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A B C SÁBADO 22 DE AGOSTO DE 1908. EDICIÓN i. PAG. i3. pable. Los perros se obstinaron en rodearle, en acosarle, en ladrarle. La Policía aquel hombre, cuya LOS PERROS POLICÍAS turbación fuedetuvo á un indicio de culpatambién p N LIVERPOOL El caso del perro po- bilidad. No dice el telégrafo el resultado de las licía de Madrid, ya popular por sus proezas y por la apología que diligencias que inmediatamente empezó á le hicieron ios chicos de la Prensa en el ejercer la Policía; pero si de elias resulta Centro de reporten, es semejante al de va- que, en efecto, el detenido es el asesino de rios canes de París perfectamente aleccio- la inocente niña de Liverpool, habrá que reconocer que los perros son unos seres de nados para cumplir su respetable misión. En Liverpool se han dado oíros hechos privilegiadísimo msrinto, cuyos buenos seren los cuales los perros han desempeñado vicios son merecedores de la gratitud unitambién importantísimo papel; pero de en- versal. tre todos ellos uno merece especialísima mención, porque demuestra que el can tiene facultades excepcionales para descubrir jQOPLAS DEL SÁBADO. pistas que muchas veces se escapan a l a TIPOS VERA IEGOS. perspicacia humana. Un comerciante soriano que fabrica mantequilla C R I M I N A L E S SÁTIROS Inglaterra está y hace aquí, en la corte y villa, aterrorizada de su fortuna pian piano, algún tiempo á esta parte por los misteriopor no aguantar el verano, sos crímenes de algunas almas perversas como la gente sencilla, que la opinión popular pretende unificar en se marcha con su costilla wna sola persona, especie de lobo cruel, deá un rínconcito aldeano. vorador inmundo de niños. Allí está sudando á mares El 29 de Mayo se encontraba en un toatery protesta de las chinches elosset de Londres el cadáver mutilado de una del puebluco endemoniado. niña. El 7 de Julio se recogía en MorecamCuando regrese á sus lares be el cuerpo de otra niña, cuya columna dirá, olvidando berrinches: vertebral había sido rota. El 10 de Junio- ¿Calor? ¡Ni lo hemos notado! había desaparecido de Nottingham una niña de siete años, que á estas fechas ha paDon Heiiodoro es un ente recido. Desde Enero se carece de noticias para quien el veraneo de otra, también de siete años, desaparecirueda en continuo paseo da de la casa de sus padres. por la Cuesta San Vicente. El día 10 del corriente fueron hallados, Hace creer á la gente delante de la puerta de una casa abandonaque va al exprés ó al correo da, en Liverpool, los restos del cuerpo de y en ridículo escarceo Otra niña horriblemente mutilada. se fatiga inútilmente. Cuando la Policía entró en la casa halló Si alguien le encuentra al subir los vestidos ensangrentados de la infeliz de la estación cualquier noche criatura. Su asesino había vuelto, después y saber quiere su afán, áe cometido su crimen, á recoger el cuerpo, él se limita á decir ya descompuesto, en la cueva donde la hacon empaque de fantoche: bía dejado y donde nadie le había visto, ni- ¡Me haité de San Sebattián! la Policía siquiera, para sacarle á la calle, á fin de que el asesinato fuese conocido. Este hecho, con el cual su infame autor Las muchachas melindrosas, había corrido el riesgo de ser sorprendido, las de ensueños peregrinos, hizo comprender que se trataba de un maá la sombra de ios pinos niático, interesado en que sus crímenes sueñan cpn ser mariposas. siembren el espanto con la publicidad. Por Brota el color de las rosa lo mismo, la gente le atribuye á él la maen sus labios ambarinos, tanza de niños. que ríen si los espinos prenden sus haldas ociosas. L a Policía, OS PERROS EN ACCJON Al sol acampa su corte peisuadida de y en los cristales del río la ineficacia de sus gestiones, decidió poner ve resplandores risueños; los perros en acción. mas cuando pasa hacia el Norte Llevó á los canes al sótano donde el crirápido el tren del hastío, men se había cometido. Les dio á oler las er- paña el humo sus sueños. ropas de la pobre niña asesinada, y les dejó ÍJCDOLFO G I L en libertad. Corrieron en todas direcciones por la ciudad. Indudablemente su olfato les puso varias veces sobre la pista del criminal. MALES DE ESTÓMAGO Siguieron varias, las perdieron. La última Cuando los oréanos digestiros están enfermos fue perseguida con una tenacidad admirase presentan dos ó mis de los síntomas siguientes mal gusto de ¿oca y tengua sucia, desble. Más de veinte kilómetros anduvieron igualdad de carácter, pesadez general y de sin salir de un mismo barrio. Todos coincicabeza, aguas de baca, acedías, dolor de estódían en la dirección de las vueltas y de mago, digestión