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A BC. JUEVES 10 DE SEPTIEMBRE DE 1908. EDICIÓN i. PAG. a APIPAg POR TIERRAS CASTELLANAS villa ducal, boy sonriente y plácida localidad, cuyos sencillos habitantes se entregan á las faenas de la agricultura con igual ardor que sus antepasadas á las de la guerra, conducidos por el gran duque de Alba, Urano de Flandes y Portugal. Puede decirse que dieron el último adiós á las aventuras belicosas después de picar la retaguardia á las huestes de Marmont, luego de desalojadas del Arapil, grande por las de Wellington, i Desde entonces, la villa se ha dedicado á reconstruirse y á resurgir á la vida práctica de la agricultura. Conserva, orgullosa, su historia, pero no su grandeza. Ha convertido ésta en mateiia más utilitaria. No hay casa de Alba que no tenga en su fábrica un sillar del antiguo y magnifico castillo de los duques. Be él sólo queda en pie un torreón á guisa de lápida conmemorativa de lo que un día fue poder semirregio de los Alvarez de Toledo. Coa el resto, levantando piedra á piedra, hicieron sus casas los albenses, y no es extraño ver, ¿como irónico contraste de los tiempos, una lámpara eléctrica, símbolo de los progresos del siglo de las luces, pendiente del luneto de un arco del señorial castillo, reliquia ¡del siglo de los Felipes. ¡Qué de cosas se dirán siglo y siglo! Por algunas de sus calles, por donde un día desfilaron pajes con la chía sobre los hombros y servidores de milicia armados de peto, espaldar, manoplas y celada, desfilan hoy garridos mocetones que llevan ó traen manadas de reses de las vegas del Tornies. 1 Un día vino un ministro á la villa. En el banquete que se le ofreció pronunció el inevitable discurso, en el cual llamó ciudad áAlba. Un discieto tirón del faldón de la levita le advirtió que había cometido el lapsus de considerar ciudad á la que es villa. -No me arrepiento- -exclamó el consejero con esa asombrosa facilidad con que todo lo arreglan los políticos de oficio, -yo gestionaré lo necesario para que la hoy villa sea ciudad. Y la principalía del pueblo fue la qae hubo Je gestionar que la promesa no se cumpliese, en consideración á que á la villa la iba muy bien de villa con su modestia presente y con s u grandeza histórica. Asi como asi, los políticos pretenden tratarla peor que los señores feudales de la antigüedid. Llegan unas elecciones y vienen á conquistar sus votos delegado en ristre y caballeros sobre sendas talegas de duros, aspirantes á una representación parlamentaria que luego pasean por Madrid como botín de una guerra en la que el sufragio universal quedó maltrecho y escarnecido á tos pies del dinero por obra y gracia del soborno, erigido en virtud nada cristiana de los tiempos presentes... AEMECE No es cosa de descubrir ahora para los lectores de A B C á Alba de Tormes, la ¡Qué tranquilos díasí ¡Qué felices tiemp- i en que nos importa la guerra en Marruecos porque aquí no bar Corte, ni Cortes, ni pueblo, ni gente importante ni gente de trueno, ni los que. se llaman políticos serios, que les cuenten planes á los noticieros! ¿Habrá todavía quien eche de menos aquellos discursos prolijos, eternos, sobre las ventajas que tendrán muy presto con la autonomía los Ayuntamientos? ¿Habrá quien ño goce con este silencio, que á todos nos deja tranquilos los nervios? ¡Oh! ¡Si esto sigaiera durante el invierno! ¡Si sólo trataran en torno al brasero, tanto provincianos como madrileños, de lo que ahora tratan, que no impoita un bledo! Pero, ¡ay! no es durable la dicha en el reino, y pronto, en Octubre, coa lluvias y vientos, vendrán las batallas por el presupuesto y huirán de repente la calma, el sosiego, la vida tranquila, la paz del desierto... ¡Qué lástima, oh Fabio que no disfrutemos ausencias más largas, ¡eternas! de nuestros prohombres ilustres, insignes, egregios! ¡Qué grandes! ¡Qué sabios resultan de lejos! ¡Qué á gusto estos meses estamos sin ellos... SINESIO DELGADO lección de Documentos cervantinos, buscados, hallados, estudiados y sacados á luz por el modesto capellán de las Descalzas Reales? Que á los hombres, como- á los árboles, se les conoce por sus frutos, cosa es que está dicha en el Evangelio. Y los frutos de este hombre bueno, afable y trabajador fueron, amén de sus buenas acciones y de su ejemplar conducta, que le granjearon la amistad de muchos y la simpatía, el respeto y la admiración de todos, hasta una docena de libros que vivirán celebrados mientras viva la eultura española. Sus catálogos bibliográficos, justamente premiados en los concursos públicos de la Biblioteca Nacional é impresos á expensas del