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A B C D O M I N G O 3o D E AGOSTO D E 1908, EDICIÓN i. PAG. 11. ferrocarril, se apeS en tina de las estaciones próximas á Madrid, regresando á las pocas A yer, de madrugada, el sereno de la calle lloras á la corte en un tren descendente. En la estación era ya esperado por Rufi del Carmen estuvo á punto de realizar no Cisneros y otro individuo, con Eidente de Una generosa empresa. 1 Hallábase el Argos del chozo monolo- la Policía, encargado de presentar á Cisnegueando ligeras reflexiones filosóficas so- ros al supuesto tratante en ganados, para bre lo mudables que son algunos vecinos realizar la compra de 6.000 peseta; en billepara las propinas, cuando, al pasa por la tes falsos. Llegó Faboaga, y, hechas las pr isentacioesquina de la calle de Galdo, oyó nes de rigor, entraron en un café i celebrar Allá en lo profundo las nuevas amistades. de la alcantarilla... Cisneros quedó encantado del tratante. on música de Los bohemios, anos débiles Representaba éste un hombre de cincuenta años, de aspecto simpático y bonachón y de quejidos que le movieron á compasión. ¡Pardieu! -exclamó el hombre del ojo carácter franco y amable. El marcado acento aragonés del tratante avizor de la noche, porque es muy dado al comenzó desde luego á infundirle confiancultivo del folletín. ¿Qué será? 1 Y tu fantástico pensamiento galopó por za, y con este motivo no tardaron en hacerse los mejores amigos del mundo. los más descabellados horizontes. 1 ¿Sería un alma en pena? ¿Quizá algún emparedado sin jamón? ¿O se trataba de alguna despiadada madre que para ocultar un a primera cita. delito arrojara por la alcantarilla el fruto de Tuvo lugar en una taberna ilustrada su liviandad? sita en la plaza de Santo Domingo. Allí áe Los lamentos seguían en crescendo. reunieron ambos amigos, y entie copa y Y como era necesario tomar una determi- copa comenzaron á tocar la primera cima nación, única cosa que podía tomar el se- del negocio. reno, porque todas las tabernas estaban ya Como prueba de afecto y de mutua concerradas, decidió el hombre pedir para su fianza comenzaron por apearse el trataempresa el auxilio de los caballeros de la miento. noche. -Vamos á ver, ¿qué cantidad de billetes Y en clase de desfacedores del incógnito preguntó entuerto se presentaron dos guardias de Or- Cisneros. den público y los individuos de la ronda de- -Te diré- -contestó el tratante, rascándoalcantarillas, los que prudentemente se lan- se el cogote como para meditar; -yo me zaron á la aventura. voy ahora á la feria de Zaragoza y necesi (Un cuarto de hora pasó en sofocante an- taré unas seis mil pesetas. gustia, y- cuando ya se desconfiaba del éxiEn la mirada de Cisneros brilló un relám ¡to de la generosa hazaña, aparecieron vivos pago de alegría. aún, en el regazo de uno de los guardias, -Bien, pues tendrás esa cantidad. Pero doslindos gatitos, que maullaron su agra- ¿sabes lo que te va á costar eso? decimiento. -Tú dirás. 1 Y he aquí que el sereno, mortificado por- -Te cuesta tres mil pesetas. i el chasco, por poco si no arroja de nuevo á- -Hombre, me parece mucho. la alcantarilla á los infelices mininos. ¿Macho, y te ganas de una mano á otra tres mil pesetas? Pues bonitos están los negocios! -Pues aceptado- -contestó e tratante con resolución. -Pero oye una cosa; ¿tú tienes ¡dinero? Antecedentes. -Ya lo creo. Fue el de ayer un buen día para el Y sacando del bolsillo interior cela ameCuerpo de Vigilancia. ricana una de esas carteras- malí tas como 1 Uno de sus agentes, D. Fernando de Fa- las que usan los cobradores del Ba neo, puso ¡fooaga, prestó un relevante servicio, en que de manifiesto ante los asombradas ojos de ¡demostró no sólo una inteligencia muy su- Cisneros 3.000 pesetas en autentices billetes. perior, sino también un valor á toda prueba. -Veo que eres un hombre- -dijo Cisneros j Antes de que el Sr. Millán Astray comen- no pudiendo ocultar la alegría que le produ zase á hacer uso de la licencia que le fue jo la vista del atrayente papel- mo leda. I concedida recientemente, tenía noticia de Indudablemente, Cisneros pensó en da que se trataba de poner en circulación una un atraco á su amigo, porque repetidas ve, emisión falsa de billetes del Banco de Es- ces le invitó á beber vino una veces y paña. aguardiente otras. 