dificü, fíatuíencias, estreñimiento y, en otros casos, diaireas, cólicos, inlas revueltas. Era prodigioso observar su digestiones, hi, erciori (iiia, dilatación y úlcera trabajo. Esto ocurrió el martes último. Indel estomago, diarreas y desnutrición en los dudablemente, el asesino vivía en el barrio. niños, etc. Se había enterado de la persecución canina de que era objeto y para despistar á sus perseguidores había emprendido marchas y contramarchas. El miércoles volvieron á la labor. Ya con (Stomalix) más firmeza, emprendieron, seguidos por la cura el 98 por 100 de los eníeri s i. el estómago Policía, el camino de la estación del ferroé intestinos que lo toman, poique guita el dolor, ayjida é las digestiones, aire el apetito y carril. tonifica, aumenta la secreción deljago gástrico, Una vez en ella se dirigieron sin vacilar sapnme tas molestias de la digestión, y obra al muelle de embarque de viajeros para como prcoentioo. Birmingham. ía iiitin lis friatlf lies M sttíí J Serrín, 30, í Se remite por correo folleto i quien lo pida Allí se plantaron delante de un hombre que iba á tomar el tren. ¿Era aquél el culACTUALIDADES EL ELIXIR ESTOMACAL DE SAIZ DE C RECUERDO DE ZARAGOZA Eraiauoix c h e del I3 al 14 de Enero de 1809. Zaragoza entera velaba. ¿Y cómo no, si desde el día 10 el ejército de Junot había empezado el ataque decisivo sobre la ciudad, granizando de bombas el recinto, agujereando las débiles murallas, abalanzándose con fieteza de águila hostigada sobre los reductos y defensas exteriores? Ya había caído en poder del enemigo el fuerte de San José; ya el del Pilar se desmoronaba en la inútil resistencia; ya la batería de Palafox era pedestal glorioso de innumerables anónimos luchadores. Principiaba el inmortal desastre. Alguien dijo á la sazón que la Sede de la Virgen Patrona parecía un infierno. Y sí que debiera parecerlo envuelta en llama pestilente el aire, surcado el espacio por mil proyectiles, angustiado el espíritu por ayes de dolor y hedores de fiebre. Acá muere Sangenis, el ingeniero heroico; allá, Gasea; ailá, Arsu, entre los denodados valencianos. Pero aun corren de un lado para otro, como sim tino ni conciencia, cual condenados por eterao castigo al trabajo infructuoso, los todavía supervivientes de la catástrofe. Sou niños, son mujeres, son clérigos, son ancianos, son enfermos famélicos los que abren fosos y cortaduras, aprestándose á disputar palmo á palmo el terreno de las calles y hasta los pisos de las casas, Allí abajo, en las orillas del Huerva, do de se riñe con coraje, hay que acudir á rellenar uua fortificación; aquí cerca, junto á los bordes del Ebro, se ha hundido un parapeto. Mas lejos, una cortina de muralla se grietea. Faltan piedras para los pedreros, sacos de arena para las defensas. El general á todo acude, á todo halla remedio. No duerme, ¡qué dormir! no descansa, no se sienta siquiera. Los primeros avances del enemigo le hallaron recluido en su casa, rabiando de dolores en la boca. Días antes no había podido ni asomarse al balcóu para dar gracias al Ejército y pueblo, que le festejaban con una serenata. Pero habían llegado horas de extrema responsabilidad y grave peligro. El enfermo sanó como por ensalmo, y ya no había en él más que el gran Palafox, sano de espíritu, recio de cuerpo y con un alma que no le cabía deútio. Si era preciso mandar, mandaba; si convenía rezar para avivar la fe de sus huestes, rezaba; si, por excepción, era forzoso castigar, castigaba como un rayo; si era oportuno recompensar ejecutivamente alguna hazaña, arrancaba por sus manos las charreteras de un muerto y las fijaba en los hombros de una mujer gigante. Sus voces de mando rugían á veces con sequedades y durezas que en labios más impíos hubieran estallado en blasfemias; esplendían otras con la sonoridad jubilosa y esperanzada ie un ¡viva! á la Virgen del Pilar. Y en aquella noche memorable, cuando todos, incluso él, porfiaron en acumular sacos de arena para emplearlos en la defensa, acordóse de su prima hermana, su alma gemela, Consuelo Azlor, la condesa de Bureta, esposa del regente de la Audiencia, y c giendo la pluma trazó en un cacho de papel las siguientes líneas: Querida Consuelito: Te embío 200 sacos para coserlos, si puede ser en esta noche; te embio la muestra, hilo y abujasr, urge en et ta noche. Adiós; recibe el afecto de tu primo, que te quiere. ie. Y como después de firmar pensase que en tr- 1 extremidad no debería estar ocioso ni siquiera el más ceremonioso magistrado, añadió esta coletilla, que era rana orden con vislumbres de chanza: Que cosa el regente, gue también cose el general y presídeme. UN AUTORRETRATO DE PALAFOX