Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A B C S Á B A D O z 5 D E JULIO D E 1908. EDICIÓN i. tinto, y días pasados se reunieron en un salón de la Exposición franco- británica, celebrando una Asamblea importantísima y de gran trascendencia. Más de 300 fabricantes de sombreros de copa hicieron uso de la palabra para condenar- -respetuosamente, es claro, -la versatilidad del Monarca, que desde que abandonó el mil reflejos ha hecho bajar la producción. Porque si el rey Eduardo se pone un hongo, los ingleses todos se consideran obligados á ponerse el hongo también; si se recoge los pantalones, no veréis en landres más que pantalones remangados; si suprime los botones en la levita, los sastres todos hacen levitas sin botones... Ahora el Rey no se pone la chistera, y los ingleses le imitan y arrinconan el sombrero de copa. EL ESCÁNDALO PARLAMENTARIO DE AYER EL PR 1 MER INCIDENTE El tír. BELTRAN pide documentos y censura la administración de la justicia municipal en Valencia. Dirige también ataques al gobernador de Valencia por no haber consentido allí manifestaciones liberales, mientras en Manresa se autorizó una fiesta carlista con exhibición de banderas. Una vez terminada la lectura, contesta al Sr. Beltrán, ofreciendo informarse de las denuncias por éste formuladas. El señor ministro de la GOBERNACIÓN aplaude lo hecho por el gobernador de Valencia, que dignísimamente ejerce el cargo. El Sr. SORIANO: Digno de S. S. El señor ministro de la GOBERNACIÓN: El que no le guste á S. S. no es razón. El Sr. SORIANO: ¡Si S. S. no sabe dónde está Valencia! El señor ministro de la GOBERNACIÓN: Razones de orden público le obligaron á adoptar esas medidas. Bl Sr. BELTRAN: Cuando se reanuden las sesiones trataremos de muchas cosas. El señor ministro de la GOBERNACIÓN: Aquí estaré para contestarle. El Sr. SORIANO: ¿Pero es que S. S. es el Rey de España para decir eso? ¿Quién es su señoría? ¿Enséñeme la cédula? (Risas. El Sr. BELTRAN cree que no cuadra al gobernador de Valencia el calificativo de dignísimo, y pregunta por qué es delito en Valencia lo que no lo es en Cataluña. El señor ministro de la GOBERNACIÓN: A veces lo que puede autorizarse en una población no puede hacerse en otra. He aplicado el articulo de la ley de Orden público justamente. Se conoce que quieren prepararse sus señorías una entrada triunfal en Valencia. El Sr. SORIANO: Tiene poca gracia su señoría. Es un asaúra. El señor ministro de la GOBERNACIÓN: Ha deslizado aquí S. S. palabras injuriosas para aquel dignísimo caballero, suponiéndole capaz de ciertas infamias, y protesto de ello indignado, pues no se puede jugar así con la honra de un caballero. (Muy ínen. El Sr. SORIANO: Es verdad, y yo lo digo. El señor ministro de la GOBERNACIÓN: Basta que sea S. S. quien le acuse de inmoral para que esté juzgado. El Sr. SORIANO, descompuesto: A él y á S. S. cara á cara y donde quieran. (El presidente agita la campanilla. El señor ministro de la GOBERNACIÓN: Nadie tiene derecho á poner en duda la honra del señor gobernador de Valencia. (El Sr. Maura está en la Cámara desde la mitad de este debate. El Sr. BELTRAN: Yo denuncio que allí permite el eultivo del arroz por dinero ó lo que sea. El Sr. SORIANO: Pensaba hablar de cosas de tan alta política como lo referente a Guinea; pero mis patrióticos deseos puedan verse estorbados por el barro inmundo que representa la cuestión planteada. Miro en la comba de ese banao azul, que empieza en el Sr. Maura y acaba en el señor Besada, algo así como una comba en que descaradamente se columpia el ministro de la Gobernación. Veo con inmenso dolor ahí, callado con sus afrentas, al Sr. Besada, queriéndole salir las palabras á los labios, mientras otros permanecen tan tranquilos con su descoco y desvergüenza política. (El Sr. Maura y otros muchos de la mayoría protestan airadamente, y el presidente liama la atención del orador sobre sus palabras. Haciéndose oir con dificultad, continúa, el Sr. Soriano. La desvergüenza aplicada al Parlamento está en los discursos del presidente del Consejo. (El Sr. Maura hace signos de estrañeza y negación. ¿Pues qué, S. S. no ha hablado de escarnios, de desvergüenzas y otras cosas por el estilo cuando el Sr. Sa gasta se sentaba en el banco azul? El Sr. MAURA: No es exacto i PRESIDENTE: En sentido personal no se han empleado nunca esas palabras. El Sr. SORIANO: Cuando yo busco á las personas no las busco aquí. (Rumores en la mayoría) Aquí hablo al político y al ministro. Lo demás lo sabe S. S. también. El PRESIDENTE: Retiraré esas palabras del Diario de Sesiones. El Sr. SORIANO: Me es lo mismo; en mi corazón y en mi ánimo durarán mueho más. (El presidente agita fuertemente la campanilla, y el Sr. Soriano increpa