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DE TODO EL MUND O POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y TELÉFONO I t i DE TODO EL MUND O POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y B) B) B TELEFONO RINCONES INTERESANTES DE FRANCIA VAUCLUSE. LA ALCALDÍA Y LA PLAZA DE LA IGLESIA. EN LA PROVENZA LA HUELLA DEL PETRARCA p o m o no conoce uno de los poetas más que una parte exigua de su obra, su personalidad íntima nos es ignorada. Me explicaré. No quiero envanecerme de haber hecho, el descubrimiento de esta verdad, rara vez desmentida; que la obra de un artista no nos revela lo que él ha sido por dentro. Si la hipocresía puede ser santificada alguna vez, los poetas han logrado ese éxito. ¡Qué divergencias entre su vida y su obra! Como las abejas, tienen un aguijón que usan contra sus adversarios y dejan la miel con generoso descuido. El aguijón de los artistas es visible en el trato con ellos. L. a miel que se rezuma de sus obras no está, sin embargo, al alcance de todo el mundo, porque los panales que labra el poeta no pueden ser gustados más que por paladares selectos. Hay cierto riesgo para nuestra te en toda exploración emprendida en la existencia de an artista. El hombre y la obra no suelen estar á la misma altura. Sus flaquezas nos parecen imperdonables. Queremos que sea eomo nos lo hemos figurado, como lentamente ha ido forjándolo nuestra fantasía. J T tenemos indulgencia para él, y cuando Ño el hombre nos desilusiona rompemos con el artista. ¿Por qué? Nadie ignora qué hediondo légamo pasional se esconde bajo la onda pura de la filosofía señecaniana. Y no por eso desmerece el pensador. Al oir nuestras recriminaciones siempre será dueño de contestarnos: Video meliora, proboque, deteriora sequor, frase que impone silencio á nuestros escrúpulos. El otro día, en Aviñón, alguien me preguntó: ¿Habrá usted venido aquí de tránsito para Vaucluse? Y como yo exteriorizara mi sorpresa; mi amigo Mr. Jules Bellendy, que es el prefecto de la región, añadió: Allí verá usted la casa en que vivió muchos años el Petrarca... VAUCLUSE. LA CASA DE LA FUENTE QUE HABITO EL PETRARCA Confieso que yo lo ignoraba. Sé que eu estas luminosas, tierras del Mediodía de Francia dejó Roma testimonio duradero de su hegemonía; pero el paso del gran poeta italiano por aquí me era desconocido. He estado, pues, en Vaucluse, sin otro cicerone que el cancionero del amante de I, aura. Al ver el paisaje, rudo y hospitalario á la vez, se explica la predilección que mostró el Petrarca por estos sitios. Un extenso retén de álamos plantado sobre la margen derecha del río Sorga, tributario del Ródano, que riega todos estos campos, me orienta hacia Fuente Famosa, paseo predilecto del poeta. El agua se precipita fragorosamente desde la montaña, espumarajea éntrelas cortaduras de las rocas, se filtra en la algarabía de los brezos, cae en la presa de granito y se abre en una onda cristalina. Amortiguado el ímpetu, resbala mansamente por entre las piedras y se pierde en los sesgos del cauce. ¿De dónde proceden esas aguas? Según me informan, cuando el manantial que alimenta al río Sorga rebosa, las aguas excedentes derivan hacia una enorme concavidad de las rocas y viene á constituirse el lago, que deja escapar una parte del caudal apresado. La vegetación aue decora la fuente es frondosa v bravia. El monte está cerrado por una fornida trinchera de aliagas y brezos que sería difícil expugnar, y en sus laderas las hayas, los nogales y los fresnos simulan las avanzadas de un fuerte. El Petrarca debió estar familiarizado con estas pintorescas rudezas, que le aliviaban el cansancio contraído en el tráfago mundano. El mismo nos comunica que se refugiaba en Vaucluse sentendo che per lo abbommento in se innato al yivere delle cittá, il soggiorno noiosisimo di Avignone