1 Al marchar el Sr. Millán á Santander y Pero el trataute se aferró á la clara con Cestona comunicó su noticia al Sr. Martí- limón, y no había poder humano ni divino nez Campo D. Ignacio) que le sucedió en que le hiciera cambiar de líquido. j el cargo accidentalmente. -Mira- -dijo de pronto el tratante, -va JMcargado del servicio el activo é inteli- monos de aquí, porque tengo miedo. gente comisario general interino, llamó al- ¿Miedo? ¿A quién y por qué? agente Sr. Faboaga, cuyas condiciones físi- -Porque nos puede ver alguian y soscas é intelectuales le eran bien conocidas, pechar. y le propuso la realización del servicio, que- -Pues entonces, vamonos, y mañana, á consistía principalmente en detener á uti la misma hora, nos reuniremos aquí para pájaro de cuenta, hombre de mucho cuida- marcharnos á otro sitio donde terminar el do, y el que tenia á su cargo la misión de negocio. dar salida á los billetes ful. El agente Faboaga aceptó la delicada y C peligro samisión que se le confiaba, y desde n el Retiro. luego se puso en campaña resuelto á todo, nida, Efectivamente, ayer, á la ho ra convedos de la tarde, se reunieror en dicha antes de dejar de detener al falsificador. taberna, y después de apurar una 3 cuantas copas salieron del establecimiento Tomaron el tranvía, que los condujo hasta la EJaboaga transformado. Con el auxilio de una barba y una pe- Puerta de Atocha; de allí, en tran vía tamluca postizas, unas cuantas arrugas habil- bien, regresaron á la Puerta del ol, y, por Jiiante simuladas, un traje de pana como el último, tomaron el cangrejo en 1 calle de que suelen usar los tratantes en ganados y Cedaceros y se apearon en la puerta déla un buen sonibiero anclio, Faboaga tomó el escalera del Retiro. PUES SENOR Andando bastante se ai rigieron hasta la vaquería, y sentados en un banco que hay frente á este establecimiento comenzaron á hablar del negocio. Cisneros mostrábase impaciente porque esperaba la llegada de su mujer, la que era portadora de 2.000 pesetas en billetes falsos, y la de otro individuo que había de traer las 4 000 restantes. Pasados algunos minutos se presentó la esposa de Cisneros. Inmediatamente sacó del seno, donde lo llevaba oculto, un sobre que contenía la dicha suma, y se lo entregó ásu marido. Este lo puso en manos del tratante, diciéndole: -Ahí tienes 2.000 pesetas; cuando venga mi compañero te entregará el resto. La esposa de Cisneros desapareció discretamente, y éste comenzó á dar paseos, demostrando visible impaciencia por la tardanza del portador de las 4.000 pesetas. Como el tiempo pasaba y era preciso adoptar una determinación decisiva, el tratante dijo: 1- -Mira, Cisneros; esto no puede ser, yo no hago nada coa 2.000 pesetas. Yo no voy á la feria de Zaragoza sin 6.000 pesetas, por lo menos, para comprar el ganado. Toma, pues, la cantidad que tas has dado. -Pero si te daré el resto en seguida. -No, no; y vamonos de aquí, porque me parece que algaien nos espía. -Como quieras. Ambos abandonaron aquel sitio después de quedar conveníaos en separarse para reunirse al día siguiente. En tanto que tomaban estos acuerdos, llegaron á la plaza de Colón, tomando Cisneros el tranvía transversal. Pero antes de que el coche se pusiera otra vez en movimiento, el tratante subió al tranvía, sentándose al lado de Cisneros. ¿Cómo? -le preguntó éste sorp: endido. -J 3 s que tengo miedo- -respondióle el tratante. Sospecho que me siguen. -No tencas miedo. a sorpresa. Cuando el tranvía se detuvo al final de la calle de Claudio Coello, que es donde tiene la parada reglamentaria, en tanto que dos señoras, que eran las únicas viajeras, se apeaban, el tratante se abalanzó á Cisneros y le sujetó por el cuello. Sorprendido aquél, sujetó á Faboaga por una muñeca, clavándole una uña en una artería con intención de seccionársela; pero el agente apretó más y más, y entonces Cisneros, ya sin fuerza, abandonó su presa. -Faboaga, dentro del mismo tranvía, amarró al falsificador; se apearon ambos y ocuparon el primer coche de punto que hallaron, que los condujo al Gobtrno civil. Durante el camino trató Cisneros de so bornai al agente; pero éste rechazo toda clase de ofertas. Únicamente le ofreció dejarle en libertad si le decía la procedencia de los billetes. Cisneros se negó á contestar á esta prev gunta n a el Gobierno. J- Presentado el detenido al Sr. Millán Astray, éste lo reconoció como antiguo inquihno del penal de Cartagena, donde extinguió condena por homicidio el año 1886. También, y por el miatno delito, estuvo unos cuantos años en el penal de Santoña. BILLETES FALSOS ir En la calle de la Corredera, 37, donde vive Cisneros, se hallaron cincuenta billetes de 50 pesetas, con el busto de Kchegaray. 4 loo fin, n registro. A 1 Juzgado. A las doce de la noche fue conducido Rufino Cisueros al juzgado de guardia.