia (5 W 8 de hoy; según las bases del concurso, las de El Remo de Dios. obras comenzarán dentro de un plazo breve- -Sí, todo me ha sido claro; pero... que seguramente no ha de exceder de diez Y el espía asentía, moviendo la cabeza. Pronto se animó la conversación entre el meses. Atendiendo á lo expuesto, Su Majestad L CONDE Y EL ESPÍA Era en el verano maestro de la novela rusa y su espía. Nunca puso en sus palabras mayor cordialidad. el Rey (q. D. g. ha tenido á bien disponer de 1897. Residía yo á la sazón accidentalmente en Desde su sillón de cuero, brillante y ardien- se llame la atención de V. E. y del AyuntaYassnaia Poliana, en el pabelloncito del te su mirada, fija en el desconocido, Tolstoi miento que tan dignamente preside á fin de parque, y dedicábame á la lectura de los li- hablaba con inspirado acento de la regene- que se adopten con la premura que exigen bros de Tolstoi, que no había logrado lle- ración espiritual, de la verdad y de las vio- las circunstancias las medidas necesarias lencias gubernamentales para con los débi- para el cumplimiento de la citada ley. gasen á mis manos en mi ciudad natal. De Real orden lo traslado á V. I. á los Un día circuló el rumor de que un espía les y pequeños. Escuchábale aquel hombre, venía á instalarse en el poblado de Yassnaia y, mirándole, parecía que entendía perfec- efectos oportunos. Dios guarde, etc. Madrid 13 de Septiembre de 1908. -Poliana, con el exclusivo encargo de vigilar tamente aquellas abstractas explicaciones R. Andrade. á Tolstoi y á cuantos le visitasen. A mu- filosóficas. Ilmo. Sr. Director general de Obras puchos de nosotros nos intranquilizó la nueva. El maestro, en tanto, ni siquiera cuidaba Tolstoi, por su parte, sintió vivo interés por de enterarse de la misión de su huésped. íío blicas. el espía; desde que le fné mostrado se pro- pensaba sino que tenía delante un hombre, puso ir á verle, llevando consigo su Evan- ni le importaba más sino que le comprengelio. Su voluntad era. salvará- aquel hombre. diese y en él fructificara la fe. ASOCIACIÓN MATRIDiariamente, después del almuerzo, se Su influencia poderosa se había apoderapodía ver á León Nikolaievitch marchar al do de la voluntad del espía. Este, al cabo, se T E N S E DE CARIDAD encuentro de su espía con paso rápido, un despedía, llevando consigo la segunda partanto acelerado. Los bolsillos de su larga te del Reino de Dios. En la última reunión celebrada por la blusa teníalos atiborrados de libres. La satisfacción de Tolstoi rebosaba de sus Asociación Matritense de Caridad, presidi- ¿Pero no temes nada? -le reconvenía al ojos. Le hice observar que aquel hombre no da por el conde de Penal ver, se trataron alalmorzar, con alarma de espanto, su mujer, había entendido su explicación, y él, con gunos asuntos de interés. Sophia Ándrievna... -Pero ¿no te puede vos; agitada, bruscamente, me replicó: El alcaide dió. cuenia de estar ya termina- -Usted es quien no la comprende traicionar? do el nuevo Asilo de mujeres, situado en la Luego, después de comer, como arrepen- calle de Pellejeros, que desemboca en la ca- ¡Cómo! -la replicaba el catequista de la novela, encogiéndose de hombros. -Dema- tido de la rudeza de su expresión, vino en rretera de Andalucía, cerca del puente de siado sabe el Gobierno que soy yo quien es- mi busca y me halló leyendo. Su semblante Toledo. Bn él se han albergado ya 98 mutenía cierta unción evangélica. Examinó el jeres. cribe esos libros. Y decidido y tenaz, salía á buscar al espía. libro que yo leía, disertó sobre algunos de También anunció el conde de Peñaíver Al volver de tales paseos refería á sus pa- sus pasajes y con voz profunda y tierna que para fin de año estará terminado el riente entusiasmado, cómo poco á poco se como la de un niño vino á decirme, en un magnífico Asilo de la Paloma, al cual se iba infiltrando en el ánimo del espía el es- rasgo de espontaneidad: trasladarán los albergados de San B? rnar- -Muchas gentes me reprochan que pre- dino. píritu religioso. -Es natural- -decía Tolstoi, -hasta ahora dique doctrinas evangélicas y esté en liberEstos asilos quedarán entonces á disposino había comprendido la enseñanza de tad... Otros tienen miedo de que este hom- ción de la Asociación Matritense bre, este espía, me traicione... Es espantoCristo. Se acordó recordar á las empresas teatraCierto dia, un hombre entró en el parque so... Y usted mismo, usted es de los que me les su ofrecimiento de dar una cantidad, en de Yassnaia Poáana. Había pasado la hora acu san. Ni unos ni otros me comprenden. substitución del sello de caridad que se hadel almuerzo. Todos se hallaban en el bos- ¡Yo deseo la prisión! ¡Iría á la prisión con