Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A B C MIÉRCOLES 19 DE AGOSTO DE 1908. EDICIÓN PAG. i3. ACTUALIDADES Ü L VALOR Y EL SU 1 CI D 1O EN EL JAPÓN fONSIOERAC IONES Ludovico Nuilx deau, el redactar de Le Journal que hizo en el campo de operaciones toda la campaña en la guerra rusojaponesa y que después ha pasado una larga temporada en el Japón, está publicando tutos interesantes estudios sobre el aráctei del pueblo japonés y sobre su bravura guerrera. En el último artículo sienta la teoría de que el Japón es el país del suicidio. Tal vez ese desprecio de la vida es el que da al nipón esa bravura que es asombro del mundo entero. Ese desprecio ha sido de siempre, transmitido de los siglos más remotos á los tiempos que vivimos. 1 AS ESTADÍSTICAS Son realmente abru m adoras las cifras que representan los suicidios en el Japón. En 1897 se suicidaron 4.625 hombres y 3.033 mujeres. Total, 7.658 suicidas. En 18198 son 8.699; bajan un par de centenares en los años Siguientes, y en 1902 suben á 8.783. Una epidemia de suicidio parece desarrollarse entre los estudiantes de la Universidad de Tokio. Unos se arrojan en la catarata de Kigo, cerca de Nikko. Otros hallan más grandioso pasar á la eternidad tirándose de cabeza por el cráter del volcán Asamo, Así se suicidaron el último año una veintena de estudiantes, que prefirieron entrar en el volcán á entrar... en examen. I,o s enamorados que no pueden casarse practican el joshi, persuadidos de que, según la creencia bidica, se unirán para siempre en otro mkndo mejor. I os q e se divor cían se suicidan á veces para evitar trámites. En el Japón se suicida la gente sin tenes en cuenta la edad; por cualquier cosa se abre el vientre, se ahorca, se envenena, se asfixia, se arroja al paso de un tren. I,o s descontentos de una medida de Gobie io se suprimen como manifestación política. El suicidio intentado ó simulado como aquí para llamar la atención y conseguir un socorro, no se conoce en el Japón... SUICIDIOS HEROICOS En 1895, cuando el Japón, por presiones de Rusia, de Alemania y Francia tuvo que renunciar á los frutos de su victoria sobre China, 40 militares, llenos de iniignación, se suicidaron. En los tiempos de guerra, cuando se anuncia la muerte de algunos oficiales, sus mujeres se suicidan para no sobrevivirles, sobre todo si aquéllos sucumbieron en una derrota. No cabe dudar que si los japoneses hubiesen sido vencidos por los rusos en la guerra de la Mandchuria, la mayor parte de los generales y oficiales no habrían sobrevivido á su desgracia. Habrían muerto. Pocos días después de firmarse el tratado de Portsmomth voló el Mikasa ea el arsenal de Sasebo. El comandante de este acorazado no estaba á bordo. No le alcanzaba la responsabilidad de la catástrofe. Sin embargo, consideró cuestión de honor suicidarse, y se arrojó desde lo alto de mn edificio á la calle, muriendo en el acto. En 1877, cuando el Ejército imperial acalló por reducir á los rebeldes de Satsuma su jefe, Saigo, jugó, sonriente, una partida áe go. y después se abrió el vientre. I os ofiáales hicieron lo propio. En el antiguo Japón era costumbre suicidarse por la menor contrariedad: para echar en ara un abuso de autoridad, para demostrar que era muy ruda la tarea encomenda da al suicida. I, as mujeres y los niños se suicidaban sin dar un s; rito, sin derramar una lágrima. Era el suicidio una solución rápida para las dificultades mezquinas de la vida, un camino de ir prontamente á una vida mejor, una evasión, una mutación instantánea. rsCENA GRANDIOSA Una especie cíe comunión patriótica ocurrió á bordo del Mikasa en el momento en que el almirante Togo se hizo á la mar con la escuadra para ir al encuentro de la rusa mandada por Rodjetwensky. Todos los oficiales se comprometieron, sin proferir una sola palabra, á vencer ó á morir. Togo! es había autorizado para recibir antes de levar anclas á sus mujeres y á sus hijos. I a despedida fue, pues, imponente. Cuando