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FELICIDAD Y FORTUNA Ha; ana señorita con 10.000 duros en efectivo y varias finoas, otra con 14.000 en acciones del Banco y heredera forzosa de 30.000, y ana señora Viada con 26 ptas. diarias de renta y una magnifica posesión en Andalucía, que desean le gilmente easarse. Se procede con toda legalidad, verdad y reserva, con más de VEI 5 ÍT B a ñ o s de práctica, y con ten buen éxito ó mejor que en el extranjero. Dirigirse muyformalmenteai acreditado Felipe Jiménez (con sello para la contestación) calle de Calvo Asen MATRIMONIOS Siudicaío Español de l o a s del Rif SI Consejo de este Sindicato, en su junta celebrada, en el día de hoy, ha acordado abrir un concurso por espacio de 30 días, contables desde la fecha de la publicación de este anuncio, para adjudicar al mejor postor las obras de construcción de un ferrocarril minero, de unos treinta kilómetros de longitud, en el Nort de África. -El proyecto del ferrocarril y correspondiente pliego de condiciones pueden consaltarse en las oficinas de la Sociedad, Glorieta de Alonso Martínez, número 1, desde las tres hasta las seis de la tarde, todos los días laborables, por cuantos deseen hacer proposiciones. -Madrid, 16 de Jufio de 1908. -El S e c r e t a r i o Construcción, de un ferrocarril minero. SEÑORAS Si queréis vestir bien y barato, visitad talleres de Ntra. Sra. PRUÉBENSE LOS CHOCOLATES DE LOS del Carmen. No confundirse; Toledo, 5 3 al lado del rincón. io. núm. 8, Madrid. Exeolentes resultados. Toda se casan y se casarán Fca- bordados a, 5) 0, para muebles, felas. Stores. Visülos. Cojines. HONORIO RODRÍGUEZ Y C. a SR. PP. BENEDICTINOS ÚNICO DEPOSITO EN MADRID LHARDY, Carrera de San Jerónimo, 6 ÚNICOS DEPOSHAKIOS BN BUBNOS A 1 KSS finas de Siria al precio de las rdinarias. Grases. FUEJÍCARBAL, 8, y ATOCHA, 16. ESPONJAS Sres. GARCÍA HERMANOS Y CARBALLO Almacén d e EL 1 MPARC 1 AL, Victoria. l.OOl FOLLETÍN DEABC cisco Tobar, íuertadel Sol, 13, se celebrará el día 27 del corriente mes, á las doce, con sujeción al pliego de cotidicio nes que esta de manifiesto en la misma, como nn solo lote y por un tipo mínimo y líquido de 680,14 pesetas, la subasta para la venta de ana partici Tp oiónproindioisa de tres enteros, cuatro mil trescientas setenta y emco diezmilésimas por ciento en cada uno de loa siguientes bienes: una casahotel en la calle Ferrer del Rio, 3, de esta corte; un solar en la calle de Granada de la misma; ia mitad de otro solar en la calle de Cartagena de- e ta corte; an solar en la calle transversal llamada de D. Pablo Vidal en la Ciudad Lineal; -tos acciones de la Compañía Madrileña de Urbanización, veinte acciones de la Sociedad minera La Antoñita, y dos aecione. 3 de la Sociedad minera Justa Madrileña. Lo que se hace público para que, concurra el que quiera tomar parte en la subasta. CASA SUBASTA brar, educarCATÓLICA ofrece sacerdotes para eeíeniños y viajar, En la Notaría de D. Fran- ayas, institutrices de inglés, alemán, francés, español, música, pintura moderna. Sras. para acompañar á paseos y viajes, modistas, peinadoras, doncella, cocinera, ama cría joven, casada. Todas de inmejorables referencias. Alcalá, 6, 1. izq. a ara dar cuenta asunto que les interesa, deseo saber domicilio herederos de D. Basilio Sebastián Castellanos, don Juan Bautista Inbarren, den Tobé Fernández Díaz y- don José Pujadas Gareía. Dirigse. Lta. Corrs. e. a 7. a clase 9 769 sueños aquéllos Paréeenme dicha viendo en últimos días me proporeio nabas tanta P ti cariño que es para mi la vida. nQué triste es en cjim bio no verte! Qué eternos son los días! Estoy desespe rado, no pienso más qué ei tí, y tú ¿te acuerdas de qúiet tanto te adora? ¿Xo podrí saberlo? Luis 12. LA SEÑORITA DE LOS CIEN MILLONES ¡Ahí ¿Es usted abogado? -Asi parece. -Y dice usted que ese señor... ¿Cóino- se llama? -Delrue. Es inútil que desconfíe usted; de mí; ya ve usted que no la pregunto nada. ...Ese Sr. Delrue querrá pagarme lo que me debe, ¿no es así? -Crao que me he explicado con bastante claridad. Pero terminemos de una vez. ha. hermana nos escucha y el vigilante no está lejos. Tome usted un billete de mil francos, y escóndalo, no sea gne se lo quiten. Mad. Victoria exclamó imprudentemente: ¡Mil francos! ¿Se burla usted de mí? Ya, para el caso, podía usted haberme