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A B C JUEVES 27 DE AGOSTO DE 1908. EDICIÓN aPAG. 14. UNA MANIFESTACIÓN IMPONENTE Fot Trampus. CONSTANT 1 NOPLA. ENTIERRO DE RED 1 EB PACHA. MINISTRO DE LA GUERRA DEL PARTIDO DE LOS JÓVENES TURCOS lar de cosas muertas. El escritor tiene cristalizada en su alma la emoción de sus antepasados: siente, con la misma claridad qtte su abuelo, la melodía de un baile de minué, la emoción de un viaje en carabela, el manso traqueteo de una diligencia á través de silenciosas ciudades. De ahí que el escritor abomine, por ejemplo, el cotillón, al cual encuentra ridículo; de ahí que no sienta ninguna emoción ante la complicada máquina de un buque acorazado; de ahí que trn automóvil, antítesis de la diligencia, le produzca indignación. El literato es profundo, intensamente reaccionario; la literatura es más conservadora que Maura: la poesía es reaccionaria cerno un ensueño medioeval. Pero el automóvil no es JQingnna ficción, sino que es una palpable realidad: en vano protestaremos, nos indignaremos, rugiremos las mayores diatribas. Es una realidad el automóvil y no podemos relegarlo á un rincón con un gesto de indiferencia. Considerad que una parte principal del mundo civilizado anda perdiendo los sesos por el automóvil; consideremos que este detonante artefacto será tal vez dentro de poco tiempo un agente de utilidad inmensa, ó un agente de transformación social. Que se trata de una realidad y no de una pasajera ficción, n s lo dice el tremendo interés que ha despertado el automóvil, la emulación tremenda, trágica, del automovilismo. Hablamos de los juegos olímpicos, de los atletas clásicos, de las carreras helénicas; sí, ciertamente, aquellos eran tinos BURGOS. PRESIDENCIA DE LA BECERRAcombates bellos, á quienes venía á favore- DA A BENEFICIO DE LOS EMPLEADOS DE FERROCARRILES DE ESPAÑA cer el claro cielo de Grecia y la serena píasticidad del pueblo artista por excelencia. Pero las luchas de nuestros tiempos, ¿acaso no tienen un sabor intenso, brillante, un sabor de tragedia, á la vez que de afán progresivo, un sabor de cosmopolitismo, de morbosa y angustiosa emulación, de valor terrible, de vertiginoso delirio... En la última carrera de Dieppe la lucha adoptó un carácter épico. Concurrían varias naciones, las más poderosas, y cada una de ellas había puesto en la lucha toda su atención, como si se tratara de un conflicto nacional. I os artefactos corrían tanto, que llegaron á velocidadss inauditas; se calculó la velocidad media en 150 kilómetros por hora. Dos luchadores pagaron con la vida su afán. Uno de los luchadores llegó á la meta á bordo de su automóvil; se arrancó la careta del rostro; traía los ojos sangrando. Una piedra habíale saltado mientras corría, le rompió los cristales de la careta y se los incrustó en un ojo... Con su ojo destrozado, el luchador dio las tres vueltas que le faltaban para llegar á la meta. Es posible que estemos calumniando á nuestra époea. Del fondo de nuestra civilizaeión surge un aroma acre: es un aroma mezclado de inquietud y de heroico anhelo, de curiosidad nunca satisfecha, de ardiente afán, de inaudita emulación. Un algo que para expresarse debería traducirse por conducto de dos palabras épicas: valor, locura. Sin embargo... ¡bueno sería maniatar á algunos de nuestros automovilistas! El automóvil es un artefacto progresivo; pero muchos de los que los dirigen no están al nivel trascendental de su artefacto. J. M. SALAVERRIA