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A B C V I E R N E S i D E S E P T I E M B R E D E 1908. EDICIÓN i. PAG. 5. TVe lo anteriormente expuesto se deduce la importancia que habrá de tener el Congreso, y comprendiéndolo así el Gobierno, ha prometido contribuir á los gastos que ocasione la celebración de esa asamblea, como consecuencia de la cual habrá que imprimir diversas importantes Memorias, que les serán distribuidas á los congresistas sin abonar más cuota que la de la inscripción. En el Ateneo científico y literario de Madrid les serán faciiitado gratis á cuantas personas lo soliciten los reglamentos del Congreso y estatutos y circulares de la Asociación general científico- española. Pasaron días y días, y D. Arsenlo cada vez se presentaba menos comunicativo. Por fin, -una nocke entró radiante en el café. ¡Había concluido su magnífico invento! El héroe invitó á presenciar las pruebas á varios amigos. Con gran sigilo los introdujo en, su laboratorio, y llevándolos con cierto misterio se detuvo ante un aparato. ¡He aquí, señores, lo que tantas vigilias nte ha costado. -Bueno, ¿y esto qué es? se aventuró á preguntar uno de los invitados. ¡Ah! -dijo solemnemente D. Arsenio, -gracias á esto que ustedes ven puede conseguirse en toda su pureza la destilación de vinos y licores. ¡Pero D. Arsenio- -exclamó sinceramente uno de la reunión, -si eso es el alambique! ¿Y para descubrirlo ha estado usted tanto tiempo? ¡Justamente! -respondió el inventor, un poco aturdido. ¡Pueshace ya unos cuantos años que existe lo que usted acaba de inventar! El pobre D. Arsenio sintió como un horrible martillazo sobre el cráneo. Juzguen ustedes cuál no sería nuestro asombro cuando una buena tarde, no hace muchos días, se presentó radiante en el café nuestro fracasado inventor después de un año que no le veíamos. -Señores- -exclamó, frotándose las manos. -Ahora sí que va de veras. ¡He resuelto definitivamente el problema de la aviación! ¡Aviados estamos! -le interrumpió un escéptico de la tertulia. -Nada- -dijo con calor D, Arsenio. -Eso se ve ahora mismo. -En marcha- -exclamaron todos, deseosos de admirar el nuevo invento. Y en el camino de Hortaleza, junto á un ventorro, hicimos alto. Allí estaba un hombrecillo, desmedrado de aspecto y de una indumentaria que decía más que una cédula personal. Gómez, que así se llamaba aquel hombre intrépido, obedeció el mandato de D. Arsenio y comenzó á colocarse unas enormes aletas giratorias que partían de un motor complicadísimo. Nosotros seguíamos con curiosidad todo aquel proceso, viendo á Gómez en el tejadillo del ventorro dispuesto á volar. ¿Está usted listo? -preguntó á aquel pobre diablo, en un silencio expectante, don Arsenio. -Cuando usted quiera- -respondió el hotnbre- pájaro. bruces ea el sudo, lastimándose las narice que es lo mejor que tenía. D. Arsenio prorrumpió en un ¡caramba; definitivo; pero con gallardo gesto ordenó á Gómez que repitiera la suerte. Pero éste, con razón resentido de la caída y del experimento, plegó las alas y encarándose con D. Arsenio dijo: ¿Quién, yo? ¡Cómo no suba mi señor padre! No hubo manera de convencerle, y don Arsenio, cruzándose de brazos, exclamó con dolorido acento: -El porvenir me hará justicia! Luis GABALDON. VISTO Y OÍDO 1 A CONQUISTA Voy á presentar a usteDEL AIRE des á un inventor fracasado, eso sí, pero inveHtor por derecho propio, corno los senadores. El lamenta que en el extranjero se le hayan adelantado en la resolución de un problema tan importante como el de la conquista del aire; pero se promete ganar lo perdido perfeccionando su obra definitiva y capital. ¿Quién es el héroe? D. Arsenio Quin tanilla, empleado á las órdenes de