ofrecido tres pesetas. ¡Yaya una generosidad la de Delrue! ¡Siempre tan tacaño! ¡Vamos! Porfinse acuerda usted de él... Acabaremos por entendernos... -Sí, recuerdo alguien de ese apellido que nos debe más de jHez mil francos; veinte mil con los intereses. ¿Me entiende usted? -Perfectamente. Es lo del negocio de Juana, la rabita bretona. Un negocio que acabó muy mal para usted. Pero, en fin, tenga usted paciencia; no hay mal que cíen años dure; aun saldrá usted de esta casa y podrá ser feliz. -No seré con los mil francos que usted me ofrece. Eso es una miseria, una limosna. -No los ofrezco yo, entendámonos, es Delrue, que ha pensado que traerle á usted aquí más dinero sería expuesto. -Diga usted mejor que tiene miedo de ser denunciado y que trata de saldar pagando- sólo la décima ó la vigésima parte de su deuda. -No puedo consentir que le acuse usted de ese modo, sin defenderle. No tiene usted, no puede usted citar un solo hecho que reprocharle. ¡Claro! Nos echará á nosotros la culpa de todo. Y, sin embargo, plan suyo fue el de hacer pasar a. Juana la rubita por lo que o era á los ojos de su principal. ¿He sido yo, ó ha sido él el que le engañó como á un chino? -No puede usted demostrar lo que dice. ¿No fue usted quien atrajo á la muchacha á su asa ofreciéndola trabajo? Alian pretendía sacar de mentiras verdad, y Mad. Victoria se dejó sorprender. -Porque así me lo mandó Delrue, que tenía sus planes bien meditados. Ahora habrán soltado el dinero el barón y el marqués, 6 los dos juntos, y cuando menos habrá recogido el documento Ia! so que tanto le preocupaba. -Nío existe tal falsificación. -Bueno, bueno, cumpla usted su misión. Yo sé lo que me digo, Delrue también. Puede usted preguntárselo. -Está viajando, muy lejos. ¿De modo que no quiere usíe ¿e billete? -No he dicho tal cosa- -repuso la presa, alargando la mano. Lo tomo á euenta, ó, mejer dicho, ni á cuenta siquiera, ¿Sabe us ted que nos hemos arrumado completamente por su culpa? -No es posible. Ya tendrán ustedes su eapitaliío bien escondido. Mad. Victoria no contestó. Aquel amigo de Delrue la exasperaba; pero no sospechaba ella que la tendiera un lazo. I a entrega de los mil francos la había tranquilizado. Alian, convencido de que no sacaría más partido de aquella mujer, íió por terminada la entrevista. ¿Quiere usted que le diga algcde su parte á Delrue? ¿A ese? ¡Nada! Que procure portarse bien con nosotros, porque hemos de volver á encontrarnos por el mundo. jEn buen negocio nos ha metido! Desde la cárcel d mujeres fue Alian á la de la Santé, para ver á Collin- Mégret. Como había examinado su expediente, no ignoraba que bajo este apellido se ocultaba un ex notario llamado I Ocquerel, que tenía muchos delitos sobre su conciencia. Comprendía el üo de Juana que á aquel zorro viejo sería más diffci engañarle para que hablara, porque tal vez tuviera interés en defender á Delrue para sacar más partido de él el día de mañanar- ¿Con quién tengo el gusto de hablar- j- preguntó el ex director del Cicerone elegante- -apenas se encontró en el locutorio? -Con el abogado Alian. -Ya tengo defensor. -Lo sé. No vengo á solicitar la defensa. Mi cualidad de abogado me ha servido sólo para poder llegar hasta usted, pues si h i de intervenir en el proceso será para defender á mi cliente el Sr. Delrue. ¡Ah! ¿Delrue es cliente de usted? -Cliente y amigo. -Le felicito á usted. Ha sido empleado mío. -Y algo más, con motivo de un negocio que salió mal. -No sé lo que qsdere usted decir. -Me explicaré más claramente: Delrue les debe á usted y á Mad. Victoria, modista, diez mil francos por la pensión de la señorita Juana Le Brenn y... por todo lo demás. ¿Va usted entendiendo? -Continúe usted. No afirmo nada. -Yo sí. Afirmo que el Sr. Delrue está dispuesto í os erar toen lo que les debe á ustedes, á saldar su cuenta. -Eso es ser un hombre honrado. -Y además es conocer lo que vale el silencio- -El silencio se paga aparte; no conviene mezclar los asuntos ¿Dice usted que el Sr. Delrue me debe diez mil francos? ¿Los trae usted, aunque no sea éste el mejor sitio para entregármelos? Alian sacó su inagotable cartera. -Ya veo que trae usted más- -dijo Collin- Mégret, cuyos ojos brillaron de codicia. -No estará de más tal vez. ¡Se me debe tanto dinero! -Aüora soy yo el que no. ie comprende á usted. Coiiluu. aia