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DE TODO EL MUNDO POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y TELÉFONO t t OE NUESTRO ENVIADO ESPECJAL DE TODO EL MUNDO POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y mmm TELEFONO en tu cabellera abundantísima, por ser los dueños un minuto no más de tus senos desnudos, blancos y abiertos como espléndidas, colosales magnolias! Mujer, al fin, y mujer hermosa, cumples tu destino en el mundo, y cada vez qae haces un dichoso es á costa de cien muertes... Y así debe ser... Que si los hombres no sacrificásemos la vida por una mujer, no mereciéramos la vida... V o acabo de presenciar la agonía de tu úl tima víctima... Joven, vigoroso, valiente, este decidido doctor Rougemont, que te adoraba, sintió tin día el imperioso deseo de de nieve se ha apoderado de él, le ha estre chado entre sus brazos helaios, aniquilándole con su glacial caricia, y, exhausto, muerto, le ha arrojado después, como una cosa inútil, en cualquiera de los abismos que la rodean... Sí... El joven Rougement iba á la muerte, pero feliz, sonriente, atraído siempre por la blancura virginal de la hermosa doncella, que parecía aguardarle desperezándose al beso del sol... Y, por fin, venció las dificultades, saltó las inexpugnables barreras que defienden á la encantada soberana de las nieves perpetuas y sus manos trémulas palparon las glaciales A B C EN SUIZA 1 AJUNGFRAU ¡Salve, blanca monta ña! ¡Salve, picachos atrevidos, que miráis desafiadores y valientes cara á caira al firmamento, clavando vuestras cimas elevadas en las entrañas de las nubes, que se dejan herir, hundiéndose y descendiendo poco á poco! ¡Salve, purísimas nieves que jamás nadie se atreve á hablaros! Yo no sé si en. las caprichosas lornias con que la nieve viste tus rocas semejas eso que tu nombre indica: una virgen 1 NTERLAKEN. UN GRUPO DE ASCENSIONISTAS EN LA doncella desperezándose al beso de la luz y conquistarte... Por espacio de cuatro días y el sol... Yo he buscado tus curvas de sobe- cuatro mortales noches avanzó sorteando rana belleza y no te he descubierto tal como ventisqueros, escalando rocas cortadas á la fantasía de los dibujantes de tarjetas pico, subiendo, subiendo siempre... ¡Qué vapostales te ha pintado; pero no importa... len al lado de esta epopeya silenciosa é Quiero creer que vives en esas inmensas ignorada los torneos de aquellos soberbios rocas, siempre esperando el beso de la luz, caballeros que combatían por una sonrisa siempre perezosa, y te saludo, arrodillándo- de su dama! ¡Qué el viaje de Sigfrido á trame a. ate tu candida hermosura... ¡Tres veces vés de los bosques para conquistar á Brunilda y despertarla á la vida y al amor! salve, virgen doncella, montaña blanca! ¡101 joven doctor Rougemont iba á morir! ¡Oh, sí! ¡Ahora comprendo las violentas pasiones que enciendes, tú, virgen fría; Sí... A morir, porque la Jungfrau, la virgen ahora me explico que los hombres pierdan doncella, no ha devuelto jamás coa vida á la vida por escalar la cumbre de tu lecho, ninguno de sus amantes, y cuando un aforpor besar tus labios helados, por reclinarse tunado ha logrado escalar su blanco lecho JUNGFRAU formas de la aermosura tanto tiempo deseada. ¡Era suya! ¡I a había conquistado! Ávidos sus ojos la contemplaban, oprimid sus brazos, besó tembloroso sus cabellos acarició tímido sus senos grandes y abiertos como espléndidas, colosales magnolias. -E, a hermosa virgen le sonreía, y en la sonrisa había tanta ignorada delicia, tanta secreta ventura, tan inefables promesas de eterno amor, que el afortunado amaate se sintió desfallecer... I avoz murió- en su gar- ganta, sus labios no tuvieron fuerza para besar, sus manos heladas crispáronse, dejó de latir el corazón y cayó del lado de la virgen como una masa inerte, rebotando ea