las familias desembarcaron era ya de noche. El almirante dio orden de qae todos los oficiales desfilasen por orden de antigüedad ante él en su propio camarote. El desfile fue mudo, breve, pero aterrador. No había en el despacho del almirante más que un retrato, el del Emperador. Sobre la mesa, un almohadón rojo, y sobre éste, uno de esos puñales relucientes con los que se practica el haraMpi. Es el arma que se envía como condenación á un funcionario que se ha ¿deshonrado ó á un general vencido. El almirante saludaba uno por uno á los oficiales que iban desfilando, y sin abrir sus labios señalaba con un dedo el cuchillo simbólico. El oficial se inclinaba y se retiraba. Cuando la ceremonia terminó, sabía todo el mundo á bordo que quedaba hecho un irrevocable pacto con la victoria ó con la muerte I I N POCO DE FILOSOFÍA El japonés sabe perfectamente que el yo individual se confunde con esa multitud de yos que se llama la patria, y que no muere jamás. Sabe que el japonés muere; pero que el Dai nipón es eterno Servir á la patria, morir por ella, es asegugurarse la más feliz inmortalidad. ¿Qué le importa morir? ¡No por eso dejara de ser majestuoso el monte Fuji, coa su base en el Océano y su cuna en el cielo! Sin él, la primavera renacerá, las flores vivirán siempre bellas y las generaciones se multiplica rán más fuertes sobre la tierra... C OPLAS DEL MIÉRCOLES. LOS BAÑOS TERMALES. Metí un par de camisas en la maleta, pedí dos mil reales á un usurero, cosa que no es extraña, porque un poeta anda siempre reñido con el dinero, y me fui á unos famosos baños termales, dotados de virtudes tan prodigiosas, que, por sus condiciones medicinales, dicen que curan una porción de cosas; y como yo estoy malo, como es tal suma de dolencias diversas la que me mata que si no son los nervios es el reúma, y cuando no es la bilis es la escarlata, busqué en aquellos baños medicinales, cuyas santas virtudes la ciencia abona, el eíscaz remedio para los males que han de acabar un día con mi persona; y una vez en los baños establecido, hice desde aquel punto vida de agüista, y yo les digo á ustedes que no he podido comprender que haya nadit que lo resista. Al despuntar el día dejaba el lecho según es en los baños costumbre y uso, y á los pocos instantes de haberlo hecho los bañeros me daba: un baño ruso; á las cinco, una ducha que me dejaba más de dos horas dando diente con diente y media hora más tarae se me obligaba á beber cuatro litros de agua caliente; gárgaras á las oeuo, baño á las nueve, á las diez menos cuarto, ¡lo más sensible! unas cuantas fricciones de agua de nieve, que me despellejaban de un modo horrible; á las tres de la tarde, vuelta á los baños, sufriendo un horroroso calor de fragua, y á las cinco, á la fuente de los Castaños á beber diez ó doce litros de agua; y además de la duchaj y las fricciones, que son en el balneario cosa corriente, hay que tener en cuenta los chaparrones que el cielo nos mandaba const? ntemente. Tras un mes de tan r do cruel castigo, y cuando ya el dinero se me acababa, salí de aquel balneario, que ahora maldigo, ¡muchísimo más grave de lo que estaba 1. M A N U E L SORIANKj- P KÍ es la m a r c a de fábrica ael ELIXIR ESTOMACAL DE SA 1 Z DE CARLOS, et mejor STOMALIX que recetan los médicos para la curación de loadesórdenesdigestivos. yaseanproducidos por excesos de comer y beber, abusos de to- f da clase, pasiones deprimentes, trabajo y fSpreocupaciones constantes, etc aun cuando t tengan una antigüedad de 30 años y hayan fracasado los demás medicamentos. V acedías, aguas de boca, fóm tos, indi- ff gestión, dispepsia, estreñimiento, diar- S reas y disenterias, znaieo de mar, f dilatación y Ulcera, del es ámago, neuras- f tenia gástrica, hiperclondiia y anemia K y cloi osis con dispepsia. De venta ea las principales farmaeim id mutilo y S e r r a n o 3 0 M A D R I D Cura el Dolor de Estómago 3 a remita por correo folleto i quien lo pida j.