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DE TODO EL MUNDO, POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y TELÉFONO DE TODO EL MUNDO, POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y TELEFONO 4 ift BRIGHTON. VISTA GEN 6 RAL DE LA PLAYA risueñas praderas de Zooting Bec Common felpudas y alegres, como zonas de poético nos transmiten esa impresión de sosiego in- recreo, y de cuando en cuando un campo de terior que difunde la llanura. La luz del sol tennis, con sus redes características, rompe no tiene aquí la violencia deslumbradora la monotonía de la vegetación, Al otro lado, p a r a ir del West End á Brighton sin rnal- que en España. Desciende como reprimida, el paisaje es más uniforme y las edificacio v gastar tiempo es indispensable resig- tímidamente y presta al paisaje cierta poé- nes menos frecuentes. El terreno ondula un uarse á hacer una sumersión en el ferroca- tica austeridad. que unos ojos meridionales poco, y así cada colina es como un punto de iril de tubo que os conduce desde el centro sorprenden con encanto. Me asomo á la ven- reposo para la mirada. Los árboles se agrupan en algunos sitios como si deliberaran de la inmensa urbe hasta Victoria- Station. sobre la necesidad de constituirse en bosEse viaje preliminar nada tiene de ameno que; pero más adelante las vastas extensioni de agradable. El descenso suscita la prines adehesadas dan á entender que el hommera vez una sensación medrosa, á la qué bre ha estorbado aquel designio. no tarda uno en sobreponerse desde que El viaje, descontado el trecho que es me- sale del ascensor y entra en el coche. No nester hacer por el tubo, no puede ser más obstante la impermeabilidad de las parecómodo ni más agradable. Hora y media des por entre las cuales se enhila el ferrodespués de haber salido de Londres nos carril, un soplo húmedo, que parece la resapeamos en Brighton. Una de las puertas de piración de una caverna, os- envuelve de la esta ión da sobre la calle principal, pronto, y no podéis sustraeros á la acción Queen s Road, que noevoca ciertamente en de aquella atmósfera malsana hasta que el turista el recuerdo de las amplias y elesubís de nuevo á la luz del día. Los coches gantes vías de Ostende y Scheveniagen. Lo sorí holgados, cómodos y plenamente alumprimero que nos llega es el estrépito de una brados; pero el viajero no se siente á sus agitación comercial que nos sorprende. Esanchas hasta que el ascensor torna á restiperábamos hallarnos en una Biarritz ingletuirle al aire de la calle. Los londinenses, sa, con su apacible ociosidad de buen tono, que se soterran á diario, deben ser ya iny la resonancia del tráfago mercantil nos munes á la invasión de aquel aliento húmeEL ACUAR 1 UM DE BRIGHTON envuelve. Se advierte que ni aun en las plado que emana del tubo. Yo confieso que lo tanilla al tiempo que pasamos frente á Win- yas se resigna el inglés á holgar. Las calles, tolero muy á regañadientes- angostas y empinadas, están henchidas de De Victoria Station parte un tren para bledon. A un lado surge una linea üe quintas ais- casas de comercio y de talleres; pero como Brighton cada hora. Es una de las playas de moda en Inglaterra, si no tan ponderada ladas unas de otras por densos bórdales de el turista no ha venido aquí á hacer una esde los elegantes como Eastbourne, la prefe- apagado verdor, y á espaldas de las vivien- tadística, sino á divertirse honestamente- -das se destaca la masa del arbolado, las intentarlo de otro modo sería baldío, -rerida de la clase media, laboriosa y rica. Al través de las ventanillas del tren rnis hayas corpulentas, los alisos, engreídos con nuncia á estudiar el aspecto mercantil de 1? ojos se divierten con el panorama campesi- la blancura de su floración, y las higueras ciudad y se encamina á la playa. El caserío, de adusta y uniforme arquitecno. Transponemos el parque de Batterrea, y silvestres, de tronco enano y engarabitado. dejando a la derecha la ría de Windgor, las La tierra labrantía alterna con las praderas tura, se estiende á lo largo del muelle, sin PLAYAS ELEGANTES BRIGHTON