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DE TODO EL MUNPOR CABLE, POR TELÉGRAFO DE TODO EL MUN POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y r, B j v BARCELONA. DESPRENDIMIENTO DE TIERRAS RONDA DE LA UNIVERSIDAD DURANTE LOS TRABAJOS DE SALVAMENTO BE LOS OBREROS SEPULTADOS EN LA ALCANTARILLA EN CONSTRUCCIÓN Fot. Baile! DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL A B C EN BERLÍN O S GORRIONES L, as once de la ma ñaña... En la MiffelsBERLINESES trasse los transeuntes van y vienen atravesando la calle con apresuramiento para ganar las vías rumorosas de la Friedrichstrasse y Unter- denLinden... TTnso tibio envía sus rayos ver- D. AUGUSTO GONZÁLEZ BESADA NUEVO MINISTRO D E HACIENDA gonzosos sobre la acera de la derecha, y en el huequecito que calientan los rayos del sol media docena de coches de alquiler esperan pacientes con el Frei del taxímetro levantado. No. hay quien disfrute de mejor apetito que el alemán, y en Berlín las gentes comen á todas horas y con cualquier pretexto. L ¿os animales también, naturalmente. Así, en cuanto un coche llega al punto lo primero que el cochero hace es f acar el zurrón del pienso y colgársele del pe; caezo al caballo. Estos seis pencos que en la Miffelstrasse esperan la problemática llegada de un cliente se atracan pacíficos, y si en todo el día no se ocupa el coche, en todo el día no se quitará el cabalo el zurrón del pescuezo. Los aurigas, en tanto, reunidos en la reslauration vecina, comen también sendas rebanadas de pan con manteca, se apiporran de cerveza y discuten de política. Entre ellos se tratan con una barbaridad de respeto, y cada vez que se dirigen la palabn. llamándose por sus nombres, lo hacen poniendo siempre por delante el señor Fulano, ó señor Mengano... ¡Oh! Es muy fino, muy correcto, el cochero berlinés... L, os caballos, de vez en cuando, para limpiar de paja el grano contenido en el zurrón, dan un gran resoplido... En un momento queda un trozo del pavimento alrededor de las patas delanteras sembrado de pajitas diminutas, y á ellas acuden los gorriones por docenas. Y es curioso ver á los caballos rodeados de un enjambre de pájaros y sin atreverse á hacer el menor movimiento por miedo á aplastar á algún gorrión. I s pajarillo. ea tanto, pían, saltan, picotean, seguro a impunidad, y aunque os acerquéis á eiioj, ni volarán espantados, ni siquiera se retirarán con desconfianza. El gorrión, que ya es un poco sinvergüenza, calculad lo fresco que será aquí, donde nadie le hace el menor daño. Porque en Berlín no hay necesidad de poner letreros prohibiendo á los niños que D. JOSÉ SÁNCHEZ GUERRA NUEVO MINISTRO DE FOMENTO