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DE TODO EL MUNDO POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y TELÉFONO 4 W 4 DE TODO EL MUND O POR CABLE POR TELÉGRAFO Y M 4 j 3 k TELEFONO EL CONFLICTO DE LOS DUROS ASPECTO QUE OFRECÍA AYER MAÑANA bA SECCIÓN DE CUENTAS CORRIENTES DEL BANCO DE ESPAÑA. EN PR 1 M R TERMINO UN IMPONENTE CUSTODIANDO 40 TALEGAS Fot. A B C J E NUESTRO ENVIADO ESPECIAL A B C EN VIENA T 7 L EMPERADOR Las fiestas organiza das este año para conmemorar el jubileo del Emperador se pro longan indefinidamente. Comercios y cafés ostentan en el sitio de preferencia el busto en yeso de Francisco José, rodeado de fio yes y coronas, y al llegar la noche la multitud invade los baües públicos, abiertos todos ellos para solemnizar alegremente el jubileo del Emperador. El Emperador, en tanto, ha huido de Viena, donde todo el mundo se complace en recordarle que ha cumplido ochenta años, cosa que le pone de malísimo humor, y allá en su residencia veraniega de Isdril se pasea y hace como un reloj sus cinco comidas todos los días. Ni las catástrofes, ni las derrotas, ni las pérdidas de territorios, ni las tragedias intimas- -y son unas cuantas las que han caído sobre la Hofbourg de Viena- -lograron quitar el apetito al venerable Monarca. Cuando de vez en cuando sufre algún arrechucho, el público busca con avidez los partes facultativos, y al leer que el Emperador no puede tomar alimento, la consternación se retrata en todos los sem- blantes, y las gentes murmuran: Muy grave debe ser la enfermedad! Pero si, por el contrario, los partes facultativos afirman que el apetito se mantiene, entonces la bue na ciudad de Viena respira v dice: ¡Bah! No es cosa de cuidado. Viena adora al Emperador, que ha tenido la habilidad de desentenderse casi en absoluto de todos los asuntos de Estado para ser una majestuosa figura decorativa. Ya pueden llover desgracias y desventuras sobre la nación, que el país descartará siempre la personalidad del Monarca, sabiéndole absolutamente irresponsable. Francisco José en Viena es el primer ciudadano, un ciudadano que vive á su gusto, hace su capricho y va de un lado á otro con entera libertad. Ya en otra ocasión referí en estas mismas columnas cómo reparte sus horas el viejo Monarca, que pasa las veladas en casa de su antigua amante Catalina Sraht, la cantante famosa. Los vieneses lo saben, y como son muy espirituales, cuando ven por las noches el coche de Palacio á la puerta de la casa donde habita la señora Sraht se contentan con decir, guiñando los ojos: -El br. Sraht se divierte. Y en Viena todo el mundo saoe cómo se llama et señor Sraht. ULTIMO RETRATO DEL EMPERADOR F K A N C I S C O JOSÉ DE AUSTKIA Hace bien el ijr. Sraht, ¡qué diantre! Aho ra mismo en Viena se habla de un acontecimiento que en otra nación hubiera dado lugar á un conflicto y que aquí le ha parecido á todo ei mundo rnuv natural. La se-