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Dft TODO EL MUNDO, POR CABLE, POR TELÉGRAFO TELÉFONO como el ministro de jornada, tanto la florista como la Escolta Real, lo mismo el periodista que el revendedor de billetes, así elduque y el conde como el fumista y el carterista. Y ahora, ¿qué es lo que hacen, cómo se baños y de los bañistas; pero, por falta de conducen, cómo se bañan estos diversos método en las narraciones, el público sólo componentes de la gran familia veraneanconsigue tener una idea muy vaga del ve- te? Aquí tenemos, en primer lugar, al laraneo, de los baños y de los bañistas. Va- briego de Castilla y de la Navarra ribereña. mos á ver si podemos clasificar de una ma- Vienen estos señores en grupos de dos, de nera precisa la calidad de los diversos indi- cuatro, de varias familias, con el padre á la viduos que componen la especie ó raza de cabeza y el niño mamón á la cola; visten los veraneantes las mujeres á la moda de su tierra, con telas Ciñéndonos por el momento á San Sebas- de colores inverosímiles, peinadas según la tián, hallaremos que los veraneantes se des- costumbre del año 1808, y los hombres traen componen, por orden de nacionalidad, en las pantorrillas al aire, ó bien se traen nos las siguientes variedades: madrileños, ara- sombreros parecidos á los que usaban los goneses, navarros, castellanos viejos, fran- tercios de Flandes cuando iban á matar he- DE TODO EL MUNDO, POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y TELEFONO dades escénicas de Madrid. A éstos no hace falta que les ayude la Providencia; ellos se ayudan á sí mismos. Los madrileños... Pero ya hemos visto que los madrileños son demasiado variados para que pueda englobárseles en una clasificación. Como madrileños, tienen la principal característica de Madrid: una cierta benevolencia por las cosas que no pertenecen á Madrid. Así es que miran el mar sin asombrarse mucho, se bañan con una negligencia de buen tono, ó no se bañan de ninguna manera, y en cuanto á las demás cosas, puesto que las han visto mejores en Madrid, no tienen por qué verlas y admirarlas. El soldado de la Escolta Real se dedica á lucir su sable y su plumero ante las niñeras provincianas; la florista se ocupa en importunar á EN SAN SEBASTIAN Mucho suele hablarOS Le. DIVERSOS VE- se del veraneo, muRANEANTES cho se habla de los LINEA DE LA CONCEPCIÓN. MANIOBRAS MILITARES EJERCICIOS POR EL GRUPO DE AMETRALLADORAS HE LA SEGUNDA BRIGADA DE CAZADORES ceses y americanos. Si pasamos á inquirir la categoría social de estos señores, veremos desde luego qué los castellanos viejos y los navarros son gente labriega, ó, por mejor decir, son grandes arrendatarios del interior y propietarios de viñedos; los aragoneses son en su mayoría tenderos, fabrican tes 3 rentistas de Zaragoza; los americanos son de dos clases; unos, auténticos, criollos, y los otros, españoles que labraron su fortuna en América, vulgo indianos; los franceses son gente variada, y, mejor que veraneantes, pudiera llamárseles subveraneantes puesto que componen el gremio de croupieres y el de mujeres, entretenidas ó entretenedoras. Por lo que respecta á los madrileños, su clasificación social es del todo imposible; de Madrid llegan tanto el limpiabotas rejes. La obsesión principal de estas buenas gentes es el baño. Sienten por el agua del mar el mismo religioso afecto que siente un musulmán por la ciudad de la Meca. Se bañan con verdadera unción toda la familia junta; contemplan la ciudad, miran los automóviles, se empapan ligeramente de europeísnio y tornan á sus viñedos ó á sus trigales santificados por el salitre marino. ¡Que la Providencíalos ayude! Los aragoneses ya se conducen con otra circunspeeción. Saben, como buenos burgueses que son, gustar la felicidad á sorbos, sin apresurarse. Toman su bañito á hora avanzada, comen bien, se hospedan en buenas habitaciones, suben al monte Ulía y meriendan, entran en los cafés y refrescan, van al teatro y conocen las. últimas, nóve- los señoritos condes ó á los señoritos diputados de la mayoría; los señoritos, por pasar el rato, unas veces hablan de automovilismo, otras veces de juego y otras veces de nada que valga la pena, y los periodistas se dedican á buscar noticias que no existen. í ¡n verano no existe nada, más que sol, mujeres vestidas de blanco y automóviles polvorientos, detonantes. ¿Y los franceses? Los franceses llegan la víspera de domingo, compran un billete para la corrida, ven los toros, gritan ¡bravo, Bombita! y se vuelven á su oficina ó á su epicerie de Burdeos como aquel que acaba de realizar un acto eminentísimo. iQue la Providencia les conserve su candoroso buen humor! j M. SALAVERRIA