al Sr. Aparicio. No se lo van á agradecer á S. S. porque no lo van á hacer ministro. Respondiendo- -añade- -con mi nombre y con muchas firmas, estoy dispuesto á acusar al ministro de la Gobernación de cuantas inmoralidades haya que probar. ¿Queréis constituir en tribunal parlamentario á la Cámara? Yo sostengo la acusación, y la sostengo en nombre de los electores del ministro de la Gobernación, en nombre de los perjudicados de Murcia, en nombre de la huerta murciana, en nombre de los que ayer eran ricos y hoy son pobres por culpa de menesteres en los cuales puede estar entrometido el ministro de la Gobernación. Más claro, agua. (Rumores, cam panillazos y nuevo escándalo. El Sr. Aparicio llama al orden al Sr. Soriano. Voces de ¡fuera! El Sr. Soriano: ¡Lo que queráis! El presidente de la CÁMARA: Llamo ai orden á S. S. por segunda vez. El Sr. SORIANO: Quiero hacer constar que no trataba de molestar el espíritu de nadie, sino que quería acusar á una persona franca y noblemente. Esa acusación 1? mantengo. Recogedla si queréis. (Se reproduce el escándalo. El Sr. SORIANO: No decís eso en Jlos pasillos. (La normalidad tarda en restablecerse. La presidencia concede la palabra al ministro de la Gobernación. El Sr. LA CIERVA: Lo que ha dicho el Sr. Soriano de mí es muy poco para lo que tiene que decir, porque yo necesito á diario, como certificado de mi honorabilidad, que el Sr. Soriano me combata. Poco me pueden doler las censuras del Sr. Soriano, por lo mismo que, siendo suyas, todos saben lo que representan. ¿Cómo me va á molestar á mí que me pretenda agraviar quien dirigió aquel famoso telegrama al presidente del Consejo de Italia? (Grandes aplausos en la mayoría. S. S. no me ofende, pues no puede atacar á ninguna persona decente. (Salva estrepitosa de aplausos de la mayoría. El ministro de la Gobernación hace recalcar bien el concepto de que el Sr. Soriano no ha dejado de atacar á ninguna persona decente. EISr. SORIANO: Pues yo he atacado á S S. MI MINISTRO: Perfectamente. Siga dándome certificados. itl Sr. SORIANO: Sus palabras, y cualquiera que sea la intención de S. S. á so señoría se las devuelvo con creces. (La mayoría le interrumpe. ¿Es que vais á aplau- IMPRESIONES PARLAMENTARIAS Dos p a l a b r a s nada más sobre el escandalo de ayer en la Cámara. No son de mi predilección estos espectáculos. El que ayer originó el Sr. Soriano fue formidable; pocos hemos presenciado tan clamorosos. Una voz unánime, de mayoría y minorías, protestaba de lo ocurrido. Todos los diputados estaban en pie; muchos descendieron al hemiciclo y rodearon al diputado republicano. El lector podrá ver en otra parte los detalles del alboroto; repito que yo no me complazco en divulgar lo que enérgicamente deploro. El Sr. Bugallal- -uno de los ex ministros conservadores más cultos, estudiosos y discretos- -se hizo intérprete felicísimo del sentir de la Cámara. No podemos estar todos los días expuestos- -dijo el Sr. Bugallal- -á que un diputado á quien inspire la musa de la insolencia venga á faltar al respeto á ¡la Cámara Lo que no toleramos en nuestra casa, en la calle, en ninguna parte- -aña día el orador- ¿cómo lo vamos á tolerar aquí? En cierta ocasión, siendo el marqués de la Vega de Armijo presidente de la Cámara, se le obligó á un diputado á retractarse ante el Congreso de una expresión ofensiva para un diputado. Hay un artículo en el reglamento de la Cámara que dispone qne el diputado ofensor dará satisfaccioces á la Cámara, y que si las explicaciones no satisfacen, la X. amara acordará respecto del diputado lo que tenga por conveniente. No faltan, pues, medios reglamentarios para imponer la corrección y la mesura. La Cámara- -pules á ella toca en primer término velar por su dignidad- -puede fácilmente ¿acerque sus miembros no traspasen los linderos de lo correcto. Y ahora es inútil decir que la acción fiscalizadora de un diputado puede muy bien 8 er ejercida dentro del reglamento. ¿Es que no ha habido nunca fiscales en el Parlamento español? ¿Se necesita acaso apelar á medios reprobables para ejercer una eficaz acción fiscalizadora? Cuando se tiene razón; cuando se está en posesión de la verdad, ¿no bastará la exposición escueta, exacta é implacable de los hechos? ¿No tiene la verdad una acción destructora, disolvente, que no tienen los gritos epilépticos y los desplantes? La tiene, en efecto. Aquí mismo he citado yo más de una vez el ejemplo del inolvidable Pi y Margall. Lo malo es que cuando no se tiene razón hay que apelar á los gritos y al escándalo. Se apela á ella para hacer efecto en el pueblo. Pero el pueblo ya va avivando el seso, y comienza á distinguir entre lo que es razón fría é irrefutable y lo que es pasión desordenada. NESCÁNDALO AZOR 1 N u