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ABC. LUNES 3i DE AGOSTO DE 1008. EDICIÓN i PAG. 4. trica ó alegórica, que de los tres modos la denominan. Figuraron en ella las cinco grandes carrozas siguientes: La Mineralogía. -Gran bloque de cantera en explotación representativa de la materia inicial de la industria siderúrgica. En esta composición aparecía una galería con preciosos efectos de luz, en la que se hallaban una vagoneta de arrastre y demás útiles de la minería. Además de las figuras que en el grupo aparecían, la carroza llevaba un acompañamiento de obreros, barrenadores, etc. Ferreria antigua. -Representación de la industria siderúrgica en sus primitivos procedimientos. Constituían esta carroza una típica construcción en la que se encontraban una fragua antigua, esclusa de agua, martinetes para el forjado, yunques, grúas y cuantos útiles se- empleaban en la antijrua fabricación. La parte posterior de la construcción estaba caracterizada según estilo de los antiguos caseríos de Vizcaya, con su correspondiente parra, aperos de la labranza v otros detalles característicos. Altos Hornos. -Los medios de producción que la industria moderna utiliza iban representados por un grupo. de tres altos hornos con sus correspondientes tubos de aire, ascensores, pabellones de convertidores de acero, sistema Bessemer, y de laminado, lingoteras, carretillas, tochos, etc. La composición iba guarnecida por vigas de celosía, con cuatro machones de igual estilo en los ángulos, sobre los cuales iban crisoles en ignición. taban por una artística nave del siglo xvi, tripulada por galeotes, y en la que aparecían atributos del Comercio y aparatos náuticos de la época. Entre esta carroza y la siguiente aparecía un grupo á pie representando la Pintura, Escultura, Arquitectura, Música y Literatura, con su cortejo de pajes y damas de honor. Alegoría de Bilbao. -Artística composición de estilo greco- roinano formado de un cuerpo central ineíinado, en cuyo frente aparecían las armas de la Villa, y en su testero un fantástico pavo real que ooronaba la figura representativa de Bübao, la cual iba rodeada de damas y atributos de la ciencia, artes é industrias. Dicho uerpo central, adornado de machones y mascarones de época, iba circundado de pilones, que remataban artísticos bustos romanos. Todas las carrozas llevaban su séquito ó acompañamiento característico de obreros, jefes, marinos antiguos, damas romanas y griegas, menestrales, etc. Las carrozas iban espléndidamente Iluminadas con profusión 5 e luces eléctricas de diversos y apropiados colores. Durante la marcha de ¡a comitiva se dispararon infinito número de bombas y voladores eléctricos de luces y gran detonación. Acompañaban á la misma las bandas de música municipal y Santa Cecilia. La cabalgata llegó á la plazuela de San Agustín á ¡as doce, disolviéndose seguidamente. tensa noticia del suceso ocurrido en Londres entre D. Alfonso XIII y un cochero, gracias á cuyos oportunos servicios pudo el Monarca librarse de la multitud de curiosoa que le seguía. Como ya dijimos, el Rey entregó al cochero un pliego del papel de cartas con las señas de dos establecimientos comerciales que. -deseaba visitar: una tienda- de- óptica y- viaje del Rey á L, O: Í Del En nuestro número cu yer dimos exEl Comercio y la Navegación. -Se represen- Tisvo, sin embargo, instantes de fría lucidez. en los que el dolor se sobrepuso al delirio. La despedida de su madre, aquellos abrazos que casi le quebrantaron, aquellos besos de fuego, aquellas lágrimas que resbalaron sobre sus mejillas como gotas de derretido plomo... Después, aquellos apretones de manos de los amigos... Ya salía del pueblo, y del dolor iba nuevamente entrando en la dulce placidez de su pesadilla, cuando sonó la campana de la iglesia que dejaba atrás. Las campanadas vibraron y penetraron por los oídos, haciéndole daño al retumbar en las concavidades de su cabeza. Así las había oído repercutir muchas veces en las montañas de los alrededores. Después de las campanadas zumbó en sus oídos el silencio imponente que le rodeaba. Hubo un momento en que, como si llevase Cerrados los ojos, no veía más que tinieblas; pero la obscuridad se fue disipando, surgieron colores, figuras, arreboles, y, vuelto de lluevo al delino, sintió borrada la impresión de la despedida y se entregó á las quisieras embriagadoras del