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DS TODO EL MUNPOR C BLE, POR TELÉGRAFO Y TELÉFONO VIAJES PROFESIONALES Cietnpre que tomo el tren para cumplir una misión periodística siento una ligera angustia, que se agrava después durante el viaje, y que á la vuelta me rinde y me consume. Los que fiándose de nuestros sueltos de contaduría envidian á los chicos de la Prensa creyéndoles felices, poseedores de todas las venturas, supondrán que esos viajes profesionales son ensueños realizados. ees enemigos de la Prensa, y sobre todo del periodismo contemporáneo, sírvales este lamento de regocijo, porque en él se contiene la mayor venganza que buscaban contra nuestro fantástico poder... ¡Sí! El periodista que viaja por deberes de su oficio es el más desventurado de los hombres. Ya al hacer la maleta, al colocar entre la ropa blanca las albas cuartillas que se ensuciarán también con las impresic nes de viaje dijérase que nuestra propia mano vierte una gota de hiél en el vaso de la alegría... Luego, entre las nuevas genteü conoeilas, en la ciudad que se recorre, era el es- DE TODO EL MUND O POR CABLE POR TELÉGRAFO Y S jg g TELEFONO algunas más... Y á la dolorosa obligación de devolver con prisa las sensaciones aiue atropelladamente recibimos se une el recuerdo de los compañeros, que aguardan nuestra fe de vida, deseosos del comentario acerbo y de la amarga crítica... ¡Martirio inenarrable... Las palabras bellas, las ingeniosas frases, las elegantes oraciones y los párrafos poéticos danzan á nuestro alrededor, se ríen, se burlan, y se escapan cuando intentamos darles caza... La mesa de aquel cuarto de la fonda, no acostumbrada á tales labores, cruje y cojea también, como nuestro propio caletre... La cama, en tanto, ii IfSll Mis coiiip iueios saben que tales excursiones más bien resultan toimentos que placeres, aunque recreativas las creemos en candidos instantes de optimismo agudo. Tormentos, por la fatal necesidad que las inspira, no por los agasajos, amabilidades y pleitesías que con gratitud se reciben en los sitios visitados. Para esos espíritus admirativos va la sincera confesión de estos íntimos dolores. ¡Que ella les induzca á compadecernos un poco cuando el deseo les Heve á las tristes regiones de la envidia! ¡Que les libre también de las malas tentaciones... A los tena- LOS JUEGOS FLORALES D E VIGO LA REINA DE LA FIESTA, SU CORTE DE AMOR Y EL JURADO, PRESIDIDO POR D. JOSÉ ORTEGA MUN 1 LLA (x) Fot. Gil. EN EL ESCENARIO DEL TEATRO ROSALÍA CASTRO tablecnnlento que se visita, ante el paisaje que se descubre y en el festejo disfrutado, la idea del telegrama, de la información y de la carta de nuestro redactor apareciéndose de pronto, basta para envenenar todos los goces á cuyo disfrute nos entregáramos libres y confiados... Y cuando, al terminarse el programa del día, nos recluímos en nuestro alojamiento, nos acomete una tristeza mortal, que no es, por cierto, el mejor aperitivo para el trabajo... ¡Ay... ¡Llegó el terrible momento de contar lo que vimos, de decir á las gentes lo que pensamos sobre todas las cosas y sobre nos invita al sueño con su embozo dulce y recogido como un amante brazo... ¡Tal vez porque nacieron junto al lecho, nuestras cartas de viaje hacen dormir á sus lectores! No falta en el programa un- número verdaderamente encantador, que por lo mismo colma nuestras desventuras... Es una excursión al campo, á muchos kilómetros de la ciudad, donde un procer alzó un refugio que nos ofrece durante unas horas, galante y obsequioso... L, a. casa, cómoda y bien abastecida y decorada, se eleva con justo orgullo entre los árboles frondosos donde cantan