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DE TODO EL MUNDO, POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y TELEFONO DE TODO EL MUNDO, POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y TELEFONO i í i. s i ¿j i- f i SANTURCE. LA FIESTA D E LA VJRGEN DEL CARMEN LA PROCESIÓN MARÍTIMA DIRIGIÉNDOSE A LA BOCA DEL PUERTO EXTERIOR EN EL ABRA Fot. Santaló LOS DOS CANGREJOS B u una ensenada del mar Cantábrico se- Jt han reunido dos grandes y ancianos cangrejos. Como hace una mañana tan deliciosa, los dos viejos amigos han creído prudente salir á la superficie del mar y situarse sobre una roca, de modo que el sol matinal los caliente y acaricie. Uno de los dos cangrejos exclama: -Amigo mío, se me figura que cenemos alimento seguro y abundante para una porción de días; la galerna de ayer nos lo ha concedido. Por de pronto, hoy al amanecer he tropezado con el cadáver de un pescador, y no será uno solamente, sino varios, los que encontremos. Poco á poco la resaca nos los irá arrojando á la costa y comeremos hasta saciarnos. ¿Qué te parece, amigo? El segundo cangrejo contesta: -No me parece mal. Al fin y al cabo, nosotros necesita Jios vivir, y fuerza es que alguno nos pague el sustento. ¿Pero son tantos como aseguras los cadáveres? -Corren noticias de que pasan de treinta ¡Y todo en un instante... Fue ayer, mientras huroneábamos en la caleta de ahí al lado. Se levantó súbitamente una galerna, sin previo aviso, cuando todas las barcas estaban pescando; sopló el viento, se levan taron unas cuantas olas, naufragaron las barcas, y ahí tienes á esos pescadores buceando por el fondo del mar, mientras sus almas se anegan eu el infinito. ¡Triste cosa, amargo süceSo... ¿Cómo eres tan sentimental, amigo mío? Nunca acabas de quitarte ese baño de melancólica filosofía. Acostúmbrate á recibir los hechos tal como vienen, sin protestar, ni menos quejarte. ¿No ves los hombres? Aprende de ellos. Ayer se murieron un buen grupo de pescadore. v crees quelahutnani- dad se inquieta en lo más mínimo? Uor ráii unos cuantos parientes, y los demás seguirán comiendo y durmiendo como si nada de excepcional hubiera pasado. Esta cruel imposición del destino, que exige alas criaturas el olvido ó la indiferencia por el dolor ajeno; rige lo mismo en la tierra como en el mar; y si así no fuera, ¿qué ocurriría? El dolor sería más fuerte que la vida, y todas las criaturas nos moriríamos estúpidamente. ¡Los hombres... Si tú los conocieras como yo los conozco, otras serían tus ideas. ¿Me creerás si te cuento una cosa rarísima? Pues bien; me hallaba yo ayer tarde, á la caída del sol, paseándome sobre el borde de la playa, cuando próximos á mí encontré á un señor y á una señora, que estaban ocupados en recolectar caracoles, ó quién sabe si también cangrejos. I, a señora le decía al sefior: ¡Qué escándalo de gente, querido Juan! Son insaciables- las vendedoras. No se pue- de comprar pescado de tan caro cómo está. Y luego, ¿para qué? Para que se lo beban en aguardiente... Yo tenía ya noticias de la galerna y de los naufragios; así, pues, no pude menos que asombrarme de las palabras de aquella mujer, que tan caro consideraba el pescado y que se dolía de que bebieran aguardiente unos pescadores á quienes la muerte aguardaba en el mar. Los hombres, amigo mío, son muy incongruentes, y no vale la pena de tomarlos en serio. LA MADRASTRA INHUMANA ÚRSULA Todo se les vuelve hablar del albañil y de RECIO, MART 1 RIZADORA DE LA NIÑA su andamio, del andamio y de su albañil, AN 1 TA ALVARBZ