Rodríguez San Pedro. Sus principios en la mecánica fueron modestísimos. ROBO EN UN HOTEL pfn nuestro número de ayer dimos euenta de un robo cometido en el hotel núnie ra 46 del paseo de Rosales, domicilio del comisario de guerra Sr. Piquer. Por el reconocimiento que se practicó en la casa se pudo averiguar que el robo revestía más importancia de lo que en un principio se creyó. I os ladrones habían desvalijado por completo el hotel, llevándose ropas, alhajas y efectos por valor de unas diez mil pesetas, ha. Policía se dedicó á la busca de los autores del robo, y, tras muchas pesquisas, logró averiguar que ayer mañana se presentaron en una preadería dos hombres acompañando á dos mozos de cuerda que veníaa cargados con los efectos robados. I OS desconocidos propusieron al prendero la venta de aquellos objetos en la cantidad de 700 pesetas. El industrial rechazó la proposición, y entonces los vendedores le rogaron que los retuviera en su casa hasta que volvieran á recogerlos. Accedió el dueño de la prendería y retu- vo en su establecimiento todos los objetos que le dejaron aquéllos, y que resultaron ser los autores del robo del hotel. El Sr. Millán Astray estableólo un ser vi vicio de vigilancia ea las inmediaciones de la prendería. Ayer mañana se presentó uno de los vendedores; pero, sospechando que se le espiaba, se retiró. Entonces la Policía le detuvo en la Glorieta de Quevedo, conduoiéndole al Gobierno civil. El detenido se llama Manuel Alvarez, y ya ha extinguido condena por robo. Poco después fue detenido otro individuo, al que también se condujo á presencia del Sr. Millán Astray. Seguidamente fue llamado al Gobierno el dueño de un puesto situado frente al hotel robado. El prendero reconoció á los detenidos, no vacilando en asegurar que aquellos individuos estuvieron en su establecimiento la noche del robo, y que luego estuvieron rondando el hotel. I,o s detenidos quedaron á disposición del juez de Palacio. Remontémonos ligeramente á su pasado. Era D. Arsenio uno de esos hombres maosos que hacen primores en la marquetería; todos sus amigos disfrutaban de algún objeto construido por él. Lo mismo arreglaba un reloj que componía una bicicleta, y hasta en algunas ocasiones su genio de mecánico le había conducido á la realización de algún modesto invento. Cuando llegaba á su casa, D. Arsenio, con verdadero entusiasmo, daba comienzo á las labores propias de su seso. A veces, la fiebre de lo desconocido le mantenía en su domicilio horas y horas, olvidando la oficina y hasta su tradieional tertulia del café. Sus amigos llegaron á preocuparse t ¿Cuál sería la causa de esta grave infracción en una vida tan reglamentaria como la de D. Arsenio? Cuando éste ss veía acorralado por las preguntas de sus amigos, sonreía satisfecho de la curiosidad que despertaba: Ahí Ya verán ustedes- -decía- -cómo no pierdo el tiempo; tengo entre manos un invento de una utilidad maravillosa. Pero no le pudieron sacar otra cosa en limpio. PEQUEÑA PLANCHA A yer, á eso de las once de la raañana, mar ehaba tranquilamente por la calle de San Bernardo un obrero, llamado Antonio Sacristán Fernández, cuando de improviso se vio detenido por un agente de Policía. Quiso Sacristán averiguar la causa de su detención, y el policía se limitó á contestarle: -Sígame usted. El agente condujo á Sacristán á la Comisaría de la Universidad, en uno de cuyos calabozos permaneció tres horas encerrado. Transcurrido este tiempo y sin tomar declaración alguna, atado codo con codo, fue ¡A la una, á las dos y á las tres! -áí D. Arsenio dando una recia palmada. Gómez, con la fe de un iluminado, extendió las alas y emprendió un movimiento en el espacio; pero inmediatamente cayó de