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DE TODO EL MUN D O POR CABLE POR TELÉGRAFO TELÉFONO 4 OE TODO EL MUND O POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y m I TELEFONO rior. Dentro del dominio de la espsculación intelectual, la decadencia es más difícil marcarla. Puede haber disminución n la producción literaria, pero al mismo tiempo el entendimiento humano puede tomar otra vía, y mostrarse pujante, floreciente, en la filosofía, en las ciencias físicas, enTlas ciencias naturales. Todos nuestros historiadores hablan de la deeadencia intelectual en el siglo xvín; éste es ya un tópico consagrado en los manuales de Institutc Sin emSargo, en nuestra historia no hay siglo de igual potencia intelectual á este calumniado siglo xvín. No es preciso insistir sobre esto. En lo crear nuevos sistemas se han sucedido; todas han fracasado; la unidad espiritual se ha roto. Con esta bancarrota de las fórmulas literarias, con este nihilismo, ha coincidido, durante los veinte últimos años, un aumento considerable en la instrucción. A una generación que lea, sucederá inevitablemente otra generación que escriba. En Francia ya escribe todo el inundo; nada más fácil que escribir; lo difícil es tener que decir algo. Los periódicos y la librería francesa nos enseñan que en este país todo el mundo sabe escribir y escribe. Ahora bien, aquí viene el planteamiento del problema, ¿hay decadencia literaria en un pueblo LA LITERATURA FRANCESA O e habla algunas veces en los periódicos de la decadencia literaria de Francia. Sobre esta decadencia se funda otra decadencia: la total del pueblo francés. Esto es argumentar muy de ligero; habrá que considerar muchas cosas antes de llegar á la conclusión de que Francia se halla en decadencia en lo que respecta á sus letras. Ante todo, ¿qué se entiende por decadencia? No se sabe á punto fijo; unos toman la palabra en un sentido; otros la toman en LOS SUCESOS DE MARRUECOS Fct. Rol. TÁNGER. LAS MUJERES MARROQUÍES EN LAS AZOTEAS DE SUS CASAS áL DÍA DE LA PROCLAMACIÓN DE MULEY HAF 1 D otro. Sucede con este vocablo 10 que sucede con otros muchos; se les acepta de un modo tácito; se le supone un valor conocido de todos. Y precisamente tas discusiones, las polémicas y las disputas, en literatura y en política, provienen de esta convención, vaga y confusa, respecto de las palabras definitorias. Decadencia, es anulación completa? ¿Es disminución? Si es disminución, ¿qué grado en la disminución será preciso para la decadencia? Decadencia en las naciones, en realidad y en un sentido general, es cierto aminoramiento en su poder, ó cierta inferioridad de un eptado de energía ó de prepotencia con relación á otro estado anteque toca á Francia- -que es lo qué ahora nos ocupa- -es evidente que el movimiento llamado, impropiamente, naturalista! dio á sus letras un gran esplendor hace veinte años. Se movían todos los es iiritus, los más fuertes al menos, en una di ección única; había unidad espiritual; toda la savia corría por un cauce. Y ante el mundo Franeia aparecía soberbia, magnífica. Pero aquel movimiento pasó; se ha visto que el naturalismo era un artificio absurdo, incongruente; se ha visto que, en el for. do, su gran pontífice, Zola, era un románt co, tan soñador, tan idealista y tan falso ce molos antiguos románticos. L as tentatii ras de citando todo el inundo en él sabe escribir y escribe fluida y correctamente? A seguida de esta pregunta ha que formular otra: las literaturas, ¿las forman la masa enorme de los escritores ó unos pocos escritores aislados que descuellan sobre la masa de iletrados? Es posible que haya muchos, ó algunos lectores que tienen partido por la masa; á mi entender lo razonable es votar con los escritores aislados, raros, pero originales y profundos. En Francia existen algunos de estos contados escritores; no parece que sean más de dos ó tres los que puedan leerse en medio de esta formidable balumba de