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A ü C. miBKCQLES 9 DE SEPTIEMBRE DE 1908. EDICIÓN 1. PAG. 4. permite ts. frase- familiarizado con él. Media hora después de llegar á la capital prusiana, y apenas me sacudí el polvo en el Ho el Bristol, cuando salí por primera vez á la Unter- den- Linden, advertí que los transeúntes se agolpaban á los bordes de las aceras, cuadiándose militarmente; alcé la vista y por el centro del paseo vi marchar á caballo á un militar envuelto en una capa gris, cubieita la cabeza con un brillante casco, sobre el que desplegaba las alas un águila de pico entreabierto... Le miré ateutaBiente... Los enhiestos bigotes le delataron... ¡Era el Kaiser! Y no podré explicar qué sentimiento experimenté ni qué sensación me produjo... Pué algo raro, algo extraño, algo que es imposible describir... Por primera vez en mi vida me vi en presencia de la verdadera realeza. Pero no he sido yo sólo, porque después he tenido ocasión de hablar con muchas españoles, y todos ellos han coincidido conáEigo. Ni tino solo ha podido sustraerse al influjo qne ejerce sobre todo el mundo la presencia de Guillermo II, su majestad indiscutible, su apostura de ío ie igrin absolutamente convencido del providencial pape! que representa. Y ¿qué tiene de extrañó qne nosotros, simples mortales t discurramos asi, cuando Príncipes y Reyes se dejan invadir por sentimientos iguales al pisar la capital prusiana? Yo recuerdo ia entrada de Alfonso XIII en Berlín y le veo contemplando con ingenua admiración el aparato de fuerza extendido á lo largo de la carrera. A su lado, el Kaiser, luciendo el nniforine de húsar de Pavía, aparecía juvenil, alegre, pimpante como un colegial, mientras D. Alfonso miraba á todas partes son simpático, casi infantil asombro, el tremendo poder de este Imperio formidable. Por eso el rey Eduardo, que es viejo y es cuco, se resiste á hacer la visita á Berlín. La legia panza británica se defiende con las levitas cruzadas, las americanas de un solo feotón y los chaquets bien perfilados, pero no son et guerrero uniforme militar. 1 cariño, la devoción al Kaiser por parte de sus subditos es extraordinaria; los ale ananes adoran á su Emperador. ¿Qué pueblo no le adoraría? Fijaos bien en que es el Monarca más trabajador que existe, que lleva él solo la alta dirección de todos los asuntos del Imperio, que tiene que contrarrestar las influencias diplomáticas, defender su pueblo contra las acometidas de naciones competidoras envidiosas del florecimiento alemán y permanecer sereno ante ios peligros que á veces se presentan y dar la tranquilidad á sus subditos... No creáis eso que nos cuentan nuestros políticos que dicen: -iOh! Mientras luglaterra quiera, el Kaiser estará sometido... -Eso es mentira Hoy no existe en Europa más arbitro de la paz ó de la guerra que Guillermo II... ¿Qué podrían todas las escuadras del mundo contra un Imperio sin puertos y sin costas como Alemania? Y, eu cambio, ¿no resultaría difícil impedir que se pasearan por Europa los siete millones de soldados qne el Kaiser con un gesto puede movilizar en veinticuatro horas? Los perjjuicios que las escuadras ocasionaran ai comercio alemán en los mares ya se los cobralian con creces los huíanos por tierra... Ina vez más he visto al Kaisei p at... Graves preocupaciones le embargan, sin duda, pues pasa eu este momento pausado y grave, la mirada erraute, mirando sin mirar y saludando como un autómata... La muchedumbre le aclama sin cesar: tenta sonreír, y su sonrisa es triste, su mirar apagado, perezosos sus movimientos... En tanto, el entusiasmo aumenta y los sombres arrojan los sombreros al aire, las señoras agitan sus pañuelos 3- las músicas ¡IIocJü ¡Hocii! Iloch der Kaiser! -Yjél in- ejecutan solemnes el himno imperial. Cuando el desfile termina, los vendedores ambulantes hacen su Agosto con una caricatura que representará un bebé luciendo el casco de los huíanos. Este bebé quiere ser el nieto del Kaiser, el futuro Emperador, y la gente se arrebata de las ulanos el dibujo donde el pequeñuelo, casi tapado con el casco, sonríe y parece gritan Luego, los comercios se abren de nuevo, la capital recobra su aspecto normal, reanúdase la vida febril del trabajo y sólo allá en el fondo de las restauraíions la divina rubia corre á torrentes y una canción patriótica surge de todas partes: ¡La tierra alemana... ¡La tierra alemana sobre todo... José J UAN CADENAS. Bcríín- Septiírabre, ¿Iloch der Kaiser. ¡Denliland, denliland über alles. J NUESTROS GRABADOS l a Unión Resinera. Ayer dimos cuenta del formidable incendio que en pocas horas ha destruido tos pinares y la fábrica de la Unión Resinera Española, en Coca, provincia de Segovia. Ignórase aún el origen del siniestro. Comenzó el fuego á las tres de la tarde y no fue posible dominarlo, pues sólo se disponía como elementos de extinción de dos bombas. Las pérdidas ascienden á pesetas. p l general