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DE TODO EL MUNPOR CABLE, POR TELÉGRAFO Y DE TODO EL MUNPOR CABLE, POR TELÉGRAFO Y HOLANDA. VISTA PANORÁMICA DE LA PLAYA DE SCHEVEN 1 NGEN PLAYAS ELEGANTES n tranvía eléetrico que parte de L, a Haya os conduce en quince rnintos á Scheveningen, que viene á ser la equivalencia de Biarritz para los holandeses. Es indispensable, sin embargo, una aclaración. Biarritz, y en general todas las, playas francesas, cuentan con dos elementos de ameni dad que una mansa relajación de las costumbres ha llegado á reconocer casi lícitas: el mujerío galante y el juego, Bn Scheveningen la esperanza de esos recreos sería ociosa. Por honestidad, por hipocresía, por la resistencia que oponen las leyes á ciertos usos, por lo que sea, ello es que en aquella playa holandesa se está expuesto, á menos de ser casto y comedido en las expansiones del amor, á pasar muy malos ratos. Los manirrotos, incontinentes y desordenados tendrán que emigrar á Ostende, Biarritz, Trouville, Eoyen y otras playas, que por lo regocijadas y licenciosas merecen qne se las considere como aledaños ó suburbios de París. Fuera de las épocas anormales, hay que resignarse á esa privación del Scheveningen. L, a afluencia cosmopolita motivada por el Congreso internacional de la paz dio una transitoria libertad á las costumbres veraniegas del año pasado, y una parte no muy considerable de la cocotería flotante de París y Berlín se estacionó en la ¡playa holandesa, para hacer menos espinosa á los diplomáticos su misión pacificadora. Disipada aquella nube de optimismo internacional, el mujerío se dispersó también, restituyéndose SCHEVENINGEN I ir á sus lares. L, os unos y las otras, diplomátisos y damas, saldrían de allí persuadidos de cuan difícil es desarmar á los pueblos. Después acá, Scheveningen ha vuelto á la normalidad, esto es, á ser ana playa en la que el regocijo ingenuo y la elegancia severa se tienden una mano conciliadora. El tranvía arranca da la playa Plein 1813, toma por una calle alineada de hoteles que recuerda un poco la Avenida de los Campos SCHEVENINGEN. MALECÓN DE HIERRO Y TEATRO Elíseos y se interna en el bosque de Haagsche, inmensa umbría que la previsión municipal repuebla todos los años. Variedades de árboles de todas las castas y climas, desde la sófora japonesa de pino boreal, chupan la savia del suelo en apacible confraternidad y extienden su clemente ramazón por los aires, lormando arcadas de follaje. De trecho en trecho la nota blanca de tía hotelito asoma entre los claros de la verdura, y alguna vez también nuestros ojos se turban por el vivo espejeo de un lago ó de la vena de agua canalizada que atraviesa lo más denso del bosque. Al pasar frente á una casita de sobria arquitectura, sumergida entre plátanos silvestres y lentiscos, alguien dijo á mi lado: Ahí murió Kruger. Y mi pensamiento evocó la imagen del anciano patriota boer, su rostro ceñudo y dolorido de gigante humillado, aquella mirada varonil y afable de hombre seguro de sí mismo y de su conciencia y aquella luchana característica de corsario- holandés que pregonaba su pasado aventurero. Allí en aquella casita cercada de árboles íué á esconder su melancolía y sus desencantos aquel varón admirable que á tan duras pruebas supo someter al orgullo inglés. Hice un gesto de respeto al pasar frente á la poética morada, y poco después- me apeaba frente al Kurhaus de Scheveningen, edificio monumental, sin la menor gracia arquitectónica y en torno del cual se agrupan hoteles y viviendas veraniegas de diversa traza, aunque todos severos y adustos por fuera. No esperéisque os asalten orquestas ambulantes, como en Ostende, ni que pasen á vuestro lado esas encantadoras hijas de Eya á quienes su mismo alegre extravío hace más interesantes. En Scheveningen el protestantismo aventa esas notas de regocijo, que allí no podrían ser más que pasajeras. Es una playa para las familias, sobre todo para los niños; una playa honesta, sin cafésconciertos ni garitos. Él teatro, emplazad al extremo del malecón de hierro q e invade osadamente el mar, está casi siempra