Estado, le acreditan como digno sucesor de D. Bartolomé José Gallardo, segundo padre de la Bibliografía española, á la cual sacó de mantillas el insigne hispalense don Nicolás Antonio. Así en La Imprenta en Toledo (1887) y en La Imprenta en Medina dtt Campo (1895) como en ios tres volúmenes publicados de la Bibliografía Madrileña (1891, UNA IDEA DIARIA I os objetos de plata de comedor no deben limpiarse con pasta demasiado frecuenl tnente, porque acabarían por estropearse. Lo mejor es lavarlos con agua caliente cada vez que se usan, añadiendo un poco de jabón si tienen manchas, y luego se secan rápidamente con un paño suave y seco. PÉREZ PASTOR a muerte del muy docto y muy laborioso presbítero D. Cristóbal Pérez Pastor, acaecida en Horche (Guadalajara) á 21 del mes pasado, ha sumido en honda tristeza á los verdaderos amantes de la gloriosa literatura nacional. ¡No hay para cada día, á buen seguro, utr hombre como este que hemos perdido! Elevado en las miras, prudente en los juicios, perspicaz en las conjeturas, perseverante como pocos en el trabajo, con un caudal vastísimo de sólida erudición, toda de primera mano, y no cosechada á dos por tres, como ahora se estila, en los diccionarios enciclopédicos, Pérez Pastor ha prestado relevantísimos servicios á nuestra bibliografía y á nuestra historia literaria. Su elección para académico de la Española (Noviembre de 1905) más bien que pago de una deuda de honra fue mero reconocimiento de ella; que ¿quién puede finiquitar cuentas en cuyo cargo figuran alhajas de tan extraordinario mérito como la co- L POPLASDEL JUEVES. v CALMA CHICHA No se habla de nada. No ocurren sucesos; la gente no sabe si existe el Gobierno; de los solidarios no hay más que recuerdos; se olvidan las leyes que están en proyecto, y sólo contamos para entretenernos eon cosas que pasan en el extranjero. 1906 y 1907 nadie, por descontentadizo que sea, echara menos nada de lo que ahora puede y debe pedirse á un buen bibliógrafo; ni la puntual exactitud en las transcripciones y descripciones, ni las provechosas advertencias acerca de la historia del libro, dando desatadas las dudas que se ofrecían sobre tales ó cuales particularidades, ni la indicación, copia muchas veces, de sus noticias y pormenores más curiosos, ni cien peregrinos documentos hallados por Pérez Pastor, ya referentes á la impresión de las obras mismas, ya tocantes á la vida de sus autores, ó de los impresores que las sacaron á luz. Además, en las papeletas bibliográficas de Pérez Pastor siempre se indica en qué biblioteca pública ó particular vio el libro que describe, indicación útilísima, por cuya falta algunos catálogos bibliográficos, que Dios coufunda, hacen perder el tiempo y te paciencia en búsquedas infructuosas ai malaventurado que ha menester consultar una obra de las allí descritas. Otro grupo entre las de Pérez Pastor forman las de carácter biográfico, para cuya publicación halló editor generoso en el Marqués de Jerez de los Caballeros. Con este linaje de libros, principal fundamento de su fama, Pérez Pastor abrió nuevos horizontes en el vasto campo de nuestra historia literaria y señaló seguros derroteros á la in vestígación erudita, ganando por lo uno y por lo otro la admiración y el aplauso de los entendidos, dentro y fuera de España. Pero esta nueva labor no podía improvisarse; se había de hacer como Pérez Pastor la hizo: pasándose muchos meses, y aun no pocos años, obscuramente, como un minero, en el Archivo de Protocolos de Madrid, en el Histórico Nacional, en el municipal, en los parroquiales, y, en fin, en dondequiera que hay papeles viejos no bien explorados; allí donde yacían y yacen bajo el polvo secular las noticias singulares y estupendas, esperando, como el Lázaro del Evangelio y como las notas mudas del arpa de Bécker, la mano que llegue y la voz aue exclame: ¡Levantaos y andad! Sólo después de esta lenta y pacientísima preparación habrían podido componerse los libros intitulados Proceso de Lope de Vega por libelos contra unos cómicos (1901) Nuevos datos acerca del histnomsmo español en los siglos XYT y xvil (1901) Documentos para la biografía de D. Pedro Calderón de la Barca (1905) y Documentos cervantinos hasta ahora inéditos (1897 y 1902) obras estimabilísimas, y especialmente la última, en cuyo segundo volumen tuve yo la honra de colaborar, revolviendo los legajos del Archivo de Protocolos de Sevilla hasta encontrar y copiar doce escrituras de Cervantes inéditas, que, seguro de hallarlas, había ofrecido á Pérez Pastor en 1898, como tributo de la admiración y el cariño que siempre sentí oor amigo tan boa-