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DE TODO EL MUNDO POR CABLE, POR TELÉGRAFO TELÉFONO 0 E NUESTRO ENVIADO ESPECIAu DE TODO EL MUNDO POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y m m m TELEFONO montón de locos escalando la montaña a pie, pasando frío y exponiéndose á romperse un hueso, cuando resulta tan cómodo, tan entretenido, tomar pasaje en el Urí primero y eu el funicular después, y al cabo de tres horas llegar á la cumbre de la colosal montaña... Bien es verdad que los que suben á pie están seguros de ver la salida del sol, y yo... yo es posible que no me despierte á tiempo. poco agradables meditaciones, de repsnte, la vagoneta, que hasta aquel momento ha ido bordeando un precipicio de mil y pico, metros de altura, se mete por un agujero inverosímil, salta sobre un barranco y va á de tenerse, para reponer el agua de la máquina, en una Wasserstatton, que es un verdadero tormento para el que padezca vértigos... Minutos después el convoy se pone de nuevo en mareha, subiendo, subiendo siempre... Y á los dos mil metros de altura atravesamos un valle poco más grande que un Y vaya si es emocionaste esta ascensión pañuelo, sembrado de casitas diminutas y en el funicular del Pilatus- Hora y me- alegre, muy alegre; pintoresco, muy pintodia de viaje á gatas escalando la monta- resco... En los pequeñísimos prados pastan NA NOCHE EN PILATUS ¡Así se comprende el alpinismo! Primero, el Urí, un vaporcito de ruedas, ligero, elegante y coquetón, nos recoge en el embarcadero de la Kurplatz y por espacio de una hora nos pasea por el lago, ofreciéndonos á cada instante nuevos y variadísimos paisajes. Después, al llegar á Alpnach, el funicular nos aguarda, en presión ya y dispuesto á emprender la ascensión... Más tarde, cuando nos detenemos en u ABCEN SUIZA- V W y km r i- v fe lr Sf LUCERNA. UN VALLE EN EL P 1 LATUS A DOS MÍL METROS DE ALTURA. UNA FAMILIA FEL 12 a cumbre del Pilalus, las puertas de un sun- xia, bordeando precipicios, cada vez a ma- las vacas alpinas, sacudidas üe carnes, ágituoso hotel se abren á nuestro paso; en el yor altara, oyendo el agitado respirar de la les, correntonas... Rubias mocetonas y rocomedor, la mesa preparada espera, y en una máquina y pensando que un descuido del bustos aldeanos labran unos cuadrados de habitación confortable y tibia, una cama maquinista- -que puede ser un suicida- -ó tierra grandes como la palma de la mano, una averia en la maquinaria nos sepulta- y viven allí felices, en un eterno idilio pasblanquísima nos sonríe. ¿Va usted á ver amanecer? -nos pre- rían en el abismo; porque eso de la seguri- toril. Lejos de la ciudad, cerca del cielo, dad de la cremallera es una cosa muy bo- ellos creen que están casi á igual distancia gunta el criado. -Naturalmente- -le contestamos. ¡tara nita que han inventado los ingenieros para de las luces eléctricas, que brillan allá abaqué hemos subido hasta aquí si no es para tranquilizar á las gentes... pero nada más. jo, en la ciudad populosa, y del reflejo de ¿Es que no puede sufrir una ligera desvia- las estrellas, que se encienden allá arriba, ver amanecer? -En ese caso- -nos responde, mientras lo ción una parte de la línea, á consecuencia en el azul firmamento... Y miran indiferenapunta en su carnet, -é, las tres y media le de un fenómeno cualquiera, un impercepti- tes esta vagoneta- que pasa vertiginosa, y se ble temblor de tierra, una. pequeña sacudi- concentran en su valle, asustados, uniéndodespertaremos á usted. se en un abrazo la esposa, el marido y la ¡Qué diantre! ¡Así se comprende el alpi- da interior de la montaña? Y cuando más embebidos vamos en estas vaca. ¡Toaos sus amores! nismo! En tanto, á estas horas habrá un