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A B C SÁBADO i. DE AGOSTO DE 1908. EDICIÓN 2. a FAG. 5. f Como si no fuese bastante la desgracia de ¡ina ciudad que aun cuenta con ese baldón del piogreso higiénico que se llama pozos negros, aun lia de sufrir las resultancias de la incuria municipal, que sólo en un momento- -siempre el menos á propósito- -se acuerda de que hay Ordenanzas cuyo incumplimiento es un crimen de lesa humanidad, La Inspección constante, la aplicación severa de las prescripciones legales sobre higienización de las casas, constituiría un bien, ó cuando menos un alivio, para la situación de constante peligro en que vive Madrid. Son muchas las casas con apariencias de íujosas que no cuentan con uno solo de los adelantos que la higiene ordena y las Ordenanzas imponen. Y si esto ocurre ron el caserío de pretensiones, huelga suponer lo que sucederá con el modesto y miserable que forma la mayor parte del casco de la población. Soñamos con los suntuosos lujos Se otí as capitales, sin contar con que antes áe lucir es preciso vivir. ¡De valiente cosa sirve cubrir con sedas y encajes las escrófulas de un cuerpo débil! Hacer grandes vías 4 e las que lucen será obra que halague á la vanidad; pero hacer pequeñas vías interiores de las que no se ven sería hacer obra de humanidad. 1 Pero Madrid tiene el hábito de la resigti acióii. Se resigna ante tanto abandono y tanta lenidad como se resignará ahora á que le envenene la remoción de los pozos negros, aunque el tifus es, extienda por doquier, una especie de consulta pedida por el ministro de Hacienda para diagnosticar sobre el estado de gravedad del pobrecito duro. El último golpe que le dio el propio ministro fue fatal para la salud del paciente. Hállase desde entonces desahuciado. La consulta no ha sacado ni parace que sacará de dudas. El Banco hará lo que ordene el Gobierno; pero no se meterá á distinguir la legitimidad ó ilegitimidad del cuño. Más claro, ni el agua clara. No haj Dios que conozca la enfermedad, que es lo que viene ocurriendo con otras enfermedades. Se sabe que de ellas se muere la gente y nada más. El Ayuntamiento tuvo sesión. De lo que más se habló en ella fue de la clausura y de la reapertura de algunas vaquerías. Con este motivo se afirmó que jamás ha ocurrido en Madrid un caso de intoxicación por leche de vacas. Justo es consignarlo en honor de las vacas. Lo que tiene es que va á creer la gente que no es del consumo común la leche de vacas. O que tenemos, sin saberlo, las mejores vaquerías del mundo. -De política seguimos libres por ahora. Tenemos bastante con el, tifus y con el bando sobre los pozos negros. De entre los sucesos á consignar, el suicidio de un enfermo del hospital y el de un oficial de la Armada. Y no hubo más cosas salientes en el último día del mes, que en paz descanse UENTOS ILUSTRADOS g El día siguiente la enfermera dijo aldoetor Doctor, el número 23 ha tenido esta noche 39 grados de fiebre. ¡Demonios... ¡Veamos esa pierna! -No se trata de mi pierna- -murmuró tímidamente el enfermo. -Se va cicatrizando la herida y no me duele. -Entonces, ¿de qué se queja usted? -Toso, doctor, me duele el costado, deoo tener una pleuresía. El doctor Lestourbíe se encogió de hombros. -Lo siento... pero ¿qué le voy á hacer? -Auscúlteme usted- -balbució Tournevirol. ¿Para qué? -Para cuidarme. para curarme. El eminente profesor se estremeció. ¿Cómo... ¿Usted desea que me ocupe de terapéutica en una sala destinada á operaciones? Aquí cada cual tiene sus atribudo nes. Me ocupo de su pierna y no puedo ocuparme de sus pulmones. En un hospital, lo primero es el orden, la división del trabajo Las enfermedades de las vías respiratorias son del dominio de mi eminente colega el doctor Ratagaud, cuya sala se halla en el piso de arriba. El es médico y yo soy cirujano. ¿Comprende usted? -Sí, ya comprendo, pero, trátese de una pierna ó trátese de los pulmones, me parece que el enfermo es el