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A B C MIÉRCOLES 5 DE AGOSTO DE ¡908. EDICIÓN 1. PAG. 14 M LA INFANTA ISABEL EN SANTANDER S. A. R. (x) CON LA MARQUESA DE NAJERA EN LAS CESTAS DE LA PLAYA DEL SARDINERO fot. Dorreli giénicos devolvieron la tranquilidad al pa- moroso, surcaba en los bajos de la llanura, 1 y opaquecer, en fin, con su inmensa frigidez ciente. Allí había de permanecer medio día, y me el noctámbulo claror de la luna, que, paliinvitaron á pasarlo cazando; acepté, y salí- decida y desdibujada con tanta luz, descene Éabían avisado por telégrafo para que me á la explanada del cortijo, donde, arre- día, no tan presurosa como ella quisiera, á fuese á visitar á un antiguo cliente que llenado en cómodo sillón de mimbres, esperé ocultarse por Occidente, vencida y avergonpasaba la primavera en su cortijo, enclava- el arribo del nuevo día, que desde aquella zada, sin duda, de su poco poderío. Yo quedé encantado de aquel espectáculo, altura pude contemplar á pleno sabor. do en el corazón de la sierra, en pleno Des Al rosear la alborada, pálidamente al que nunca había presenciado; pasé cazando peñaperros. Al atardecer subí en el tren correo, y an- iniciarse y más abermellada después, co- algunas horas, torné á la estación, subí al tes de media noche arribé en la estación de menzó el preludio incongruentemente ar- tren que había de transportarme á mi resiSanta Elena; allí me esperaban con sendas mónico y melodioso del gorjear de las alon- dencia, cerré los párpados, y el fondo de mi cabalgaduras un hermano del enfermo y un dras, del suave silbido de las oropéndolas y retina se impresionó á modo de placa fotoel variado cántieo de las perdices, que, des- gráfica con el soberbio panorama gozado y guarda del coto. Acomodados á lomos de los alazanes, los perezadas del sueño nocturnal, entonaban sentido al presenciar la alborada en la sierra. gozosas su alegre curicheo, como si pasaran DR. CORRAL Y MAIRA tres emprendimos la marcha al cortijo. Linares, Agosto de 1908. La noche, una de las postrimeras de lista á sus bandos para disponerse en seAbril, era serena, entibiada y briosamente guida á dar juntos su primer revuelo de enclarecida por la luna en pleno disco; la alba, bajando á los valles, donde les esperatierra no se ennegrecía con más sombras ba abundoso y ¡esineráldico comedero. Las que las que proyectaban las recortadas si- flores del tomillo, del cantueso, de 1 a mejo- ontra la embriaguez. luetas de las rocas, los desfiladeros, las en- rana, del romero, del lirio y de la violeta Para los que sufren por su afición á la cinas y las pompudas matas de lentiscos; la silvestre abrían de par en par sus cálices, bebida, dice la Revista Nacional de Agriculbrisa nocturnal aspirábase pletórica de aro- derrochando perfumes; los tallos de la reta- tura existe un remedio easero. Consiste senmas, y el silencio profanábase tan sólo con ma y las hojas de la jara y del lentisco, hú- cillamente en comer manzanas. Las más acidas son las mejores, es decir, las que surel piafar rítmico del trote de las cabalgadu- medas por el relente, exhalaban entonces ten efectos más rápidos. ras y el agresivo ladrido de los perros cuan- un vahido fragantemente acre. Y, según parece, es en verdad sorprenCantos y aromas fundíanse juntos para do pasábamos cercanos á los apriscos del ofrecer en holocausto de la aurora excelsa dente cómo se despeja la cabeza á los boganado y á las chozas de las majadas. Dejando atrás y abajo la amplia carretera, melodía y sacrosanto incienso; mientras rrachos comiendo manzanas. Para calmar la afición de los borrachos ascendíamos por las veredas que serpeaban tanto, el sol comenzó á surgir por Oriente, los cerros en las primeras estribaciones de mayestáticamente hermoso, simulando un crónicos á la bebida, las manzanas asadas Sierra Morena y al fin de un recorrido de incendio circular que ascendía en el espacio, constituyen una verdadera medicina. En cuatro kilómetros mal calculados llegamos para desde arriba, dueño y señor del firma- las casas de salud y en los refugios inglemento azulinado y diáfano, poder colorear ses, adonde mandan á los borrachos incoal cortijo. Visité al cliente; por fortuna, la dolencia y fecundar la tierra, iluminar el valle y el rregibles para que se curen, ha dado resulno ofrecía gravedad; caprichos y aprensio- risco, la cañada y la cumbre; similar en per- tados excelentes un régimen alimenticio nes de neurasténico rico; una inyección hi- las el rocío que esmaltaba la pradera, rielar compuesto casi exclusivamente de estas podérmica y unos sugestivos consejos hi- su fuego sobre la superficie del río, que, ru- frutas. LA ALBORADA EN LA SIERRA UNA IDEA DIARIA