porvenir. Todavía, aunque lejano de su pueblo, pisaba tierra nacional, y no sentía los escalofríos del peligro ni de la separación. Más tarde, sí; cuando se vio embarcado y se abrió un abismo entre el sitio que ocupaba y la tierra, una pesadilla se sobrepuso á la otra. Volvía á sentir su cabeza invadida por las tinieblas, Sentíase dominado por una especie de liebre cuya fatiga era semejante á la que Sintiese habiendo dejado en tierra el aire ue necesitaban sus pulmones. Aquella cinta azulada y movediza que a poco de echar á andar el barco era muy ancha, se agrandaba por instantes y era ya inmensa. Inmóvil sobre su sitio en cubierta, no sentía el movimiento del barco; sólo veía alejarse la tierra como si huyese despavorida bajo el influjo de su mirada. Se borraban los colores, se fundían los objetos, desaparecían los relieves y se coavertía todo en líneas, en borrones de un tinte azulado, luego cárdeno y, por último, aegro. Cuando la costa sólo ofrecía ya una silueta yaga, tenue, igual á la de una nube remotísima, que se hundía y volvía á aparecer á los ojos del emigrante, como si el mar la tragase y la volviese á arrojar, efecto del movimiento de las olas, el infeliz, instintivamente, en un movimiento automático, se había quitado la gorra y la apretaba nerviosamente entre sus manos. Sentía latir las sienes como si dentro de su cabeza se agitase un mar de fuego en frenética marejada. Nubláronse sus ojos con lágrimas, y la remota línea de la costa acabó de desvanecerse, corno si se hubiera interpuesto un vidrio enturbiado. Púsose de pie, buscándola en la rizada superficie... -r- fQué es 6o? -le preguntó un marinero, -gel mareo? El emigrante dejóescapar un gemido profundo y rompió á llorar con grande descon. uelo, mientras caía sobre un rollo de calabrote. Y el marinero, que observó que ni el llanto de aquel desventurado ni aquel rojo encendido de congestión eran síntomas del mareo, afirmó su pipa entre los dientes, y cruzándose de brazos y en tono mezclado de risa y de ironía, dijo, contemplando al infeliz: ¡Camarada... buena borrachera! AKGEL MAKÍA CASTELL. una librería. Terminado el servicio, pagó D. Alfonso al cabman, dándole, en vez de los dos chelines que importaba la carrera, media libra esterlina; pero esta recompensa extraordinaria no debió parecerie á Chañes Mabson (así se llama el cochero) suficiente, porque saltó atierra desde su alto pescante y detrás de D. Alfonso penetró en la librería, adonde le había llevado, para suplicarle respetuosamente que tuviera la boudad de poner su autógrafo en el papel de las señas. El Monarca accedió amablemente, y he aquí la reproducción del píiego, que conserva ei cochero como una reliquia y exhibe orgulloso á conocidos y desconocidos. t í V Y Í 0 falsificación de billetes. Por separado continuamos ia información del descubrimiento de una falsificación de billetes del Banco de España y captuia del erpendedor y algunos cómplices. CRÓNICA mero de ayer recibimos un telegrama de Bilbao que verían nuestros lectores, el cual telegrama recogía manifestaciones de un periódico, órgano del bizcaitarristno de aquella provincia. No pueden sorprender á quien conozca un poco la contextura de aquella agrupación los exabruptos que un periodmo de sus ideas lanza á los cuatro vientos, on agravio para el sentimiento nacional. Podrá alegarse que tales desahogos son desafora dos gritos del enano de la venta; pero también para las simples molestias hay un límite. Respetables son todas las ideas cuando el respeto para las demás es parte principal de su inspiración. Utopías ha habido y hay en muchos programas, cuyosdevotos, al enamorarse de ellas, no sienten odio mortal ha ia quienes comulgan en otras distintas. La utopía agresiva no tiene disculpa; menos ha de tener justificación. Y es deber de ios Gobiernos proveer á las consecuencias de esas aberraciones que afectan siquiera al buen nombre y al concepto moral de una nación. El bizcaitarris- mo, tal corno le escriben y le predican sus fanáticos, es más perturbador que el catalanismo exaltado de los que desfogan sus pasiones en caricaturas y ea carteles gue no hay para qué recordar. OS BIZCAITARRAS Al cerrar el nú- NUESTROS GRABADOS I as fiestas de Bilbao. Conformes están los diarios bilbaínos calificar como el mejor de todos los festejos organizados por aquel Ayuntamiento el presente año la cabalgata. luminosa, eléc-