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DE TODO EL MUNDO, POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y TELÉFONO 4 m ta DE TODO EL MUNDO tPOR CABLE POR TELÉGRAFO Y TELEFONO en derredor del hombre van y vienen, se alejan, tornan y sin cesar se agitan... Helos aquí libres, felices, independientes, de un lado á otro conducidos por la inquietud de su propia naturaleza; se posan en nuestras carnes, en nuestros muebles y en nuestros vestidos; comen en nuestro plato y liban en nuestra copa; recorreu á su placer todas las habitaciones de nuestro domicilio... ¿Cómo suponer que se aprovechan de esta intimidad para asesinarnos... Tuvimos siempre á las moscas por molestas, pero nunca por criminales, y el descubrimiento de esta su verdadera condición nos sorprende tanto como nos intranquiliza... ¡Ay! ¡Quién iba á de acusar, por lo tatito, del delito de propaganda, y el odio que contra ella empieza á germinar en nuestro espíritu es el qise merecen todos los intermediarios entre la producción y el consumo, verdaderos causantes de la universal miseria. Descubierta y comprobada la verdadera misión de las moscas en este mundo, justo será dedicarnos á mandarlas al otro con toda la posible rapidez. He aquí un nuevo ideal que empieza á cencretarse después de haber vivido, como todos, en la serena región de las abstracciones. He aquí también un pequeño ejemplo que sirve para explicarnos la formación de la moral humana. La caza LAS MOSCAS A medida que la ciencia va desentrañan do los misterios del mundo, nuestro corazón, ya conturbado con sus propios problemas, adquiere nuevas inquietudes... ¡El mal sios persigue y nos cerca por todas partes... Una tugida red de peligros se extiende por el globo que habitamos, obra de invisibles tejedores que están sieinore en potencia laborante. ¡Oh, miseria de nuestro destino! El planeta nos es hostil, y hemos de procurar con todo celo sortear sus constantes amenazas y descubrir la muchedumbre de sus propó- 1 vv áhf. BARCELONA. LA EJECUCIÓN DE RULL EL PUBLICO EN LOS ALREDEDORES DE LA CÁRCEL MIENTRAS ESTUVO IZADA LA BANDERA NEGRA Fot. Baliel! sitos mortales. El hombre, rey üe la creación, corre á todas horas el riesgo de un atentado y no puede fiarse de nada ni de naáie. ¿Cómo ha de disfrutar tranquilamente los excelsos dones de la existencia? Ante el temor de cerrar el ojo de improviso, debe vivir con cien, todos abiertos y vigilantes. Hasta los seres más modestos y amigos de la domesticidad vienen á su casa con intención de causarle algún perjuicio, como si fueran amigos de confianza. Aquí están las moscas, por ejemplo. Esos ligeros y gallardos seres que animan nuestras horas veraniegas con sus zumbidos y clon sus vuelos son peligros con alas que suponer que la trompa de una mosca fuera más terrible que la del elefante! Ello es cierto, sin embargo. Con ese imperceptible apéndice los gérmenes patógenos se extienden y se propagan con espantosa facilidad. L, a mosca los extrae de su nido, y en vuelo rápido los conduce adonde buenamente se la antoja... Esto nos permite asegurar de un modo rotundo que los bacilos han resuelto mucho antes que el hombre el problema de la navegación aérea. También nos sirve para discernir el verdadero grado. de culpabilidad que ala mosca le corresponde. L. a mosca no crea el mal; lo propaga, que no es lo misino. Sólo se la pue- de la mosca, que siempre fuá un entretenimiento, de hoy más ha de mirarse como un deber... Dispongámonos todos á cumplirle. Aquila non capit muscas; pero el hombre, sí. Forcemos el ingenio hasta encontrar algo que de una vez y para siempre nos libre de esa plaga, ya que, por lo visto, de nada sirven los específicos anunciados en los periódicos. Hagamos, si no, un dulce esfuerzo monetario; el suficiente á la elaboración de un inmenso panal de ricamiel, donde quedarían las moscas presas de patas si es verdad lo que dice el fabulista... Aunque fuera mejor aliarnos con las arañas, con las lagartijas ó coa otros animalejos semejantes, los