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AB C. JUEYES JO DE SEPTIEMBRE DE 1908. EDICIÓN i. aPAG. 14. CUENCA. LAS FIESTAS DE SAN JULIÁN LA PROCESIÓN DE LA URNA EN QUE SE CONSERVAN LOS RESTOS DEL PATRONO DE LA CIUDAD da clot o y por trabajador tan benemérito. perseverancia, de las canteras de papel apoSin echar á vuelo las campanas, sino casi lillado y polvoriento, en donde viven á sus á la callana illa, como dicen, Pérez Pastor, con anchas y en continuo acecho los gérmenes sus Documentos cervantinos, ha hecho por lade mil enfermedades. Un doctísimo escritor fama de Cervantes y por la seria autoridad y bibliógrafo americano quiso comprar á de la Historia, enemiga capital de toda leyenda y de todo embuste, más que ningún cervantista de cuantos ha habido en el mundo. I, a admiración descaminada, que hace perder los estribos al entendimiento, nos había pintado al autor de El Ingenioso Hidalgo- unas veces como un justo, digno de ser puesto por santo en los altares, y otras veces como artificioso cultivador de una filosofía esotérica, logogrífica y endiablada; los documentos de Pérez Pastor nos le pintan como era: como un hombre con las excelencias y flaquezas de tal; de grande alma, pero con los pies en el lodo del suelo. Para demostrar que, en cambio, tenía el entendimiento en las alturas, ahí quedó su dulcemente irónico Don Quijote, libro divino, á fuerza de ser humano. Desde cinco años ha, Pérez Pastor, muy resentida su salud por el exceso de sus tareas como sacerdote; como archivero bibliotecario y, en especial, como investigador y erudito, más pensaba en la otra vida que en la presente. Así y todo, trabajaba cuanto poD. CRISTÓBAL PÉREZ PASTOR día, y enfermo dirigió la publicación y reFALLECIDO RECIENTEMENTE visó las pruebas de las dos últimas partes Fot. Aguilar. de su Bibliografía madrileña. Elegido académico de la Española, preparaba, ó, mejor Pérez Pastor, para el Gobierno de Chile, dicho, intentaba escribir su discurso, que aquellas noticias, aquellos apuntes; pero él, había de tratar de nuestro gran épico don pobre y todo, era español de la buena cepa, Alonso de Brcilla. Sabía de él muchísimas y, destinados para su discurso aquellos docosas que los demás ignoramos; todo lo ha- cumentos, ateníase al viejo refrán que dice: bía sacado á golpes de espiocha, á fuerza de Más vale mi gusto que cien reales Fot. Enero. Con todo esto, ¡no había de terminar aquel discurso cuyo terna tanto le engolosinaba el alma! Bien lo columbré yo por Julio de 1907 cuando le traje copiados de Sevilla dos interesantes manuscritos referentes al autor de La Araucana, y encontrados por mí al acaso en el Archivo general de Indias. Recibiólos con lágrimas: ¡estaba persuadido de que no acabaría su trabajo! Sintamos la muerte de Pérez Pastor como su bondad y su talento merecían; pero consuélenos la certidumbre de que ha quedado y perdurará viviendo en sus obras. Aun sin salir de este mundo, hay dos vidas para quien sabe y logra merecer más de una. Pérez Pastor lo supo y lo ha logrado. Ha muerto pobre, pero vivirá rico en nuestra memoria y en la voz de la fama. No fue él de esos egoístas y avaros, enemigos de la humanidad, que trabajan y agencian tan sólo para el heredero, quien muy luego dilapida lo agenciado y allegado, á fin de que o deje de cumplirse aquel refrán que dice: Padres ganadores, hijos caballeros, nietos pordioseros. Pérez Pastor ha trabajado magnánimamente para todos, para la gran familia, para la cultura nacional, y los bienes y hacienda que allegó no habrá deudo manirroto que los disipe. Y cuando pasen años y aun siglos, dirán las personas entendidas, al disfrutar las obras de Pérez Pastor, exactamente lo mismo que decimos hoy: En componer estos provechosos libros gastó lo más de su vida un hombre sabio, modesto y laborioso. ¡Bien haya su memoria! FRANCISCO RODRÍGUEZ MARÍN.