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A B C DOMINGO 6 DE SEPTIEMBRE PE 1908- EDICIÓN i. PAG. 14. parten granaes sumías y elevan suntuosos palacios á la caridad. 1 OS MORENO DE MORA Hace tiempo que tenía preparado el grabado que acompaña á estas líneas para publicar en la sección de Bienhechores de la infancia de La Madre y el Niño los retratos de los ilustres y caritativos señores de Moreno de Mora. Ninguna ocasión mejor que la présenlo para recordarlos con cariñosa admiraeión y respeto. De este ejemplar matrimonio falta el esposo, dignísimo caballero á quien debe Cádiz una hermosísima escuela y un grandioso hospital. I, a escuela llamada de la Mirandilla, con ser un edificio suntuoso, es inferior al hospital, uno de los mejores de España, en cuya fundación el Sr. Moreno de Mora no ha escatimado ningún gasto, dotándolo de cuantos adelantos aconseja la ciencia y la higiene. Es de esperar que la provincia que recibió tamaño beneficio hará los mayores esíuerzos para sostenerlo convenientemente. Nunca fueron sordos á las peticiones que les dirigieron en favor de los menesterosos y los indigentes. Por su parte, la santa viuda doña Micaela lia fundado el llamado sanatorio de la Madre de Dios, en donde se recoge á los niños déMies de la Casa- Cuna. Es una institución verdaderamente maternal, á cuyas necesidades acude con pródiga mano su fundadora, la cual, privada easi de la vista, contempla con la visión mental ese vasto panorama del bien, ea cuyos confines brilla la luz divina. De muchas capillas suntuosas, elevadas para cobijar sepulturas de poderosos de la tierra, sólo queda el recuerdo en libros viejos y papeles carcomidos. El tiempo llega á destruirlo todo; pero lo que no puede aniquilar es el alma de los pueblos, que flota eternamente sobre las ruinas. Y para que los hombres tengan alma vigorosa precisa que se purifiquen los cuerpos y se eleven los corazones sobre el dolor y la miseria. 1 A DESPEDIDA Como complemento á la grata visita al Sanatorio, pudimos presenciar mi amigo Carlos y yo la salida de una expedición de niños y niñas que regresaba á París. Viajan en un coche especial construido con arreglo al modelo de los llamados de lujo. I,o s asientos se convierten en camas y los pequeños viajeros efectúan el trayecto admirablemente. Costó 50.000 francos. El director del Sanatorio, Sr. Carón, me habló con encomio de la Infanta doña Eulalia, que visitaba con frecuencia los hospitales franceses, habiendo tomado datos para implantar en Madrid los coches de transporte para embarazadas que emplea la Maternidad de París. ¡Ojalá realice pronto su noble proyecto la simpática princesa! El tren arrancó, los pequeñuelos agitaron sus sombreros de paja y las enfermeras y médicos que les acompañaban se alejaron sonrientes y satisfechos de la buena obra que realizaban. mos silenciosos á Biarritz, donde había de quedarse mi amigo, y á decir verdad, el brillante desíile de gentes de todas clases no atenuaba la honda impresión que sentíamos. Aquella feria de lujo y vanidad nos entristecía; en cambio nos era grato ver niños felices acompañados de sus padres, gentes modestas y humildes, trabajadoras y honradas. Esquivando los automóviles y tirando del ronzal de un burro, cargado de botijos y jarras, pasó junto á nosotros un muchacho que había atravesado España desde Extremadura para vender su mercancía. Se lamentaba de que las autoridades pusieran trabas á su industria. Entre tanto, veíamos pasar aventureros y aventureras menos simpáticos que este digno sucesor de su paisano Hernán Cortés. A esos nadie les pondría impedimento para ejercer sus viles trapa. serías y comercios. Volvimos la espalda á todas esas pequeñas miserias y contemplamos la puesta de sol, espectáculo siempre grandioso. El rojo globo descendía lentamente. Mirándole tan sólo breves momentos, por fenómeno de óptiea, le veíamos reprodueido en las rocas, playas y árboles, afectando la gama de colores complementarios, discos verdes, anaranjados, violetas, que resaltaban vigorosos de tan variados fondos. -Mire- -le dije á mi amigo, -ahí tiene los distintos matices del amor al prójimo. Roja como la pasión es la Caridad; pero la filantropía, el altruismo, la mancomunidad, la solidaridad, todas esas palabras diversas que inventan los hombres para designar las obras buenas, tienen la misma esencia, son reflejos de aquella virtud; quienquiera realice el bien y. ame al desgraciado, no lo dude, es porque antes ha sentido la mirada de Dios en su p ia. pSPEjlSMOS V ITALIDAD DiE LAS FUNDACIONES do y crean en España, aun las dotadas con rentas propias, suelen languidecer y extinguirse, sobre todo cuando la codicia del Estado, so pretexto de vigilar y administrar, se apodera de los bienes raíces, que también en no pocas ocasiones son destruidos por patronos sin conciencia. I, a masa del público no las favorece lo suficiente. Por regla general tienen más larga vida en nuestra patria aquellas obras que comenzaron pobres, pero á las que no faltaron los beneficios de la mancomunidad. Mi ilustre amigo el doctor Hernando lo confirmaba al recordar que todas las fundaciones del gran Cisneros, dotadas copiosamente, han perecido, en tanto que modestas escuelas, creadas por Santo Tomás de Villanueva, por San José de Calasanz y otros insignes bienhecliores de la infancia aun viven y difunden el bien. I o propio ocurre con esas inmensas moles de piedra donde la vanidad humana, más que la piedad humilde y sincera, depositó sus riquezas. L. a Providencia se encargó en pocos siglos de hacer tabla rasa de todo ese orgullo postumo é indolente. l Pero estas obras p N LA PLAYA DE MODA K e g r e s a- LOS EXCMOS. SRES. D. JOSÉ Y DOÑA MICAELA MORENO DE MORA INSIGNES BIENHECHORES DE LA INFANCIA