mismo. EL FIN DE UNA NOVELA p n el expreso de Barcelona, y en compañía T de los señores conde de Sagasta, Armiñáa y Canalejas (D. Luis) regresó ayer á Madn d nuestro querido director, D. Torcuato Lúea de Tena. A Durante los pasados días, y por el hecho le haber confundido los empleados de Consumos de Valencia un inofensivo envoltorio de bastones con espadas y sables de combate, se atribuyeron á nuestro director propósitos que nunca tuvo respecto del diputado D. Rodrigo Soriano, dando motivo leí citado hecho á una fantástica novela, de la que se hicieron eco los principales periódicos de España. 1 Para demostrar el error padecido en la información del supuesto duelo SorianoI uca de Tena, bastará citar un solo dato. Nuestro director no pisó ni la calle de Valencia donde se halla instalado el Casino Radical, y no pudo, por tanto, ser presentado á los socios del mismo, ni pronunciar las pal abras que le atribuyeron varios quejidos colegas, Si sobre un hesho que de haberse reali zado Ii abría sido tan público y tan fácil de comprobar se han hecho comentarios tan variados y pintorescos, excusado es decir los errores en que han incurrido algunos periódicos por dar crédito á rumores miste riosos y sin fundamento. ournevirol tenía un bulto en la tibia y decidió ir á la clínica del hospital Mac- quart. Allí le dijeron que el caso era grave, que se trataba de una periostitis fuliginosa y que convenía operarle cuanto antes. Quedóse en el hospital y tuvo el honor de que le operara el eminente doctor Lestourbie, miembro ilustre de la Academia de Medicina. ¡Admirable operación 1 ¡Con ella alcanzó el docto maestro un nuevo y ruidoso triunfo! Cournevirol se sentía mejor. La herida presentaba inmejorable aspecto, y los ayu- dantes del sabio profesor se extasiaban ante ella. El doctor Lestourbie venía á verle todas las mañanas. 3 l ¿Qué tal? -le preguntaba afectuosamea- te. ¿Se siente usted bien... ¿Sufre usted... Gracias... ¡Muchas gracias, doctor! contestaba el enfermo. -Es usted la bondad misma. Cierto día añadió lo siguiente á sus habituales demostraciones de agradecimiento: -Toso continuamente, tengo fiebre, siento algo de opresión, y cuando respiro fuerte j me duele el costado. LA PIERNA Y LOS PULMONES El desgraciado consiguió que le trasladaran al servicio del doctor Ratagaud, y éste le cuidó su pleuresía, pero no se ocupó para nada de su tibia. De manera que sanó del pulmón. Pero tuvieron que cortarle la pierna. ROBERT FRANCHEVILLE. MADRID AL DÍA KA urló Julio. Tuvo una buena última hora, como se dice del que muere ejemplarmente Quiero decir que no se mostró cruel confMadrid. El termómetro clínieo no acusó gra a fiebre. No habrán quedado tan contentos los devotos de la lotería. Su premio gordo se lo llevó Balcelona, (y las tres series jada menos! Para que luego digan los barceloneses. Lo más saliente del día fue la reunión de los consejeros del Banco de España. ¿Y la pierna? -Sigue bien. -Bueno. Con eso me basta. E n los comienzos de la guerra de Cuba se atribuyó á un torero muy popular el si- t guíente sabio plan estratégico para ahogar en flor la insurrección: -Como aquella isla dicen que es larga y estrecha, yo pondría en un extremo de ella un gran ejército que fuese avanzando, avan zando y barriendo hacia adelante á los insurrectos. Así, ¡halaí, ¡hala! llegaría hasta el otro extremo de la isla, donde quedarían acorraladas todas las partidas. Y entonces, ¡al mar con ellas! No se siguió este ingenioso plan del eximio pensador, y así pasó lo que pasó. Nos recuerda esto algo de lo que hace en estos momentos Inglaterra. La obsesión ac tual de la soberbia Albión es Alemania. El Kaiser está haciendo una magnífica escuadra; pero ahí se las den todas á Inglaterra; cuando Alemania va, ella está de vuelta. Cuando el Imperio germánico tenga una podeíosa escuadra, el británico tendrá dos. Si los alemanes construyen 20 barcos, los ingleses construyen 40. A TRAVÉS DE LA FRONTERA LA PAZ ARMADA