Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
DE TODO EL MUNDO, POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y TELÉFONO jg jg DE TODO EL MUND O POR? CABLE, POR TELÉGRAFO Y TELEFONO t EL TRIUNFO DE LA AVIACIÓN EL AEROPLANO DELAGRANGE QUE HA BATIDO TODOS LOS RECORDS DE LA AVIACIÓN REALIZADOS ÉN EUROPA HASTA LA FECHA Fot. Rol. EL PERSONALISMO DE MONTAIGNE escribo estas líneas en Burdeos. Esta rua ñaña he ido á la Biblioteca municipal. Era la hora exacta en que se abría. En España los relojes de las Bibliotecas van atrasados cuando las Bibliotecas se abren, y adelantados cuando, las Bibliotecas se cierran. I, a Biblioteca municipal de Burdeos estaba abierta a s a hora reglamentaria; su reloj marchaba perfectamente; el bibliotecario se hallaba en su sitio. En España, un bibliotecario es un señor que va á llegar de un momento á otro ó que acaba de marcharse hace un instante El bibliotecario del Municipio de Burdeos no iba á llegar ni acababa de marcharse. La Biblioteca municipal de la ciudad francesa se encuentra en una plaza solitaria, silenciosa. No es excéntrica esta plazuela, y sin embargo, hay en ella ese reposo, ese ambiente de paz, que hay en las plazuelas y recodos de las viejas y muertas ciudades. A su lado, la Biblioteca tiene una iglesia. L, os dos edificios son de sillares grandes y ennegrecidos. El zaguán de la Biblioteca es el de un noble y limpio caserón. Una señora vestida de negro, mira á los visitantes desde detrás del ancho cristal de la portería. ha. escalera aparece clara y suave. Arriba eneima de una puerta, se lee: Safa de lectura. Se penetra en un pequeño vestíbulo; á dos pasos de la puerta hay una larga mesa; el EL CARDENAL VANNUTELLI piso es de tablas pulidas, brillantes; un busto de mármol, puesto sobre una baja colum- PRESIDENTE DEL CONGRESO EUCAR 1 Sna, resalta en el fondo. No hay nadie en esta T 1 C 0 DE LONDRES sala; no llega de ninguna parte ni el menor ruido. El visitante primerizo se detiene perplejo. A la derecha se ve una puerta; á la izquierda, otra. ¿Qué hacer? I, as dos puertas están cerradas. ¿No será todavía la hora de entrada en la Biblioteca? El reloj señala las nueve y dos minutos. ¿No marchará bien- -como en España- -el reloj de la Biblioteca? He apoyado la mano en el picaporte de una de las dos puertas é intentado abrir. I, a puerta se ha abierto suavemente, sin ruido. He entradoen una sala llena, de estantes. Todo el recinto lo ocupan mesas para escribir. Dos ó tres señores y otras tantas seño- ras se inclinaban silenciosos sobre los libros Junto á la puerta, en un alto- estrado, se halla un señor de barba gris. Es el bibliote- cario. He cogido una ancha hoja blanca y he escrito el libro que deseaba. Tenía mis du- das respecto al resultado de mi petición. Me: he acercado al bibliotecario qon la hoja en la mano. ¿Será posible consultar este li- bro? le he preguntado. En seguida me ha contestado este señor de la barba gris. Se ha levantado rápidamente, ha entrado por una puertecilla y ha salido al momento con unr grueso volumen en la mano. He tomado y me sentado. El libro que yo tenía ante mí era un ejemplar de la primera edición de los Ensayos de Montaigne. L, as márgenes de este mismo ejemplar, Montaigne las llenó de largas, copiosas notas. El Ayuntamiento de Burdeos, hoy está publicando una edición de los Ensayos, sobre este mismo ejemplar y sobre las variantes de ediciones posteriores, que será una obra monumental, definitiva. Yo tenía ante mí este ejemplar que corrigió y anotó el filósofo; se me había entregado sin dilaciones ni formalidades de ningún género. Durante una hora he ido examinando estas correcciones hechas por Montaigne y estas notas de letra larga y firme, ya amarillenta casi ilegible en algunas páginas. ¿No sería una vulgaridad afirmar que Montaigne es uno de los escritores que hacen pensar más y más diversamente? 1 Hay dos espíritus qué representan de la manera más elevada las dos modalidades en que se divide la humanidad: Montaigne y Shakespeare. El uno es el clásico; el otro es el ro-