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A B C. JUEVES 20 DE AGOSTO DE J 9 O8. EDICIÓN i. 3 PAG. 14. ti í. t BILBAO. EL NUEVO HOSPITAL VISTA DE CONJUNTO DEL EDIFICIO QUE ACABA DE SER VISITADO POR EL REY Fot. Goñi. EN SAN SEBASTIAN I A LLUVIA Y SUS De todos es sabido CONSECUENCIAS lue e n S a n Sebastián existe una semana que llaman la Gran Semana Esta semana grande gira en torno al día de la Virgen, y en este glorioso día suelen ocurrir los mayores ruidos y las mayores francachelas de todo el año. Hay mucha música, hay toros, hay fuegos artificiales, hay 20.000 personas que bajan del interior y de más allá del Bidasoa para sumergirse en holgorio y en toda suerte de concupiscencias. Y es natural; esta inmensa muchedumbre de concupiscentes necesita el auxilio del padre de la concupiscencia: el sol. Habiendo sol, dicen que hay alegría. Este es, por lo menos, el criterio de los españoles y también de los franceses meridionales. Pero á la señora Naturaleza se le ha ocurrido llover en el día de la Virgen del presente año... ¿Sabéis lo que significa un día de lluvia cuando hay varios miles de personas que quieren sumergirse en el holgorio y en la concupiscencia? El viento gime quejumbrosamente; la lluvia cae con un redoble siniestro; las nubes negras van por el cielo volando y apenando el ánima de los hombres: todos los agentes de la Naturaleza se alian para formar un conjunto de tristeza y de religioso ensimismamiento. Y como los hombres lo que deseaban era apartar su imaginación de toda idea ensimismada, se encuentran con un algo que les incita á recogerse dentro de sí, á bucearse en su interior metafísico, á hurgarse su caverna de obscuras preocupaciones espirituales. No hay modo, pues, de sincerarse delante de los toros sangrientos 3 de los opulentos banquetes. El ser interior y metafísico alcanza una preeminencia importuna; la con cupiscencia toma un aspecto pecaminoso bajo las nubes siniestras. ¡L, a lluvia es ene miga de los vicios que se consuman bajo el manto indulgente del sol! Y la gente, frustrados sus designios de alegría, protesta, se entristece, reniega de un país en donde ninguna clase de alegría puede existir Tenían razón las gentes en protestar de la lluvia. Pero la lluvia, ¿de veras es una cosa inhumana y abominable... Hablemos de la trascendencia social de la lluvia. L, os lectores estarán contestes en afirmar que la lluvia es un mal, una molestia, una cosa que produce melancolía y malhumor; también yo soy partidario del sol, y nada existe sobre la tierra que me ocasione tan vivo regocijo como el cosquilleo de la luz solar. Pero una cosa es la poesía y otra cósala utilidad, y la lluvia es útil, necesaria, trascendente. Aun podría asegurarse más: si no existieran países lluviosos y fríos sobre la tierra, la civilización habría desaparecido de entre los hombres ó se hubiera estancado. Se ha dicho que la civilización huye del calor Cierto: actualmente, los pueblos que marchan á la cabeza de la ciencia y del arte son pueblos septentrionales. También es cierto que la civilización tuvo su cuna en los países cálidos, y que mientras las selvas germánicas servían de refugio á unos miserables salvajes, allá, en las riberas del Nilo y del Ganges, se ocupaban los honx bres en descubrir los principales elementos de la civilización. Pero, en fin, si antes a progreso buscaba e! calor, ahora es cíertc que busca el frío y la lluvia. L. os pueblos calurosos están hoy agotados; lo que fue cuna déla civilización, ahora yace sumido en una especie de amodorramiento. La India, el Egipto, la cuenca de! Eufrates, yacen oprimidos ó son eampos yermos por donde pastorean los rebaños; la misma Grecia está muerta. Y todo ese inmenso lago del Mediterráneo, que recogió por espacio de numerosos siglos la idea del mundo; ese Mediterráneo, en cuyas orillas nacieran el arte de escribir, la filosofía de Platón, el Código romano, las leyes de la arquitectura y el ritmo de la poesía, ese es ahora un mar apartado de la mundial corriente y ya no crea nada. El Mediterráneo es un íriar caliente y claro; la civilización busca el frío y la niebla. L. a lluvia y el frío son los conductos que ahora exige el progreso para moverse. El tiempo nuboso hace á los hombres reconcentrados; el cielo obscuro haee que la inteligencia no huya ni se vuele, sino que se reconcentre dentro de sí mi? ma; en los países lluviosos nacen las inteligencias rumiadoras, las que le dan veinte vueltas á una idea antes de digerirla y la digieren bien. Además, los países lluviosos están menos sujetos al hambre; la lluvia hace que las cosechas se normalicen, que vengan los cultivos de rotación y la variedad de labores. Desconfiad de los brillantes frutos de las tierras cálidas y fecundas: tienen más aparato que realidad. Bendecid, en cambio, la humilde hierba verde de las tierras lluviosas. Akora bien; España es uu país que ha pe-