Palacio. Verificóse ayer en Getafe ei c i -rro del veterano general D. Romualdo Paiacio, de cuyo fallecimiento dimos cuenta en nuestro número precedente Rindieron honores militares al cadáver del ilustre soldado dos baterías del quinto regimiento montado de Artillería y un batallón del regimiento de Infantería del Rey. Mandaba las fuerzas el general Orozco, que en nuestro grabado aparece á caballo á la derecha, en primer término. De Madrid y de otros puntos del distrito militar acudieron á Getafe muchos jefes y oficiales de ia Guardia civil, instituto del cual fue director el finado. plaza de toros de Bilbao una becerrada á beneficio de las familias de los náufragos del Cantábrico en el temporal que recientemente arrebató tantas vidas. Organizó la fiesta la Tertulia Taurina, regaló los becerros el Sr. Urcola y presidieron la becerrada las distinguidas señoritas Mercedes de Lazurtegui, Carmen de Zayas, María Josefa Uizurrun y María del Rosario de Lecea. e B ecerrada benéfica. éxito se ha dado en la Con muy buen tatua. ¿Era de Montaigne esta pstatuaí Tampoco; era de un político francés: Sa U Carnot. Carnot está con el busto erguido y con la mano sobre el pecbo, á la manera de un tenor que canta una romanza. He seguido andando por calles y plazas. Me he detenido en una tienda de tarjetas postales Allí no tenían el retrato de Montaigne. ¿Dice usted Montaigne? me ha preguntado abriendo mucho los ojos una muchacha. No, no lo conozco ha añadido después. Una guia me dice que el sepulcro de Montaigie e. tá en el vestíbulo de la Facultad de Ciencias. ¿Dónde está la Facultad de Ciencias. La frase ambigua de otra guía me hace creer que la Facultad de Ciencias se halla junto á la de Farmacia. Yo he visto esta última Facultad en una plaza, pasando en el tranvía. Intento encaminarme allá. Un tranvía me lleva á las afueras. Trato de volver; otro tranvía me conduce ai otro extremo de la población. Vago durante una hora de un lado para otro. Al fin veo en una plaza el edificio que había visto antes. Es la Facultad de Farmacia. Entro y pregunto por la de Ciencias. Me dicen que la de Ciencias no está aquí, sino en otra parte. Vuelvo á subir en el tranvía. Otra vez comienzo á bajar de uno y subir en otro. En una de las paradas me detengo ante uu gran edificio. Ante este mismo edificio me he detenido ya otras veces. Como tarda mucho e) tranvía, decido entrar en él. ¿Será esta la Facultad de Ciencias? Entro y veo un ancho y limpio vestíbulo. Las losfK del piso son de mármol. Hay diseminadas simétricamente por el recinto bellas columnas clásicas. Eu el centro del muro del fondo veo un sepulcro rodeado de una verjita de hierro. No cabe duda: es el sepulcro de Montaigne. La estatua del filósofo se halla en actitud yacente sobre la tumba. Montaigne se halla cubierto con una armadura; un casco con cimera tiene detrás de la cabeza; un pequeño león á los pies. ¿Por qué este hombre pacífico que tenía su casa abierta á todos durante ten ibles guerras civiles está aquí, para in eternitm, vestido de todas armas? El sepulcro de Montaigne no podía estar sino en el lugar en que se encuentra. Amó el filósofo la juventud, la vida, el placer, el tumulto, la alegría. Sus manos reposan en el vestíbulo de una Universidad. Dos Facultades hay en este mismo edificio: la de Ciencias y la de Letras. Las dos tienen el misino vestíbulo. En él está el sepulcro del maestro. Todos los días, éste será un lugar de rebullicio, de gritos, de idas y venidas, de carcajadas. La juventud y la vida llenarán el aire. ¿Dónde mejor podía estar enterrado Montaigne? ¿Su filosofía, no es la filosofía de la alegría y de la vida? Que ¡os jóvenes estudiantes tengan siempre presentes las máximas capitales del niatstro, y que le amen y le recuerden como merece... AZOR 1 N Han salido de París para Colonia y Berlín el doctor Fedriani con su hijo y D. Cai ontaigne no tiene ninguna importancia yetano Luca de Tena con su distinguida se en Burdeos. Yo he llegado por prime- ñora y su sobrino el barón de Fuente de ra vez á esta ciudad en una mañana fría y Qu nto. lluviosa. No me gusta preguntar á nadie D. Carlos Salamanca, hijo del caballeroso sobre sitios y parajes que no conozco. He conde de Fuente ei Salce, recientemente fatomado mi paraguas y me he lanzado á la llecido, se halla gravemente enfermo y le ha calle. A poco de andar me he tropezado con sido practicada una delicada operación quiuna estatua. No tengo ninguna simpatía por las estatuas. ¿Era de Montaigne la que rúrgica. Deseamos su restablecimiento. veía? No; era de uno de los hombres de Francia que menos admiro: León Gainbetta. Ha Gambetta tiene los brazos cruzados sobre rruca. salido para T. ondres D. Cosme Chuel pecho y está en la actitud de un torero que vaya á dar un quiebro con la cintura. Han regresado á Madrid el marqués de He continuado andando y he visto otra es- Esquivel y el vizconde del Parque. EL SEPULCRO DE MONTAIGNE DE SOCIEDAD