Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A B C. LUNES 10 DE AGOSTO DE 1908. EDICIÓN 3. PAG. u El interventor de la Casa de la Moneda, el insigne autor de La capilla de Lanuza, don Marcos Zapata, paseaba de un lado á otro sonriente y afectuosísimo, frotándose las manos de satisfacción. I operación. Como una seda. Esto vá como una seda. Hoy, según está anunciado, empezará El auxiliar de caja, D. Andrés Chain, el canje de la moneda ilegítima de á cinco pesetas por otra moneda de igual valor, le- apoyado en el tronco de un árbol, el somgítima, en todas las capitales del reino y en brero ea la nuca, sonreía plácidamente. En las demás poblaciones en que hay sucursal el fondo de una ventanilla, lejos, muy lejos, del Banco de España ó que han sido habili- en medio de una gran sala llena de máquinas, de volantes, de aparatos extraños, tadas al efecto. nuestro Sentado Las personas que no quieran examinar la ante una compañero P e p e Arija, una lupa mesa, examinaba con ¿noaeda de á cinco pesetas ó no se consi- duros y más duros. deren aptos para distinguir las diferenBueno, pero ¿y el público? ¿No ha veniciáis pueden tener en cuenta que no se hallan falsificados los cuños de los duros do nadie? Sí, habían venido á primera hora, de de los años de 1870, 1871, 1872, 1873, 1874, 1875, 1886 y 1887, ó sea los de ocho nueve á diez, á diez y cuarto, á diez y media... años, cuja rnoneda, coa sólo mirar el año, pequeños grupos, personas sueltas gente puede recibirse sin la menor desconfian- de apariencia modesta que venía á canjear za ni el más pequeño recelo. Y como de sus duros, tres, cuatro, cinco... La partida mayor fue de 3.500 pesetas. dichos años hay acuñados 272 millones de Arriba, en la caja, se había establecido el pesetas en moneda indiscutida de á duro, puede hacerse frtíSíe con ella á las necesi- cambio de las grandes cantidades, las supedades de la circulación, para los que no riores á 5 000 pesetas. A las once de la maquieran tomarse el trabajo de examinar más ñana no se había presentado allí nadie. A esa hora calculábase que la moneda ileque el año. Además, existen 279 millones üe pesetas gítima presentada al canje era aproximadaen piezas de á dos pesetas, de peseta y de mente de un 3 por 100 de la que hay ea cir go céntimos, que pueden ir entrando en la culación. Como sucede siempre en estos casos, hubo circulación, pues no todas circulan en la acincidentes cómicos. tualidad. Una señora pensionista se presentó á cambiar 14 duros. Marchóse satisfecha con los EN MADRID buenos, y al cabo de un rato volvió desconsolada. 1 piiiuer día. 1 1- ¡No me los toman. Ha transcurrido con perfecto orden, -Pero, señora, si son buenos. ¿alma completa y tranquilidad absoluta. O -Serán todo lo buenos que ustedes quielos madrileños somos tan holgazanes y tan comodones que preferimos exponernos al ran; sero no me los quieren. -J? iga usted que se los han dado en la peligro de encontrarnos con moneda ilegítima con tal de no sufrir los rigores del sol Casa de la Maneda. -Ya lo he dicho; pero no me creen. y las molestias de la cola, ó lo dejamos todo No hubo manera de llegar á un acuerdo. para el último día, ó no tenemos dinero La pobre señora se marchó escamadípara cambiar. Puede que al fin y al cabo éste sea el único descubrimiento verdadera- sima. Hubo algunas pequeñas confusiones por mente positivo y doloroso que deduzcamos que la mayoría de la gente creía candida el actual problema. Parecía natural y lógico, después de la mente que á cambio de sus duros, buenos y ttai ma de estos días, que todo aquel que tu- malos, se iba á llevar moneda fraccionaria. bera un duro en el bolsillo se apresurase á El desengaño era enorme al ver que les daStnvencerse de si era bueno ó malo; publi- ban duros, y: lo que era todavía más grave, cadas por los periódicos las dependencias duros del 98, precisamente del 98. Casi todos protestaban, pero, al tin, no teCB donde se realizaría el canje, desde esta liana á la del 24 inclusive, era de supo- nían más remedio que conformarse. Otros se empeñaban en que los técnicos que el público, en avalancha formidawtKf se precipitaría presuroso en las oficinas les enseñasen prácticamente, con las mone m ambio en cuanto las puertas se abrie- das á la vista, cuáles eran las diferencias Í para recobrar la tranquilidad y desva- -jUe existen entre los buenos y los ilegír las dudas, dudas terribles, las más te- timos. Los empleados concretaoanse a sonreír y bles de todas, ya que no atacan á las cons t e Iones de la conciencia, sino á 1. S mate- á exclamar: -Las tiene usted publicadas en todos los Wjhdades del bolsillo. Pues, no, señor. No hay nada de eso. La periódicos. ¡Ah! ¿pero son esas del oído fino y de gente no cambia, por lo menos no ha cambiado hoy lo que era de suponer que cam- la pata elegante del león y de las veintitrés rayas del escudo? aiía. Vei eraos lo que sucede el día 24. -Natui almente. Entre tanto concretémonos á cortar le- ¿Y se las sabe usted de memoria? ue hemos visto hoy. -Naturalmente. 