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DE TODO EL MIÍN- POR TELÉGRAFO Y DE TODO EL MUNPOR CABLE, POR TELÉGRAFO Y SUJZA. VISTA GENERAL D E LUCERNU PANORAMA DEL LAGO DE LOS CUATRO CANTONES DESDE EL MONTE P 1 LATUS 0 E NUESTRO ENVIADO ESPECIAL A B C EN SUIZA i UCERNA Uña nube de ingleses, vanos batallones de norteamericanos y multitud de parejitas franpesas que esconden su amor en las villas de la montaña... Esta es la población de Lucerna en la actualidad... Ingleses y yanquis vienen á escalar las cumbres del Righi y del Pilatus... Ivas parejitas francesas no son tan atrevidas, y se contentan con dar paseos por el lalgo de los Cuatio Cantores y mirar desde bajo los elevados picos de las montañas nevadas. La ciudad es linda, elegante, coqueta; suntuosos los hoteles, las gentes, del país, servieiales... No hay más que dos industrias que verdaderamente florecen: la ijelojería y los hoteleros. El suizo que decide quedarse en su país opta entre hacerse relojero ó poner una casa de huéspedes. Amb ¡QS ramos de la industria gozan de una prosperidad asombrosa. El veraneante no tiene aquí tiempo para aburrirse, porque el día lo pasa haciendo excursiones interesantísimas, ty la noche, oyendo música en el Kursaal. A las doce de la noche la ciudad duerme silenciosa. Todo el mundo se acuesta temprano, porque todo el mundo madruga. Una noche de luna en el lago és un espectáculo fantástico... En las crestas de las montañas brillan las luces de los hoteles allí construidos, y desde la cumbre al valle las líneas de los funiculares encendidas semejan el zig- zag de las chispas eléctricas... Surcan las aguas del lago eseasas canoas automóviles adornadas con farolillos á la veneciana, y á veces, en la quietud silenciosa de la noche, del fondo de uno de estos botes fantasmas surge una tirolesa; 1 ¡Lararaito... ¡Lararaito ¡Mein liebes Tirol! ¡Lararaito! ¡LararaHo! los aires el grito tirolés estridente, prolongado, como un salvaje relincho de alegría, igual al que lanzan los paisanines de Asturias al concluir la giraldilla... ¡Yjujul A manece... j e las calles que desembocan en la Kurplatz y en la Banhofplatz, largas procesiones de ascensionistas acuden á embarcarse en los primeros vapores dispuestos á zarpar y en los trenes ya preparados. L, levan el morral á la espalda, calzan los recios zapatones claveteados, van provistos de la cuerda de nudos y del alto pasamontañas. Dirigen miradas despreciativas al Pilatus, al Guts, al Righi, á todas las Es un canto lleno de poesía, de nostalgia, de amor, de fineza; y cuando repiten el estribillo en coro media docena de vioces graves, aterciopeladas, al escucharlas sentimos que nos invade un dulce, apaciblje bienesar. Luego, al terminar la canción, rompe LAS FIESTAS DE VALENCIA. DISPARO DE UNA TRACA EN LA CALLE DE 8 AN VICENTE cumbres que hoy pueden escalarse cómodamente á bordo del funicular. Estos ascetasionistas no han venido á Suiza á ver los funiculares. Necesitan la emoción, el trac, y esto sólo pueden conseguirlo subiendo ellos mismos á los picachos, bordeando precipicios, abriendo caminos en la roca, para poder decir luego que pusieron sus plantas en sitios donde jamás nadie se atrevió á ir... Y así caminarán días enteros, comiendo refugiados en una concavidad, descansando en las chozas de los pastores, que en esta época del año llevan sus ganados á pastar á 2.000 metros de altura... Son valerosos estos excursionistas, porque á veces tienen que andar horas enteras por un vericueto de un palmo de ancho, con un torrente á la derecha y un precipicio á la izquierda... Y as? avanzan lentamente, á paso de buey, atados á la cintura unos á otros, clavando en el camino el pico del pasamontañas antes de colocar pesadamente él pie, asegurándose de que aquello es tierra firme. Y cuando han salvado aquel paso peligroso, llegan á la pared de la montaña, que los cierra el camino con la mole gigantesca cortada á pico. Cualquiera se descorazonaría... Un ascensionista experimentado, no... Busca, palpa, golpea y, por último, encuentra un agujero, una especie de túnel que atraviesa bordeando la montaña... Dentro, el torrente se precipita furioso con un ruido siniestro que retumba y ensordece. Y es preciso seguir por otro camino estrechísimo, inverosímil, agachándose y teniendo que andar casi inclinado hacia las aguas espumeantes, que se precipitan en el fondoPero ninguno vacila, y atados, siempre atados, todos avanzan serenos, impávidos, clavando las uñas en la pared de la roca, asegurando el pie antes de descansar sobre él todo el peso del cuerpo... A veces, un resbalón, un grito y una sacudida... itntonees todos clavan con fuerza el pico del pasamontañas en tierra y sostienen al desventurado que se balancea sobre el abismo, sujeto solamente por aquel trozo de cuerda... Pero no gritan, ni se asustan, ni los invade el terror... Quietamente, pausadamente, van tirando del caído, ayudándole á subir, y cuando han logrado ponerle en salvo vuelven todos á emprender la marcha, avanzando siempre por el interior de la montaña,