bía propuesto, y rectificar el padrón de la que ó en la aldea. Tolstoi hallábase recluí- alegría! Ansio que las puertas del calabozo suscripción de caridad, que tan excelentes do en su cuarto subterráneo trabajando. No escondan á mis ojos por siempre este mun- resultados ha dado. do de horrores. Entonces sentiría y probaría estaba yo lejos. A este fin se publicará un bando de la Dígame, os lo suplico... ¿de qué modo en tni fuero interno lo que no he percibido Alcaldía excitando al vecindario á perseverar en su buena obra. podría comunicar al conde Tolstoi que he más que por los ojos, desde fuera. fil dolor puso un reflejo de acero en su Entre otros acuerdos de menor importanvenido? Quien me preguntaba acababa de entrar mirada y comprendí sus sufrimientos por lo cia se adoptaron los de conceder 37 socorros ordinarios, importantes 235 pesetas; tres soen el parque. Era hombre de escasa estatura más noble de la vida. Meses después, el espía había renunciado corros urgentes, 10 plazas en asilos y viajes y de aspecto misterioso en el semblante y á su infamante misión. Lo encontré en Mos- para 21 personas que desean ausentarse de los gestos. cou, en casa de un editor. Tolstoi lo había Madrid. -Ved... le traigo este libro... Dos cuestiones principales preocupan á Y me alargó un ejemplar de El Reino de colocado. Ganaba un salario de 75 rublos la Asociación Matritense de Caridad. Una Dios, edición de Berlín. Temí que fuese el por m 4 s. de ellas es la gran afluencia de asilados K. Z. espía; pero ahogué mi alarma y le insinué: eventuales, que son los mendigos que á dia- ¿Queréis verlo? Voy á avisarle... rio se retiran de la vía pública. -No, no. Preiiero esperarle. Me sentaré. Esta afluencia es determinada por los Saldrá pronto de casa, quizá... Deseo abormendigos que constantemente vienen de LA CANALIZACIÓN darle en seguida. iuera, pues ocurre que, á poco de hacerse El desconocido hablaba atropelladamenpobres, vuelve á enconte. Situóse junto al árbol de los pobres- PronDEL MANZANARES una recogida debuena cantidad de ellos. trarse en la calle to la alta estatura de Tolstoi se dibujó soEsto impone á la Asociación considerable bre la escalinata. Vestía su blusa blanca haor el ministerio de Fomento se na meta- aumento de gastos, bien para costear las bitual, ceñida a! talle por un cinturón de do la siguiente Real orden: estancias en los asilos, bien para abonarles cuero, y cubría su cabeza con su especial limo. Sr. Con esta fecha digo ai exce- los. viajes á los respectivos puntos de procegorra estival, bajo la cual asomaban sus calentísimo señor alcalde del Ayuntamiento dencia. bellos nevados. La segunda cuestión está determinada- -lAh! -prorrumpió el maestro- ¿usted de Madrid lo que sigue: Excmo. Sr. La ley de 13 de Agosto úl- por la falta de una ley de vagos. Hay buen también ha venido? Bien, muy bien. Entremos en mi cuarto. No tengo nada que timo autoriza al Gobierno de S. M. para que número de mendigos que se dedican á ejerejecute por cuenta del Kstado las obras de cer la lucrativa industria, á pesar de enconhacer. I, a voz del novelista sonaba gratamente, canalización del rio Manzanares, así como trarse en buena edad y con bueua salud, con tono de caricia. Estrechó la mano de su las que sean precisas para la regularización por un horror invencible al trabajo. Estos de i as aguas que hayan de constituir su individuos son recogidos una temporada eu visitante y lo acompañó. Yo los seguí. al Ayuntamiento- -Sentaos, sentaos- -le dijo luego. -Ven- caudal; impone tambiénde proceder simul- los asilos, donde se niegan en absoluto á de Madrid la obligación trabajar; se sueltan, y vuelven á la vaganga acá. táneamente al saneamiento del El hombre le entregó el libro y tomó la villa y corte, contribuyendosubsuelo de cia y á mendigar. ¿Qué se hace con ellos? el Estado Las leyes no ofrecen medios para corregir asiento en una silla detrás del sillón que el con el 50 por 100 del importe total de su conde le señaló. coste y con la consiguiente intervención del este mal. Por eso se echa muy de menos J a falta de una ley de represión de la vagancia. -I,o he leído- -silabeó el hombre. -Es in- misino. Mientras tanto, la única medida eficaz teresante y es verdad. En cumplimiento de esa ley, el ministe- que puede aplicar el vecindario es no dar li- -Bien, bien. Dígame: ¿Jia comprendido rio ha anunciado la celebración de un con- mosna en la calle á ningún mendigo. usted este pasaje? -preguntábale Tolstoi, después de haber buscado en el volumen curso para la ejecución de las obras de ca 1 0 I mi una página; y al hablarle, su mirada, llena nalización, regula iz ción de las aguas y UNA ANÉCDOTA DE TOLSTOI P