11 n la Casa de la Moneda. -Pues ya es saber. Establecióse la oficina de canje c i los n el Banco de España. jardinillos de la entrada, eu una especie de La oficina de canje se ha establecido amplio mostrador cerrado por un enrejado, pn el Cual se habían abierto unas seis ven- en el piso bajo, en la sala destinada ordinariamente al cambio de billetes. Grandes cartan illas. El lugar es fresco, higiénico, agradable. telones lo anuncian: Canje de monedas de Grandes, árboles preservan, con la sombra cinco pesetas Enfrente de ellos, otros carfie sus copas, de los rayos del sol, y unos telones advierten: El cambio de billetes, en bancos de madera invitan al descanso. Los el entresuelo Por si esto no fuera bastante, unos ordeEmpleados son amables, atentos, cariñosos. ÍISL operación de canje se hace en el acto, á nanzas obsequiosos y atentos contestan amablemente á cuantas preguntas se les diia misma vista del público. Pues bien, á pesar de todas estas facilida- rigen y resuelven todas las dudas que se des, de todas estas circunstancias agrada- les consulten. Hay que íeconocer que en el Banco hacen muy bien las cosas bles, la gente no acude s Algunas parejas del Cuerpo de SeguriA ¡as o e do H nnfiana. las seis ventadad y uuot mantos guai Jias civiles en tranillos p h n v atias EL PROBLEMA DE LOS DUROS E P je de paseo bostezan aburridos sobre Itís bancos ó circulan á lo largo de los interminables pasillos. El público es algo más numeroso que en la Casa de la Moneda; hay cola, pero una cola tranquila y sia impaciencias ni apreturas. Se han habilitado para el canje cuatro ventanillas, y la operación se lleva á cabo con asombrosa rapidez. Los empleados encargados de ella vierten las monedas sobre el mostrador y con la punta de los dedos van recogiendo y repasando: bueno, bueno, malo... bueno. ¡Ea! Ya está, otro. Nada de lupa, nada de examen minucioso, nada de reconocimiento detallado... La cosa no puede ser más sencilla ni menos complicada. Así se explica que en menos de tres horas se han reconocido 25 000 duros, de los cuales unos 5.000 han resultado ilegítimos. Un 20 por 100, 17 por 100 más que en la Casa de la Moneda. Vamos atando cabos. Pero si la gente no acude á canjear discos, en cambio diríase que todo Madrid, incluyendo su provincia, se ha desbordado sobre las ventanillas del cambio de billetes. La cola oenpa todo el pasillo, da la vuelta, sigue por la escalera... El conjunto no puede ser más variado ni más pintoresco. Hay en ella gente de todas clases, fachas y cataduras: señoras distinguidísimas y mujeres de pueblo; caballeros y artesanos; cobradores de casas de comercio y asistentes, todos mezclados y revueltos en democrática confusión. Entre ellos destaca un número enorme de labriegos, campesinos de los pueblecitos de Madrid, que han venido con sus grandes alforjas y sus carteras de badana. A pesar de la aglomeración de gente, el orden es completo. Se guarda la vez con la misma compostura que ante un conf esionano. Únicamente cuando algún vivo, aprovechando un descuido, se introduce en la sala clandestinamente, suenan voces airadas y gritos de protesta, ¡En... ¡Ese que se cuela! ¡A la cola! Intervienen los ordenanzas, los guardias retiran al intruso y la cal ¿ia se restablece. En las ventanillas de cuenta corriente hubo también bastante movimiento. Solamente el Crédito Lionés impuso esta mañana 86.000 pesetas en motíedas de cinco. Las llevaron en un carro custodiad zt tres cobradores. Hay que tener en cuenta que, si los números no engañan, 86 000 pesetas pesan la friolera de 430 kilos, unas 38 arrobas y media. El Crédito Lionés ha considerado más práctico depositarlas en cuenta corriente que perder el tiempo en averiguar cuáles eran los buenos y cuáles los sevillanos. Lo que se habrán dicho: Cuando llegac la ocasión de retirarlos, ya se encargara el Banco de que todos sean buenos. p n el Giro Mutuo. También es un local muy agradable, muy fresco y muy simpático el patio de la casa de la calle del Barquillo en donde la Compañía Arrendataria de Tabacos ha establecido su oficina de canje. En unos largos bancos de madera ia gen- te, sentada, espera pacientemente á que le llegue el turno. Tampoco hay aquí apreturas ni agióme ración. A las doce de la mañana apenas si van canjeadas 5.000 pesetas. Un 10 por 100 ha resultado ilegítimo. 351 público es aquí más uniforme que en el Banco de España. Son gentes del barrio pequeños industriales, cnaditas de delantal blanco que vienen á cambial pequeñas cantidades, 10, 15, 20 duros Arrinconadas en un extremo del bfiico humildes y sencillas bajo sus pudoiosas to cas blancas hay dos monjitas con un bolso negro mu glande que oprimen contiael E E