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DE TODO EL MUN DO, POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y TELÉFONO S S NOTAS DE VIAJE ABC bilmente para que ofrezcan á la vista un conjunto de hermosura artística. Casas enteras aparecen festoneadas de flores; mansiones ri entes en las que parece que necesariamente ha de esconderse la felicidad. En Montreux, por ejemplo, el delicioso pueblecito suizo, existe un paseo precioso, á uno de cuyos lados pasa tranquilo y sereno el lago, y en el otro una inmensa balaustrada de piedra, que cierra la fila de hotelitos, cuyas columnas están coronadas por una aneha franja de flores frescas, interrumpidas de trecho en trecho por estatuas. Es DE TODO EL MUNDO POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y mmw TELEFONO I as mujeres y las flores se comprenden, se aman y se completan. De tiempo inme- morial se ha dicho esto, en prosa y verso, en todos los idiomas conocidos y de todos modos expresado. Asunto es que ha inspirado muchas obras pictóricas de mérito y que ha servido de musa á innumerables composiciones poéticas. Es cierto; la mujer no aparecerá jamás tan graciosa, fresca y atractiva eomo cuando se engalana con las flores que la pródiga Naturaleza la da generosamente; ui las jo- disto se halla totalmente cnbiertá de lindas flores; las barandillas de los balcones, desde el primer piso hasta el último, parecen formadas únicamente de rosas, geranios y crisantemos; son una alegre invitación á la adquisición de las galas que allí se confeccionan; parecen decir á la mujer: Entra, ya ves, te invito á una existencia de flores; nuestros balcones son el espejo de lo jue puede ser tu vida si vienes aquí y aquí te engalanas. El dinero que te cueste nuestras maravillosas creaciones se trocará en otras tantas felicidades que marcarán una seuda florida por donde caminarás siempre... siem- OLOT. EL APLECH CARLISTA Fot. Mauri. CORO DE OLOT CANTANDO SU HIMNO, BAJO LA DIRECCIÓN DE UN SACERDOTE, ANTE LA ERMITA DE LA SALUD yas, con su riqueza y brillo, pueden competir en lindeza con las frescas y perfumadas hijas de los jardines. En España, á pesar de que la mujer ama las flores, no las cultiva con el arte que se cultivan en el extranjero. Los balcones más ó menos cargados de macetas, sin ningún arte combinadas, no dan más idea de la belleza que la que tienen en sí; pero se ve que quienes las cultivan careeen del sentimiento artístico de las líneas bellas. Dicha impresión se agranda y afina visitando el extranjero. En Francia y Suiza existe verdadero entusiasmo por las flores; entusiasmo traducido en combinarlas há- un paseo delicioso, que lleva al espíritu visiones tranquilas y dulces, algo así como la impresión de que en el mundo puede existir la dicha completa, y que deja una visión imborrable. Del mismo modo se admiran á cada paso en Suiza las viviendas floridas; cajoncitos de cinc contienen las plantas, elegidas y cultivadas cuidadosamente á fin de que tamaño y colorido armonicen perfectamente. En el mismo París, la gran ciudad que parece estar en una fiesta perpetua, por su iluminación y su alegría, se da también una sabia preferencia á las flores. L, a casa en que vivió y murió un gran mo- pre. Está bien entendido y estudiado este asunto en Francia y Suiza; las flores devuelven con creces el cariño que se las prodigue, alegrando la vista, dando claridades risueñas á la existencia y haciendo que el viajero que visita estas tierras sienta, hasta contra su voluntad, el deseo de volver y dejar su dinero en las ciudades que le reciben con tan poético encanto. ¡Inspirar el anhelo del retorno y del gasto... iHe aquí una de las más grandes sabidurías de estos pueblos... M. a ATOCHA OSSOR 1O Y GALLARDO.